miércoles, 20 de octubre de 2010

DESDE ABAJO

Porque siempre he sido de los de abajo:
los que están colgados en busca de si mísmos
polvo y huella que nadie ve y todos pisan
con esa indiferencia
de quienes visitan una ruina
que solo produce un estado de melancolía.
Como esas patrias cerradas en su llanto;
desde abajo siempre he visto
que cada palabra escrita abajo queda
así como los años se amontonan
con la expresión devastadora de su días
y el cúmulo de padecer lo innecesario.

Antes de partir ya era exilio
y ahora desde esta lejanía
desde abajo contemplo a los de abajo
vuelven y salen, todos se amontonan
y todos esperan una señal para ser vistos
como si cada uno llevara una isla
dispersa en los puntos invisibles
que ningún corazón soportaría.


Es abajo donde suelo vivir
en la angustia de ser mi propia fiesta
es acá donde las escaleras al cielo
son esos diamantes que Lucy
perdió con cada tempestad que se arrimaba a sus costas.

He sido como "la casada infiel"
el amante de todas las soledades
y sin frío en las venas
tiemblo a veces en el estupor
de no merecer otro polvo
que no sea la paciencia de tanto olvido;
(a mis amigos también les pasa),
si algún perdón hemos visto
se debe a esos recuerdos
donde sentados en una mesa de campo
la familia oraba su pedazo de ración
y luego se iba a merodear en los contornos
donde el desamparo se oculta
como los caballos hermosos en los establos de carrera.

Todo lo primitivo que soy
y la leña que rajé
para avivar el tiempo del fuego
no ha sido otro vacío más hondo
que padecer con humildad
esas hendijas por donde entró
algunas de las claridades que me dieron vida.
Han pasado los inviernos más crueles
y los veranos donde sambullir mi cabeza
y pasarán otros forasteros por el camino principal
quizás si alguno se pierde
encuentre al fondo dibujado
un claro del monte
el cuerpo que es mi casa
debajo de una sombra que solo produce oscuridad.
No ostento otro delirio
ni un imperio más hermoso
que pertenecerme a mi mísmo
como un héroe anónimo a sus batallas.
Juro que me he vestido de gala
y he brindado por todos los que se odian
y por aquellos que juegan a ser sus enemigos
y por los que desde el fondo del mar
regresan como los delfines
a sopesar la nobleza que aún hoy nos falta.

Si aprendieran a escuchar el silencio de los de abajo
y el peso que sostienen con la mudez de las horas que pasan
nada sería una lejana provincia
ni una finca que exibe un hierbazal enorme
que traga los horizontes posibles
y el mundo de las personas
que viven lejos
donde el mar no regresa por las noches
y la tierra es ocura
como la raíz de un almendro
que ha enfermado
porque los pájaros ya no anidan en sus ramas.

Hay que mirar abajo
y ver como viven sus lamentos
cuál música aunque apagada los convoca
a seguir detrás de las curvas
como Cristo en su cruz ante el misterio;
sin que el miedo haga rechazo
y al mirar en aquellas esquinas
por fin sus formas se aclaren
y donde dispersos como huellas sin polvo
algunos que nacen nunca son alumbrados.
Juan Carlos Recio
NY/ Octubre 20 del 2010

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Juanqui, tienes unas capacidades tremendas para el discurso. A veces pienso que desdibujas la imperceptible linea entre prosa y poesía, y de momentos el texto es como un ensayo lírico o un poema que nos muestra otro sentido de la narración; pero todo semejante a la buena literatura.
Un abrazo, Assef

mayrandn dijo...

Juan Carlos, tus versos siempre me despiertan emociones y ganas de decir...ese es el poder de convocación de la poesía. Una vez más gracias por compartirlos!!

Gumersindo dijo...

Juanca, tremendamente conmovedor, dolorosos y brillantes, esos versos nos vindican.
un abrazo

gumer

ad guerra dijo...

Juan Carlos, es este sin dudas un excelente poema, y no me detengo a elogiar las cosas que no agradarían ni al más aburridos de los hombres, no tomes estas palabras como un halago, sino como una palmada amiga en la espalda porque la buena literatura hay que darle su lugar y esta es buena poesía. De injustos halagos está llena la ciudad (llámese “la ciudad” a la ciudad grande que es la palabra) y llena de malos poetas y de falsos mimadores y mudos conspiradores que leen y prefieren olvidar. Escribe así y cierra los ojos hermano.
Un abrazo.
Adalberto Guerra

EL SITIO DE LA LUZ dijo...

Gracias a todos, Ad guerra, su sinceridad me ánima y lo tomo como lo ques, una persona que sabe mirar más allá del gusto. Es la extensión de lo que define el dominio de la palabra y decir las cosas que se viven como en esas postales que testimonian la vida. Gracias mil.
J C Recio.