martes, 9 de marzo de 2010

Una cuestión de estilo II




Hoy les presento un poeta que escribe desde un pueblo de provincias, que me parece alguien muy importante por lo que expresa en poesía, y en narrativa; alguien que he vuelto a ver desde la lectura de sus textos poéticos y siempre me llena de emoción y de un gran aprecio y respeto como lector porque me inspira; (aunque para ser sincero o exacto) en algunas ocasiones, de la parte que va del filosofo al existencialista, me ocurre lo contrario, no siempre puedo repetir o terminar la lectura; y no es por cuestiones de que sus textos críticos, artículos y otros, no logren ser interesantes, o que haya mal valorado esta zona de su quehacer, pero sin que le falte profundidad en sus planteamientos, ni tampoco conocimiento del tema, me parece le falta fluidez en el uso de un lenguaje que de ser posible, podría concretarse sin el vicio a ser demasiado artificioso, o para decirlo desde “el marco de la provincia” menos recurrente a cada momento del diccionario, o menos trabajoso como avanzar en su lectura; pienso y luego existo para afirmarlo, sería conveniente para él, como un paso de transgredir la comunicación con su mundo inmediato al exterior de esas fronteras literarias, donde, ( a lo mejor me equivoco) el lector anda más de prisa y abarca desde un medio (como la Internet, por ejemplo), muchas lecturas, ventanas abiertas al conocimiento, pero con ardid de ser amenos, una cuestión de estilo, si pudiéramos definirlo. Y por qué no, como lógica de que toda idea que trasmite una comunicación social, necesita (desconchinflarse, no encerrarla en el tropo por su definición). La palabra necesita fluir sin perderse el hilo coherente que nos guíe, incluso, cómo léxico(1) y música a los oídos, y al sentido; se hace imposible entonces, cuando tantos laberintos de significantes nos agraden y necesitamos una cuerda (y al menos la luz de una vela), para llegar al final, como los personajes de Samuel Clemens (Mark Twain) Tom Sawyer y Becky Thatcher perdidos en la cueva.

Estos poemas escogidos del libro Los apagados muchachos del verano, son desde mi rasero, eventualmente, su mejor carta de presentación: la de un poeta con grandes dimensiones, aún desconocido por muchos que viven lejos de su pueblo, pero que están escritos con lo profundo de quien sabe llegarnos a ese lado claro donde no se alimenta otra cosa que la sana trascendencia, donde es imposible el rencor, donde se abre como flor de loto al mundo las huellas de su agonía y nos dice:


Acerca de un tipo ínclito y otros sucesos/

No tengo una abulia que me permitan, como a Van Gogh, interceder ante el mundo por un pedazo de oreja./ La oreja como un remo/ para ir en busca de todos los asideros posibles./ La oreja como imagen de un viaje colmado de advertencias,/ viejas advertencias que gastan la imagen./Estos girasoles (los de él) no son aquellos suspendidos en aceites,/ están ahí para indicarme cómo abandonar un país de sílice/ a través de mil ranuras, mil tribulaciones/ que no figuran en las calendas griegas,/ ni en las calendas cubanas, ni en Huxley,/ ni en Mesopotamia./ Estos girasoles son aquellos que nadie consideró luminosos,/ presuponen la estética de cualquier fatalidad/ mejor que un perfume de nueces;/ me hacen repetir:/
<<sufrí tanto que creo haberme ganado esta cúspide>>



Juan Carlos Recio
NY/ Marzo 9 del 2010

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(1) consúltese Clasificación morfosintáctica del léxico para un diccionario de uso de la lengua
Aleksandr Sadikov
Universidad Pedagógica Estatal de Moscú, en
http://hispanismo.cervantes.es/documentos/sadikov.pdf
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Según Teresa Melo los altoparlantes
Piden el hermoso sacrificio.
Yo introduzco algunas variaciones



La palabra sacrificio fue escrita en la arena,
lugar difícil, su objetivo es el tránsito,
la premonición del bañista,
hombre neutral que fijó la vista en el horizonte
por un tiempo indefinido.
La vista fija en un punto fijo
como Ulises en su momento.
Al escribir sacrificio en la arena
estamos retrasando la comprensión de sus imágenes.
Imágenes del sacrificio que alguien se empeña en separar
de los eternos sacrificados
mediante un hilo de madréporas,
mediante humo y telones de fondo
como en el teatro victoriano.

Al escribir sacrificio en la arena
se corre el riesgo de que la multitud
(ese muñeco rellenado con paja de maíz
y siempre listo para trepidar)
piense en una palabra bíblica
o en una profecía en latín,
nunca en una literal invitación al sacrificio,
gesto que implica el atolondramiento,
la docilidad de un buey.

Multitud e inercia son la misma cosa:
islas ínfimas agrupadas
en el límite de todos los mapas,
su misión no es adherirse a los grandes dilemas
sino permanecer en la superficie
como la pisada de un caballo,
solo que uno no percibe mucho tiempo después
cuando la palabra sacrificio y su descauce
se instalan definitivamente en nuestros cuerpos
cual un tatuaje de preso, o de marino.

Moisés llevó la palabra sacrificio al desierto
único lugar posible para tan abstracto vocablo;
de ahí que sacrificio sea hoy
una pasiva actitud de ameba,
un exagerado movimiento de ballet al final
de la tarde.
No se llega al sacrificio por ninguna ley física
conocida,
se llega por descuido y también por pereza
y a veces por puro deseo de coquetear
con el gendarme y su retórica insulsa.
Si uno tiene dos peniques no debe apostarlos
al animal que representa el sacrificio,
que se desdobla por él en cada función del circo.
Eternizados en la orilla del sacrificio
como un nadador penitente o incapaz
andan los eternos sacrificados.

Siempre al centro del borde más errático
de la palabra
o al centro de sus diez letras góticas,
escasamente útiles para un hombre victoriano.


Los versos de mi hermano





A Taty Ferrer.
Mi hermano, su gallo y el poema:
una soledad que duda de la simetría de la ley.
Una soledad como de nematocisto, casi estridente,
se pierde a veces cuando una tiza
delimita su mundo del nuestro.
Mariano pinta su gallo ámbar
y mi hermano lo saca de contexto pero a contraluz,
salvando el contenido, desdeñando la forma,
el arabesco dorado encima de las plumas.
La ley es itinerante y procede con mal gusto
de siempre
con su desamor a los mundos caóticos
donde mi hermano y su gallo levitan bajo la ceniza.
Hay, como es obvio, una canción de cuna detrás
de los establos


y un crisantemo del año anterior en el ojal
de mi madre,
o demás son las imágenes a ras del suelo,
imágenes superpuestas que nada dicen o esclarecen.
Parecía como si mi hermano y su gallo
vivieran en el mejor cuento de horror de Poe
o vivieran a gusto en esa estética ungida
en el desatino,


en la poca originalidad de la ley
que no pudo ver más lejos que Moisés.
Hay un cristal inmenso o una oquedad inmensa
que me separa de mi hermano y su gallo;
del otro lado el poema hace su curpus cristi en la llovizna.


Es una realidad de aguafuertes:
mi madre reza para que mi hermano y su gallo
no sean extrapolados al mundo de lenguaje y sordina
de la ley.
Mi madre reza.


Ascensión al Tíbet

El Tíbe no existe.
Apenas la palabra Tíbet se roza con otras más dóciles.
La cuerda que debía permitir el escalamiento
era frágil como palabra de muchacho
en días de solsticio.
Lo inventaron. Arañas destejen su altura,
su apretado círculo de providencias.
Inventaron el Tíbet, quién lo duda.
Primero el espejismo en los billetes de a uno,
luego el siamés indeciso a la hora de cortar su mitad
con un pronunciamiento de aguas.
Existe Buda.
Su rebaño de palabras es una circunstancia,
no un hecho concreto.
Él es, digamos, el pastor
y las palabras son, digamos, su colonia de ovejas
deslucidas.
Existen los tibetanos que cantan Yellow river
y fuman cigarrillos sin abolengo en los trenes
y olvidan.
Igual a los hombres que fuman cigarrillos
sin abolengo
en las películas y olvidan.
Quién los convence de echar a un lado
su pareja de remos ingrávidos
y su vieja mentalidad de barqueros fenicios.
Quién de volver a los sesenta, volver a los setenta
como por implosión o algo que al raspar una pared
sugiera levedad, o sugiera que el tránsito fue lento
como de salamandra a persona.
Se ascendería al Tíbet por una cuerda de ahorcado
familiar,
por un submomento de alpinista nacional,
si no fuera porque el Tíbet
es una dirección de correo en alisio, en el céfiro,
o en cualquier otro viento más o menos famoso,
si no fuera porque ascender es una forma verbal
no muy definida que digamos.
Se finge en el Tíbet, cómo no.
Cómo no decirlo: la flor del Tíbet no alcanzaba
ni a pedazos como la itinerante flor de nadie.
Y es difícil jurar lealtad a un asunto itinerante.
de ahí a la fatiga solo hay un respiro.
Pero el Tíbet no existe.
No para mí que he vivido a dos pasos
del infierno.
O a tres si contara mejor.
Nunca seré el buen tibetano,
ellos lo dicen y es como decir el premio
y el castigo.
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José Luís Santos Muñoz
(Santa Lugarda, 1968)


Poeta y narrador. Ha publicado los libros Escaleras al cielo, Ediciones Sed de Belleza, 2004, y Mónologo de Jean Basquiat, Ediciones Capiro, 2005. Ha obtenido mención y primera mención respectivamente en los concursos David y Eliseo Diego (2001) y los premios provinciales de cuento Enrique Labrador Ruiz (2004) y Onelio Jorge Cardoso (2000 y 2005); finalista en los premios La Gaceta de Cuba y Ser en el tiempo. Antologado en Tercer libro de Celestino, Ediciones Holguín, 2003
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7 comentarios:

Anónimo dijo...

Me sumo a Omar y a Sonia, segundas partes son mejores, muy bello poema en Cuba Inglesa, sigue plural por favor, el arte que trasciende es este, lo demás es chachullo, y barato, gracias

Anónimo dijo...

Exacto, para ser buen escritor no hayu que pedirle permiso a San pedro, ni atrincherarte en contra de todo lo que no se parezca a lo que piensas, hay muy buenos blog, leo mucho de política, pero ya va cansando tanta ofensa rídicula, sin argumento y en este blog, sin querer se dice a través del arte cosas más profundas, me impresiona su idea y me he sentido en el aire, es ameno, compartirlo.
gracias al sitio de la luz.
Orlando depestre, California

Anónimo dijo...

Sí pero siempre poesía

Anónimo dijo...

y aunque publique a mucha gente de diversas tendencias, nunca se sale del arte

Anónimo dijo...

Por qué será? No habrá materia gris para pensar anónimos de las 2.50 y piquito, no será que ya abundan los blog monotemas, con lo mismo y lo mismo y acá el arte se encarga de decirlo atemporalmente.

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Gracias a todos por opinar, hice este de literatura y trato de conseguir poetas de allá y de acá, por acá publican menos, pero hay muchos buenos y poco a poco los voy encontrando y los cuelgo, sin importar más que lo que consideré bueno. Eso sí, respeto a todos los blog, sin que me falte ningúno, cada cual tiene derecho a la diversidad, y a tomar la posición que desee, no hay que imponer nada, ni siquiera una opinión por muy equivocada que encontremos la del contrario, sólo que sin faltarnos el respeto, por lo menos en los blogs, donde lo más importante es el post escrito, el tema de ese día. Y mucho sentido del humor y ignorar la ignorancia, sin pretenciones de intelectual por sentido común, lo demás no es "La letra Escarlata", es "Nido de ratas"

Lazáro dijo...

Juan Carlos, buenos estos textos, no lo conocía, mira creo que trasciende la provincia, que se ve ha leído y me gusta el sentido de lo que dice y la forma.