miércoles, 10 de febrero de 2010

Porque la memoria folclórica no muera




De niño me enfermaba con frecuencia. Mi abuelo Sergio Recio le llamó una enfermedad de altura, porque yo me elevaba fuera del cuerpo hasta el techo de una cobija de guano en la casa de campo donde vivíamos. No dije nada por un tiempo, pero mi madre me veía muy nervioso, muchas veces tan flaco que podía esconderme detrás de mi sombra. Guillermo Ferrer era el curandero de la zona, un hombre bonachón, de tamaño muy grande que tenía un cuartico muy pequeño donde al parecer entraba el mundo, a juzgar por los muchos santos con los que contactaba, -él le dijo a mi madre: “es hijo de Santa Bárbara”, y puso su mano sobre mi cabeza. Casi todos los males los curé allí, hasta los 14 años que me fui a vivir al pueblo.

Pedro Osés

Mi abuelo, siempre me contaba historias muy reales de muertos y aparecidos, cuando él era un cortador de tabaco y en muchas ocasiones dormía en una casa de cura, sobre los cujes. Recuerdo, una de unos magos de un circo que la casa siempre parecía que se incendia a media noche y los únicos que veían las llamas eran los magos y él. Mi abuelo se quedó con ellos un tiempo tratando de buscar la solución. Hasta que una noche amarró una punta de un alambré de una de las esquinas de la casa y la otra punta la enterró en la tierra. Esa noche todas las llamas terminaron enterradas y los magos prometieron no hacer magia y cultir sus tierras.

Cuentos de guajiros para pasar la noche, es una solución necesaria para una drama que en este caso no debe acabarse. Darle contuinidad a la tradición oral de nuestros campesinos. Existió un prodigioso Samuel Feijóo y ahora anda vivo y coleando René Batista, el compilador que ha tenido la persistencia y el amor porque la memoria folclórica no muera. Hay muchísimas razones para promover la lectura y la reedición de este libro, yo sólo voy a aportar mi grano de verdad como lector. El pasado año en un viaje a Cuba, René Batista me regaló y firmó un ejemplar, y mientras lo leía en casa de mi padre, aún de visita, algunos vecinos se interesaron del libro, lo que ocurrió después fue maravilloso, todos me lo pedían al menos por una hora, escuché comparaciones con historias por ellos vividas, y vi a muchos niños que antes estaban entretenidos en sus juegos, prestar atención a lo que se leía. Pedí a René Batista otros pocos ejemplares y los cargué conmigo.

En la ciudad de los rascacielos, donde el pasto es de asfalto y las estrellas son luces de neón, Cuentos de guajiros para pasar la noche, me dio otra sorpresa. Una colega de trabajo, colombiana, observo la carátula del libro que leía en el cuarto de fumar, y preguntó por el, le dije que adentro habían güijes, diablos, madres de aguas, brujas, jinetes descabezados, casas embrujadas; y ella, entonces me lo pidió por un día, el resto fue un recorrido por nacionalidades tan diversas como la uruguaya, un árabe que trabaja en la cocina del hotel y habla un español muy primitivo, dos dominicanas dijeron que ellas eran creyentes y mi amiga Suyapa, la hondureña, rogó por el préstamo del libro como si se tratara de un asunto del espíritu santo. Esta zona de New York la conocía por multicultural y multilenguas pero no imaginé que personas tan diversas se encantaran por historias que siempre tienen un contacto con la realidad y sobre la fascinación con la que ellos de forma oral escucharon desde la infancia.

Las Historias más recurrentes que de ellos oí, motivadas por el libro siempre tenían que ver con aparecidos, como una premonición que aún hoy alumbra el interés por estas lecturas, que no son confluencias casuales entre seres pensantes, tienen que ver con sus vidas, o la de sus antepasados.
Aunque nunca subvaloré la literatura folclórica, en retrospectiva recuerdo que mi visión sobre ella no incluía el interés literario, era supuestamente una voz y un eco de la narración oral de mi abuelo haciendo repaso de todas sus visiones. Hoy se que el comienzo de esas anécdotas a tomado tierra firme dentro de mi y René Batista tiene la culpa, no solo por recopilar historias tan trascendentales como las que dan vida a Cuentos de guajiros para pasar la noche, creo como lector que es un reto lanzado con inteligencia donde esta tradición oral tiene un cuerpo bien definido y las armas para luchar dentro de un tiempo donde el interés por las narraciones de violencia verbal y los “personajes del realismo” se bañan en una moda, que no solo hace ruido, mucho ruido, sino que amenaza con imponer un recurso repetitivo que tiene menos de sustancia y más de caricatura.

Creo que Cuentos de guajiros demuestra que ese cuerpo definido dentro de la tradición oral no da cabida a la subvaloración, ni como genero literario, ni como parte de un conjunto que argumenta la necesidad de seguir rescatando las voces del universo atemporal que representa, universo que no es caricatura, porque tiene la vida de muchas personas, que respiran por ella, que no se inventaron un drama, que no son parte de un guión elaborado, es la consecuencia natural de repetir las historias escuchadas, mantenerlas y darles el sostén para que no mueran. No es posible que tan variopintas personas se equivoquen, seres delineados en la geografía hispanoamericana: son historias que no reposan muertas, que están vivas por intereses tan elogiosos como el del investigador René Batista, pero que tiene su razón final cuando llegan a acentuarse por las vivencias de lectores que tal vez ya no se conformen con el recuerdo de lo visto o contado, que ahora saben que la memoria oral que representan, libros como este, pueden tener tras la carátula, las páginas enumeradas y la tinta, una larga vida como la que siempre se le pedía al rey, desde una multitud que celebraba.

Juan Carlos Recio
Camajuaní/ NY/ 2009/2010.
____________________________________


Saber de güijes

La gente dice a veces: tal zona es zona de muchos güijes; pero el problema es que los güijes andan por dondequiera, hoy están aquí, mañana están allá, y así… Entonces la gente cree que hay muchos güijes, cuando a lo mejor hay uno solo. Los güijes no se dan así como quiera. A veces, si ellos no tienen un río, un arroyo o una laguna donde meterse, se meten dentro de un pozo; se han contado muchas cosas de los güijes que viven dentro de los pozos.

Estos güijes, por lo regular, roban, fastidian mucho, porque no tienen nada que comer, y como tienen miedo a salir, a que los vean, roban las cosas que hay en las casas cercanas. Los güijes que viven en los ríos, en los arroyos y en las lagunas, viven mejor, son más fuertes, tienen más cosas que comer, se dejan ver con facilidad, y a veces hasta llaman a la gente. Ellos hacen todo esto porque saben que, aunque los vean, no hay quien pueda cogerlos…


Renato Fernández, 78 años
Finca Aguas Negras



Güijes jinetes (1975). Detalle. Pedro Osés

Güije con cola de pescado y cabeza de negro

Yo vi un güije una vez, era un pescado con la cabeza de un negro y las pasas muy alborotadas. Lo vi arriba de una piedra cogiendo sol, y cuando me vio se tiró para el charco. Nadó un poco y después se zambulló, no lo vi más. Pero parece que hay muchos tipos de güijes en otras zonas, porque otras personas lo han visto dicen que tienen barbas, tarros, que fuman tabaco, dientes muy largos; otros dicen que son negritos y que no son malos, que lo que hacen es jugar y hacerle broma a la gente que lo ve.


Urtimio Rojas, 82 años
Finca La Revoltosa

Jigües que jugaban con los manatíes

Una tarde andaba yo por la orilla del río, como a las cinco y pico más o menos, y vi en el charco ese que queda cerca del cacahual de Felipe Cordero unos jigües que estaban por la orilla opuesta buscando frutas y raíces para comer. Entonces vi que ve venían por el río unos manatíes, y que los jigües se les montaban arriba, paseaban por el charco, se tiraban, se les montaban otra vez, y los manatíes no hacían nada para librarse de aquel juego. Sí, porque eso era un juego. ¿Qué otra cosa podía ser? Yo los vi muchas veces, pero nunca le dije nada a nadie por temor a que fueran a lastimarlos, era muy bonito ver a los jigües y los manatíes jugando en el charco.


Otilio Vara, 78 años
Jobabo




Madre de agua en busca del mar

Aquí en La Julia, en 1935, se hablaba mucho de una madre de agua. Antes ella vivía en un arroyo, pero se secó el arroyo, y luego vivía por ahí, por los lugares más húmedos. Una vez yo iba para la casa de mi mamá, eso queda ya en plena Julia. Había mucho polvo, y vi en el camino una marca como un gajo grande o un tronco de una palma que habían arrastrado por allí. Yo no le hice mucho caso a aquello, y seguí mi camino, y no me pasó por la mente lo de la madre de agua. En eso doblé para coger un potrero, y debajo de una mata de mango vi la madre de agua. Era grande y gorda, y tenía los tarros como de un buey.

Aquello metía grima. Yo salí corriendo y me puse a mirarla de lejos. Cogió potero adentro, iba rumbo a la costa, buscando el mar. Aquella madre de agua tenía como doscientos o trescientos años, calculo yo.


Mario Muñoz, 72 años
Finca Lobatón


Brujas y las cruces de ceniza

En una casa de tabaco embrujada que había en el Pesquero, se oían conversaciones. Cuando la gente entraba no se veía a nadie, y era que allí, y eso se supo después, la bruja madre iniciaba a las novicias. Entonces un hombre que estaba de paseo por la zona, de apellido Acosta, le dijo a los vecinos que hicieran cruces de cenizas en las esquinas de la casa. Lo hicieron, y las brujas no volvieron más.


Pedro Ramírez, 69 años
Finca Blanquizal

Pedro Osés

La bruja que desapareció con su sombra

Mi papá, cuando la Guerra del 95, tuvo que salir huyendo de los españoles, que querían deportarlo a Fernando Poo, en África, porque él colaboraba con los mambises. Papá se fue de aquí para un caserío que estaba cerca de Falcón, y allí una bruja se enamoró de él. Él dormía y la bruja venía por las noches, lo besaba y le cortaba un mechón de pelo. Papá fue a ver a un hombre que era brujo, y este le dijo: <<Si no matas a esa bruja, ella te mata>>; le dio un puñalito y le orientó que cuando fuera a dormir se pusiera frente a una vela para que la bruja al acercarse proyectara su sombra en la pared, y que cuando él viera la sombra le tirara el puñalito y la clavara, y que la bruja se moría. Papá lo hizo así, clavó la sombra de la bruja y esta desapareció; pero dejó en el barracón una peste a azufre muy grande.



Susana Díaz, 78 años
San Juan y Martínez

APARECIDOS

Pedro Osés


Decían que salía música

Por aquí muchos decían que les había salido una música, pero yo no lo creía. Ellos decían que la oían muy alto, que se podía bailar con ella y que los seguía durante un tiempo. Un día agarré para lo de Cayito González y sentí la música; me paré a oírla bien y era un son, se definían muy bien el tres, la guitarra, el güiro, la marimba. Era un son muy bien tocado, nunca lo había oído en mi vida. Traté de memorizar la música, comencé a tararearla, y cuando dejé de oírla no pude recordarla más. Eso me pasó a mí en 1929, y me sumé a aquellos que decían que les había salido una música.


Juan Fleites, 89 años
Palma Soriano

____________________________________________

René Batista Moreno (Camajuaní, 1941). Poeta, periodista, editor, promotor cultural e investigador de temas históricos y etnológicos. En 1971 obtuvo el Premio Julián del Casal de la UNEAC por su libro Componiendo un paisaje. Recibió en 1992 el Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara por el testimonio Camilo en el frente Norte. En su vasto quehacer se incluyen, entre otros libros, Principio y desarrollo del periodismo en Camajuaní (1967); Aquí está Felo García (1982); Concierto para cuatro gatos (1983); Camajuaní folklórico (1997); Yo he visto un cangrejo arando (2004); Chivos y Sapos (2006). Es miembro de la Unión de periodistas de Cuba, así como de la UNEAC.
________________________________

Un poco más sobre Jigües pulse aquí:
______________________

Sobre cuentos de guajiros para pasar la noche
pulse sobre las páginas para leer artículo de
Carmen Sotolongo, tomado de Umbrales.






__________________________

martes, 9 de febrero de 2010

Un nuevo título de Sed de Belleza.


Café Literario, Santa Clara, invitada Lina
de Feria, moderarador Arístides Vega, en
La Hora de la verdad.

La cubanidad mezclada y todo cuanto ha visto Lina de Feria en la poesía a su alrededor. Un nuevo título de Sed de Belleza

“Muerte de Narciso” (1937) de José Lezama Lima, es la inspiración del primer ensayo de los siete que se recogen en Sobre muerte de Narciso y otras impresiones, única propuesta del género que presenta el sello editorial Sed de Belleza, de la Asociación Hermanos Saíz, en Villa Clara, a esta nueva y esperada jornada de la fiesta 18 del libro cubano.
Para los que estábamos acostumbrados a leer y seguir la dispersa obra ensayística de la poetisa Lina de Feria, publicada en las numerosas revistas literarias del país, tenemos la suerte ahora, por primera vez, de contar con un libro en que ha unido una mínima parte de sus estudios literarios.

Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945) una de las voces líricas más importantes de la Isla, después de publicar una docena de libros de poesía tiene a bien entregar a esta joven editorial, mantenida y capitaneada por jóvenes de la AHS, su primer libro de ensayos.
Desde el estudio acertado y minucioso, con todo el rigor de quién conoce los instrumentos de la crítica, Lina nos va revelando diferentes acercamientos a poéticas muy diferentes unas de otras, para en primer lugar mostrarnos parte de ese amplio y diverso abanico de la lírica cubana.
Comenzando por el monumental Lezama con su poema “Muerte de Narciso”, visita la poética de Cintio Vitier, para en el siguiente trabajo atender Anima viva, ese poemario mayor que incluye textos de Fina García Marruz de 1955 a 1969, para seguidamente, en el próximo trabajo aparecido en este libro alcanzar a Dulce María Loynaz, desde una nueva perspectiva o manera de acercarnos a lo que ella considera los poemas del insomnio; los dedicados al joven faraón Tut-Ank-Amen.

Mucho se ha escrito sobre la poetisa y este poema en particular, pero Lina hace una relectura tan personalísima que nos devuelve apuntes, ideas, conclusiones, que bien vale la pena disfrutar.
Claves e invenciones en Roberto Branly, es el trabajo que a continuación aparece en este libro de ensayos, que presentará la editorial Sed de Belleza en la próxima Feria Internacional del Libro.

El poeta fallecido en 1980, amigo y vecino de Lina de Feria, provoca una reflexión que sin ser académica tiene mucho de la emoción del que está hablando de alguien cercano que, al decir de la autora, fue profundamente conocedor de los laberintos del hombre moderno.
En aventura de la poesía convierte Lina su acercamiento a dos libros de César López. Dos de sus últimos libros publicados por editoriales de provincia; Caserón, en Santiago de Cuba y Vigía en Matanzas: Manos de un caminante y Pasos, paseos y pasadizos, son el pretexto para adentrarse a la obra extensa de este poeta que en 1999 obtuvo el Premio Nacional de Literatura y demostrar su conocimiento amplio y profundo de esa obra.
Hernández Novás: descenderemos al abismo mudos, es el siguiente ensayo. Un conmovedor acercamiento a la obra de un poeta al que Lina de Feria considera una revelación deslumbradora en la cultura cubana de todos los tiempos.

Nancy Morejón, Aitana Alberti, Damaris Calderón, ocupan los tres próximos textos y con ellos el marcado interés de la autora por la escritura femenina. Su ubicación en el contexto cubano y universal es uno de los nortes comunes en estos tres trabajos que van desde una escritora aparecida en el paisaje literario cubano de los sesenta hasta otra que lo hizo en los ochenta.
Lina ha decidido para los finales de su libro tres estudios sobre la obra de los jóvenes poetas cubanos: Edel Morales (Cabaiguán, 1961), Rafael Díaz Pérez, René Coyra y la poetisa espirituana Liudmila Quincoces (SSpiritus, 1975)

Grupo de escritores de Villa Clara, Parque Leoncio Vidal.

Aquí desentraña las claves más usadas en estos poetas a los que considera entre lo mejor de la poesía actual, apreciación obvia y probable, por su ligazón con los más jóvenes escritores cubanos.
Para, definitivamente, concluir con Notas sobre el tomo Rebeldes, de la trilogía poética de las mujeres en Hispanoamérica. Último de los estudios aparecidos en este libro impecablemente editado por Sed de Belleza, bajo la sabiduría de dos jóvenes que ya han demostrado talento y conocimiento en el difícil oficio de la edición; Isaily Pérez y Yoansy García.
Estas palabras le sirvieron a su autora para presentar una antología de mujeres latinoamericanas pensada y publicada en México y a las que Lina le ve el doble mérito de no solo mostrar la imagen visionaria y unificadora de lo que se está produciendo en la región, sino además que introduce a neófitos y conocedores en los nuevos nombres que traen la marca de la novedad de los aires postmodernos a través de figuras más jóvenes.

Sobre muerte de Narciso y otras impresiones, una de las novedades con que Sed de Belleza se presentará ante los lectores en esta venidera Feria Internacional del Libro, de la reconocida poetisa Lina de Feria, será sin dudas una opción para quienes se interesan en la poesía y quieren adentrarse en sus códigos. Para quienes disfrutan de la lectura inteligente de aquellos que saben paralelamente juzgar y ubicar las poéticas.


Santa Clara, febrero, del 2010-01-31
Arístides Vega Chapú.
_________________________

Arístides Vega Chapú, Santa Clara, Cuba, 21 de diciembre de 1962. Poeta, narrador y promotor cultural. Es considerado un de las voces esenciales de la llamada Generación de los Ochenta, y, en consecuencia, sus obras han sido recogidas en importantes antologías publicadas en Cuba, España, Estados Unidos, Canadá y Venezuela.

Obra

Ha publicado los siguientes libros:

Poesía:

Últimas revelaciones en las postales del viajero, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1994.
Finales de los años,
Editora Abril, La Habana, 1994
La casa del Monte de los Olivos,
Editorial Unión, La Habana, 1996
Retorno de Selím,
Editorial Sed de Belleza, Cienfuegos, 1998
El riesgo de la sabiduría,
Editorial Capiro, Santa Clara, 2000
De lo que se supone,
Editorial Nave de Papel, México, 2001
El signo del azar,
Editorial Capiro, Santa Clara, 2002
Días a la deriva,
Reina del Mar Editores, Cienfuegos, 2003
Mensajes del pan,
Ediciones Orto, Granma, 2003
Sagradas pasiones,
Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2005
Dibujo de Salma,
Editorial Capiro, Santa Clara, 2006, y Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008
Que el gesto de mis manos no alcance, Antología personal,
Editorial Unión, La Habana, 2007
Después del puente, sobre las aguas,
Ediciones Matanzas, 2007

Narrativa

Soñar el mar, Novela para jóvenes, Editorial Capiro, Santa Clara, 2004
Te regalo el cielo, novela para jóvenes, Editorial Cauce, Pinar del Río, 2006
Un día más allá, Novela, Bluebird Editions, [Estados Unidos de América]], 2008

_____________________________________
Para leer más sobre Sed de Belleza Editores, aquí:

domingo, 7 de febrero de 2010

Poemas inéditos de Carlos Pintado


ELOGIO DEL INSOMNIO



Para Félix Lizárraga
 
Hay, en el sueño, un hondo espacio abierto.
Es inútil mirar: todo sueño es oscuro
como un pozo en la noche, el menos puro
pozo que es también sueño del desierto.
 
Pero algo en el sueño se agita como un monstruo,
despertando al durmiente en un segundo;
(Algo que no es acaso de este mundo
le revela al durmiente su rostro y el del monstruo
 
como si los dos fueran ese mismo
rostro que nos dibuja la muerte en el abismo
final de nuestros días). Luego viene el insomnio:
 
en la espesa tiniebla sus manos se adivinan,
y uno cuenta las horas a ver si ya terminan
ese duelo final de Dios con el Demonio.

  VIAJERO, YO.
 
El barco zarpa y soy aquel viajero
que de pronto me mira desde el barco.
Más que el viajero, soy su mano alzándose
en la luz de la tarde y contra el cielo.
 
Huésped de lo innombrable: su silencio
es una cuerda ardiendo entre mis manos.
El barco zarpa y soy el miedo entrando
como el agua violenta en el naufragio.
 
Qué posesión, qué rapto su delirio
hará crecer en mí flores de espanto.
 
El barco zarpa y soy aquel viajero
o su memoria entrando por los puertos.

OTHER WORLD, M.C ESCHER
 
Otro mundo me espera: soy la forma
que en el cuadro sin centro busca un ciego
orden de cosas, que es también trasiego
donde no hay ley, ni causa, ni hay la norma.
 
Otro mundo me espera: los flotantes
cuernos perduran, giran, se deshacen;
nunca sabré con qué metal se hacen
si mientras más cercanos, más distantes.
 
Otro mundo me espera: la ventana
en su mitad se alza, y mi prodigio
es quedar de este lado de las cosas.
 
Otro mundo me espera: la mañana
como un umbral de luz hará el litigio
de la noche que muere con las rosas.

D.
 

El ayer llega a mí desde un futuro
apenas memorable. Hacia atrás
va el río de la vida: la ceniza
de un fuego que persiste en la memoria
hará también del fuego tu ceniza.
 
Nunca sabré si somos bendecidos
por el tiempo que pasa como un muerto
entre tu sombra y yo. Los misteriosos
dones del ocio breves nos consumen.
Las estancias del miedo nos consumen.
La desnudez de un cuerpo o sus palabras
nos consumen. La luz o su reverso
nos consumen. Tu voz desciende a mí
como una piedra al fondo del abismo,
y ese sencillo acto también puede
salvarnos o perdernos para siempre.


M.
 
El alzaba la mano y yo quería ser la mano,
o el vacío que su mano dejaba.
Más allá estaba el mundo,
las islas de lo imposible.
 
El hablaba y yo era la palabra
que él iba a decir cuando sus labios callaban.



El paseaba desnudo por el cuarto
y yo era el hambre misma mirándolo con ojos de hambre,
con ojos de bestia endemoniada.
 
Rozábale la luz a ratos, tímidamente,
y yo era la luz
de un lámpara a punto de apagarse.



_________________________
Foto tomada de pérfil Facebook.
Carlos Pintado (Cuba, 1974). Poeta, narrador, ensayista y traductor de poesía inglesa. Ha publicado entre otros libros Habitación a oscuras (Vitruvio, Madrid, 2007). Recibió el Premio Internacional de Poesía Sant Jordi en 2006 por su libro Autorretrato en azul. La editorial Bluebird publicó su último libro Los Nombres de la noche; próximamente saldrá, en Buenos Aires, su libro El Azar y los tesoros. El South Beach Music Ensemble estrenó un quinteto de piano inspirado en poemas suyos bajo la dirección de la compositora norteamericana Pamela Marshall.
Poemas y cuentos han aparecido en varias antologías y revistas de Estados Unidos, Cuba, España, México, Perú, Alemania y Turquía. Textos suyos han sido traducidos al inglés, al alemán y al turco.
Es jefe de redacción de la revista literaria La Zorra y El Cuervo y Licenciado en Lengua y literatura Inglesa. Reside en Estados Unidos.

(Datos del autor, cortesía de Efory Atocha.)
__________________________________

Para leer más sobre el poeta pulse aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=T9voCIyC6AQ

http://www.decirdelagua.com/decirsc5/decirsc5_013.htm
____________________________

viernes, 5 de febrero de 2010

Recio Juan Carlos. Sobre libros inéditos





Por Edelmis Anoceto Vega

Conservo un libro de poemas, El buscaluz colgado, de Juan Carlos Recio Martínez, es más bien un cuaderno, ya enjuto y amarillo, sin página legal ni colofón, publicado por la Editorial Capiro supongo que en 1991. Lo leí por primera vez en el 96, por el atractivo marbete que lo avalaba como Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 1990. No recuerdo la impresión que me causó aquella primera lectura, pero sí los comentarios que aún le dedicaban los círculos literarios de entonces en favor del autor y su obra. Se hablaba de sensibilidad, magia, de un poeta intuitivo, de la imagen como tropo. Seguramente luego lo ojearía por azar cuando buscaba otra obra en mi colección de poesía. Finalmente lo he releído, con curiosidad y propósito, buscando en él lo mismo que hallé en otros tres volúmenes de poemas inéditos que el autor ahora me ha hecho llegar: sinceridad, entrega, desgarramiento, acaso cierta desidia, escepticismo, irreverencia.

Hombre sentado en el aire

A El buscaluz colgado haré referencia mínimamente, es conocido; Juan Carlos tiene otro poemario inédito que en cuanto al título se le emparenta de manera sutil: Sentado en el aire. Ya ambos rótulos sugieren un vínculo semántico: levedad, gravitación, aunque también quizás desarraigo, distanciamiento. En El buscaluz… parece que el poeta está por descubrirlo todo, como el infante que abre los ojos al mundo por primera vez. Los temas son más universales, reflejan una realidad imaginaria, exótica, que expone las cosas primarias del universo y los elementos naturales: el viento, los árboles, la noche, la luz… Dos cosas me parecen nuevas en Sentado en el aire. Lo primero es que la experiencia del poeta esta en el trasfondo de cada pieza. El poeta ha vivido y por lo tanto ahora ya no descubre, más bien siente estar de regreso y como tal sus palabras no son simple exposición de hechos, imágenes; ahora alerta, define, cuestiona con la convicción de quien conoce el peligro, sus peripecias, culpas, pero sobre todo de quien tiene ya suficientes argumentos para definirse.



La alusión a un pasado superado y la comparación del ser-ayer y el ser-hoy es explícita en un poema que por el título, “Las verdades”, nos sugiere a un poeta seguro de sí mismo, aunque no sabemos si conciente de que las verdades individuales son un producto de las experiencias individuales.

Cuando acariciaba las yeguas en la oscuridad de una laguna,
no podía creer que las mujeres necesitan
que uno termine haciendo de ellas su alter ego,
porque también a las mujeres y a las bestias
las templan como a un tallo y se las roban.
Cuando vuelva borracho de la ciudad
aunque haya olvidado mis maneras del campo,
y no me vea en la herradura visible de los antepasados,
y mi alma se bañe en el coro de esas bestias,
aun cuando pueda con la tranquilidad de un ciego
acariciar la tierra de la zanja;
cuando nada sea tan apacible como creerse ser el mismo,
volveré a las dolientes esquinas para ser perseguido
por las sombras y las dudas y las malas lenguas.


También la madurez le permite autodefinirse y al mismo tiempo ficcionalizar su yo en una enumeración de seres, e incluso objetos y lugares, que en su conjunto exponen la franqueza, la desnudez y el impudor de un sujeto lírico que ya no tiene nada que perder.

Yo soy la replica, el Jesucristo, la comarca,
yo soy la réplica, el multihéroe,
la vergüenza;
[...]
Yo soy el feo, el que más tiembla,
el que todas las noches alumbra a la virgen,
la victrola de un bar, el fecundado de las calles
y los huesos del niño que vio nacer a su padre.
Yo soy un tren, mi espíritu,
mi delirio de persecución —esta es mi ley, ya se los dije—;
yo soy el feo,
el pecador que ante ustedes y ante Dios ya se confiesa


(“Epílogo”)

El otro elemento novedoso es la incorporación al discurso de referencias a otras obras literarias, universales y cubanas. Así aparecen Los puentes, de Fayad Jamís, La educación sentimental, de Flaubert, Bola de cebo, de Maupasant; también a sitios y personas reales, amigos, conocidos, personajes bíblicos, escritores, frases de canciones e innumerables citas. A la fuerza emotiva que caracteriza la obra de Recio se une este arsenal de cultura, el cual es volcado sobre los textos sin pretensiones de erudición, contextualizándolos y otorgándoles riqueza intelectiva como un atractivo extra.

Yo soy el rey Juan Carlos

Las características expuestas anteriormente están presentes además en otros de sus libros inéditos. No obstante se debe señalar que en La pasión del ignorante la voz de los poemas alcanza aun mayor autoridad y fuerza sugestiva. Se sitúa a cierta distancia del mundo, como mirando desde arriba: ¡Criaturas terrenales!, les miento,/ se ve un molino que asciende/ el guardián asesinado, la estepa vacía./ Les miento con diez órdenes celestiales:/ primero, el destino, la soledad del músico..., o trasmite la sensación de lejanía: ...allá donde los pies pueden suspenderse/ pero no la cabeza lógica de las flores y la secuencia del vaso/ hundido en el fango de las imitaciones,/ allá, y solo en la distancia donde suelen zafarse/ esas costumbres de preguntar por los parientes muertos...
Y desde esta nueva perspectiva vuelve el poeta a la familia, a los recuerdos de la casa, a las cosas domésticas que solo regresan por nuestra lástima a manchar los manteles con humo (“Cuando las aguas dulces están secas”), con énfasis especial en los amigos, a muchos de los cuales dedica piezas enteras en el capítulo intermedio titulado “El libro de los nombres”.

En un proceso semejante se vuelve al hombre como blanco último de la poesía, y su contemplación engloba una anchura más amplia y profunda. De regreso de esa comunión de la conciencia poética y la artesanía que implica la creación, por un lado, con la experiencia y el conocimiento de causa, por el otro, el poeta entra en un diálogo diferente con el ser. Se emplaza en sus propios dominios de hombre, intenta apropiarse de la esencia sensual y la energía de la vida. De la rebeldía llega a la esperanza sin dejar de enfrentarse a la duda y a la desesperación, conservando siempre la fuerza de lo primitivo en su decir.

Por último se muestra como un iletrado a quien apasiona sin embargo la literatura. Esas lecturas de los clásicos que no hice a tiempo [...] los títulos que vi en el librero sin leerlos son los asuntos de los poemas que conforman el último capítulo “La pasión del ignorante” (Libro de las pasiones, me gustaría llamarlo). Aquí vuelve a la autodefinición, como una obsesiva manera de ser y mostrarse ante el mundo, del mismo modo que lo haría en:

Sentado en el aire.

Todo lo escrito parecía pertenecerle a otra vida


Me tomé el atrevimiento de sugerirle a Juan Carlos Recio que su libro Para matarlos a todos debía comenzar con el poema “Como pez en la orilla”. Lo hice pasando por alto que el concepto de un libro pertenece únicamente a su autor, aunque siempre nos sea dada esa prerrogativa de formarnos, como lectores individuales, de un concepto propio. Pero lo hice porque el inicio del poema es en verdad ideal para comenzar ese volumen en específico, para captar el espíritu de ese cuerpo que parece decirnos que hay aspectos existentes en la realidad cuyas cualidades son tales que bastaría que Recio los evocara para ser poéticos:

Todo lo escrito parecía pertenecerle a otra vida,
y lo que perdió desde el vasto silencio hasta la tinta
era más que su sangre, la obra por la que debieron conocerlo.



De los libros comentados, Para matarlos a todos (last but not least), me parece el de mayor logro. Con él llego a comprender cómo funciona la poesía y su escritura en el autor, y por lo tanto su manera de apreciarse a sí mismo en relación con el mundo, ya sea de disentimiento o armonía. Con él me doy cuenta de que la poesía de Juan Carlos Recio, por más intuitiva, no es únicamente un efluvio que mana de la realidad, donde se suponen que residan todas esas ideas poéticas universales que el poeta es dado en captar de manera prodigiosa con menor o mayor acierto, según su inspiración. Todo lo contrario, su poesía es puro lenguaje imaginativo, combinaciones verbales muy específicas e irrepetibles, puestas en función de un fin, de un sentido moral y estético. Es una parte de la realidad como cualquier otra (existe allí y se hace patente en el poema), desde la que se validan en nuestra experiencia común una suerte de sentidos que serían inexpresables a no ser por el lenguaje.

No puedo terminar sin dar a conocer in extenso (previa solicitud al autor) el poema “El jazz del carnaval”, de Para matarlos a todos, en el cual se superponen de manera magistral esos dos exquisitos mundos del poeta, el de la experiencia y el de la imaginación, para crear otro sublime, singular e irrepetible: el poema.

El jazz del carnaval

Miró mi pene hasta la base
como quien mira un jardín desde una casa vacía
y luego de olerlo alzó sus ojos,
y la fiebre le puso la cara de flor,
y su lengua, de pétalo muy húmeda.
Acariciaba toda la tierra del cantero
era como abonar la raíz de un rosal sin espinas.
Luego, muy lento tragaba el sumo del jazmín,
así como las manos penetran la tierra recién mojada.
Fueron veinte mil leguas y un jazz desesperado
detrás de una glorieta con hojas de azucenas
y un dibujo de cuerda de guitarra
que en esa inmensidad del delirio a mí me parecía su cuerpo,
y la saliva de sus labios como dos alas de mariposa.
Ella tocó con maestría una música muy acústica
y mi jazmín el cielo de su boca,
cada vez la perfección nos germinaba
y en la base la hierba humedecida nos hizo flotar.
Al final las cuerdas se rompieron y su voz quedó sin ecos,
sus ojos se apagaron como una rosa en una página oscura
y mi jazmín dejó de iluminar el polen de su cara,
hasta quedar apacible debajo de la hierba del cantero,
justo también cuando la orquesta dejaba de tocar
y los acordes de la música de jazz parecían quejidos
de la espina maltrecha de un rosal
o tal vez solo fue el sueño sublime de algún jardinero.

______________________________



Edelmis Anoceto Vega nació en Santa Clara (Cuba) el 23 de mayo de 1968. Es poeta, traductor literario y editor. Licenciado en Lengua y Literatura Inglesa por la Universidad de La Habana en 1994. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Su obra se caracteriza por la alternancia de las estrofas clásicas (soneto y décima) y el verso libre, con apropiaciones muy particulares de los temas clásicos latinos, usados como pretextos para abordar asuntos de actualidad de forma alegórica. En sus poemas también son frecuentes los cuestionamientos existenciales del hombre, así como la propia creación poética, la religión y la relación nostálgica del ser con el pasado.

Obra

Cantos del bajo delta (poesía) Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 1998
Mortgana (poesía), Editora Abril, La Habana, 2002, Premio Calendario, 2000.
Imago Mundi (poesía), Editorial Mecenas, Cienfuegos, 2002, Premio Girasol Sediento 2001.
La cólera de Aquiles, (décima), Editorial Capiro, Santa Clara, 2005
La cosecha y el incendio (poesía), Ediciones Orto, Granma, 2006, Premio Manuel Navarro Luna”, 2005.
Desertor del cielo (poesía), Ediciones Loynaz, Pinar del Río, Premio 2007, Premio Hermanos Loynaz 2006[2]
El sueño eterno décima, Ediciones Holguín, Holguín, 2008, Premio Ciudad de Holguín, 2007

Antologías

Los parques, poemas, Editorial Mecenas y Editorial Reina del mar, 2001.
Yo he visto un cangrejo arando, poema, Editorial Capiro, Santa Clara 2004.
Antología de la poesía cósmica cubana, poema, Editorial del Frente Hispanista, México, 2003.
Rapsodia para el Che, poema, Editorial Capiro, Santa Clara, 2005.
El poeta eres tú, poema, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2007

Traducciones

«Dos poetas norteamericanos», traducción y nota, suplemento cultural Huella del periódico Vanguardia,Santa Clara, 1998.
De todas las almas creadas, de Emily Dickinson, Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 1998.
«Nuevos poetas norteamericanos», poemas, Revista Umbral, Santa Clara, 2002.
A una alondra y otros poemas, de Percy B. Shelley, Editorial Sed de Belleza, Santa Clara, 2002.
—Poemas agrestes, de Robert Frost, selección de poemas y prólogo. Editorial Sed de Belleza, 2008.
_____________________

Para leer más sobre el autor pulse aquí:

http://www.sentadoenelaire.com/2009/11/desertor-del-cielo.html

http://laprimerapalabraque.blogspot.com/2009/11/materia-oscura-y-otros-poemas-edelmis.html

http://www.canasanta.com/poesi-a/edelmis-anoceto-00001.html

http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n71/articulo-2.html
______________________

lunes, 1 de febrero de 2010

TARDOS SOLES QUE MIRO.





Otro de sus libros

Ya había dicho antes, en este blog, (sobre la poética de Noel Castillo), lo difícil que resulta poder escribir sobre la poesía que nos gusta mucho, y cuando está demasiado cercana al lado limpio de nuestro corazón. Otro tanto me ocurre con la de Alpidio Alonso Grau, demasiado cercana también desde mis inicios. Por eso aprovecho la revista Umbrales, que dirige Pedro Llanes Delgado, al centro de Cuba, en el número 27 del 2007 y para ser exacto en la -página 29-, donde encuentro un texto muy completo de Noel Castillo sobre TARDES SOLES QUE MIRO, libro editado en el 2007 por la Casa Editora Abril, de este magnifico poeta y lo reproduzco a continuación:


PARADERO DE DALIA: de la tierra al sobresalto.

Por Noel Castillo.



Vuelve a enseñarle
el pecho a mi sombra
y no dejes que se agote en lo oscuro.
René Coyra.

Hace unos años, cuando yo –por afán lúdrico y actitud irreverente- elaboraba los escalafones de la poesía villaclareña, Alpidio Alonso, ingenuo y cándido, me agradeció sorprendido el que siempre, sin excepción, lo colocara entre los diez primeros escaños de aquel movedizo listado. Si yo tuviera la misma energía de aquellas tardes, si me apresara aún el deseo de epatar o molestar, de arremeter contra los encasillamientos cimentados por el poder literario y el egotismo, volvería a hacer lo mismo. Para demostrarlo y hacer converger esos dos terrenos aparentemente marcados por fronteras (subjetividad valorativa y objetividad estadística, estratificación, pirámide a veces inalcanzable), que en verdad se difuminan en los criterios valorativos de la comunidad interpretativa, mostraría todos y cada uno de los textos que conforman Tardes soles que miro.


Contrariamente a lo que algunos piensen, el alejamiento del autor de los círculos de figuración literaria durante los últimos años, le ha hecho bien a su poética. Incontaminado, sin los estallidos teatrales que exhibieron los líderes de su promoción literaria, sin intentar sentar cátedra, estilo o escuela, Alpidio Alonso demuestra en esta antología su fidelidad a sí mismo, a su estro lírico, a los motivantes de los cuales arranca su deslumbramiento iniciático. De la misma manera que Feijóo al cual alude en muchos de los textos, el autor no puede dejar de evitar el detectar constantemente claves comunicativas en el paisaje, en esos pequeños momentos que hoja a hoja, rama a rama vertebran el árbol de sus soledades.

Yo soy el árbol
que me levanto
desde la tierra
a mi sobresalto.

(Romancillo)

Leer sus más reconocidos textos, rumiados a lo largo de dos décadas, en forma de libro se me antoja otro viaje a la semilla. De tal modo el poema último, donde un hombre asaeteado por la nostalgia, desciende del tren en el apeadero de un pueblo ya para él fantasmagórico, no sabe a patético final sino a inicio de lo inanimado, entrada en el terreno atemporal del figurar poético, pago a la diferencia del ser sensible. Dicho espíritu recorre el cuaderno, así lo advierto: tres de los versos me otorgan la clave como lector:

Yo era una vez el mar y su balada.
Sí. Y el alba.
Hace tiempo.

(canción del mar)

Esto es: alta potencialidad del yo, raigalidad sin estridencias, nupcias nada místicas con la naturaleza, en el mejor sabor de los románticos del XIX. Inasibilidad del sujeto lírico, que se torna modoso en sus giros conversacionales, pero a la vez contundencia desde la modestia, juegos de planos temporales, escritura desde la atemporalidad poética.


Hace tiempo conozco al autor, no importa que se trastoque en el mar o la balada, que acepte o no las posturas a que lo someta la consecución de un texto (ardua tarea de estos días), su escritura me convence por encima de modismos o los patrones impuestos por premios y publicaciones. Ora en las formas clásicas, ora en verso blanco, ya en los poemas minimals, ya en los de aliento enfático hermoseados por el tono ético, incluso en los que pretenden descentrar la anécdota para tornarla motivante esencial y trascendente, Alpidio Alonso confirma la valía de sus cuotas líricas:

El viejito que vende
junto a la gran pared
los gallitos de alambre
y plumas de colores puede
-y esto es el colmo de la gloria-
depositar en nuestro corazón
las prendas de su ingenio
y hacernos creer, con todas las de la ley,
que en verdad asistimos
a la ceremonia de los soberanos.

(instantánea)

Ciertamente, como señala el editor en la nota de contraportada, el autor se debate entre un pasado inmenso y un presente diminuto. Pero recordemos que asistimos a un viaje otro hacia la raíz seminal. El autor transita pues desde la pequeñez de este tiempo, de esta abulia que embota los sentidos, hacia la inmensidad de un pasado que no es solo la tradición poética insular, sino también la amalgama de afectos de la infancia, las figuras imaginadas en el paisaje, la luminosidad que ciega el ojo siempre niño del autor:

Quien oye del pájaro el grito,
huye del árbol rojo.
Del árbol rojo
sube a la nada el pájaro
por una escalera de sangre.

(Libro del viento)

Queda al lector confirmar o no la valía de este viaje a la raíz del árbol, tornarse partícipe de tan sincero acto escritural, asombrarse por su diversidad de tonos y formas, para nada desestabilizadora del todo pretendido. El autor, conciente de la despersonalización a que nos somete el acto creativo, de las muchas pérdidas que provoca en el ser, de cierta forma agradecerá nuestra condición de escrutadores, nuestra mirada alerta:

Debo mis alegrías a ese reto.
Si lo encuentro, rendida mi tarea,
habrá empezado entonces el olvido.

______________________________



NO SON DE LA INTEMPERIE

No son de la intemperie estos lugares
cuya frialdad nos sobrecoge tanto
y nos zambulle el rostro en el espanto
de no reconocernos en los mares
turbios de eternidad; que en altos lares
va el hombre de su senda recorriendo
los días escogidos, ya venciendo,
ya por los días de su amor vencido,
roto de luz y asombro, inadvertido
el ser que sin remedio ha sido siendo.

Uno anda así de solo con mil puertas
por arenales de verdad y olvido,
bocacalles del hambre; ajeno al ruido
de tus pasos que avanzan por inciertas
escalas que vencer en las abiertas
intemperies; y no es ni la marisma,
ni el viento simulando que se abisma
en las márgenes sordas, sino el juego
de la nada y los sueños, el trasiego
del hombre y su ilusión: la vida misma.




INSTANTÁNEA

El viejito que vende
junto a la gran pared
los gallitos de alambre
y plumas de colores puede
-y esto es el colmo de la gloria-
depositar en nuestro corazón
las prendas de su ingenio
y hacernos creer, con todas las de la ley,
que de verdad asistimos
a la ceremonia de los soberanos.

Y sin que la sangre corra realmente,
ni la bulla ensordezca,
ni el canto del que triunfa nos despierte
él sabe, vean qué suerte,
con qué humildad
llenarnos de ira,
de altivez,
de soberbia las manos.




II


Yo soy el que en la tarde ve los trenes
pasar hacia algún sitio del misterio,
y dice adiós, atolondrado y serio,
desde su soledad en los andenes.

Uno que, dónde va o dónde viene
no sabe, solo allí en su mudo imperio,
y a perpetuar su propio cautiverio
de amor y ruinas, su dolor se aviene.

Reconozco en mi facha al extraviado,
al pequeño de rostro descuidado
que, en lo oscuro, de un puesto sale en pos.
De los trenes que van hacia el ocaso
soy el mismo viajero a quien, acaso
sorprendido, una tarde, digo adiós.



IX

Yo soy el buscaluz, el buendemonio,
el malparido de las soledades,
el rey Juan Carlos de mis potestades
cuando a oscuras me nombro y ceremonio.

Yo soy el buscaluz, y no me pongan
en lo oscuro a morir como un traidor:
soy toda la penumbra que me impongan;
resulta mi dolor de tu dolor.

Yo soy el buscaluz, y esa es mi brega.
Soy todas las miserias que proclamo.
Soy un hombre en la cruz, el que reniega
de todos y de todo, de sí mismo.
Cuando en la sombra estoy, por luces clamo;
cuando alcanzo la luz, soy el abismo.

X


La estrella es la estrella, pero el guijarro es mío.
Dulce María Loynaz

Menos mío el guijarro que la estrella
aunque humillarme pueda con su lumbre,
inasible en su trono de alta cumbre
que, siendo mía, es mía y es aquella.

Menos mío el guijarro cuando sella
mi ambición con su polvo en la costumbre.
Una pobre nostalgia el pobre herrumbre
que al alma no pregunta ni destella.

Tocado, desearlo sería en vano:
lo que al tacto una vez rindió su orilla
pronto estuvo a perderse por cercano.

Más que el polvo, la luz es de mi mano.
Ganada fue por mí la maravilla
de quien, por huella, nos dejó su arcano.

PROEMIO

Canta, verso, a la que un día,
estela en mi despertar,
ya no estuvo, y su no estar,
hizo tu melancolía;
y pueda tu melodía
-y digo mi mala fortuna-
arrullarla por la bruna
vastedad de mi quimera
donde, si está, no me espera;
donde, si es otra es ninguna.


INVIERNO Y CARTAS


Vienen noticias del atroz invierno.
Eliseo Diego

Este invierno y las preguntas
que no responde el vacío;
este invierno y todo el brío
de ir deshaciendo mis puntas;
este invierno en que me apuntas
directo a la soledad,
no se me quita la edad
de, a veces, morirme en serio
y darme a ese otro misterio
mayor de tu frialdad.

Este invierno en que me sales
como un muerto, va y te olvido,
va y te confundo el vestido,
va y te rompo en los cristales;
va y en el sueño te iguales
a una estrellita en la cumbre,
y en esa mala costumbre
de que me ilumines todo,
me oscurezca de otro modo
cuando tu estrella no alumbre.

Este invierno la ciudad
como ahorcada en la ventana
tiene otro rostro. Lejana
o dueña de la tempestad,
nos cuesta una soledad
que da miedo tu extravío.
Y temo que –al desafío
de que no has venido a vernos-
sin hallar donde escondernos
no haya quien soporte el frío.

Entristecen las noticias
que de ti trae el invierno
como a lo lejos el cuerno
y su música. Caricias
que en nada son delicias
que estábamos esperando.
Cartas nos siguen llegando
de un noviembre que perdura
que hasta su nombre augura
la estación por donde ando.

Este invierno donde faltas
o donde has aparecido
-y donde no sé si te olvido
o alguna estación más alta
es el frío del que saltas
para llegarme hasta el fondo-
voy a ponerte bien hondo,
profunda en mi soledad,
porque con tanta frialdad
no respondo, no respondo.

CANCIÓN DEL MAR


Yo era una vez el mar y su balada.
Fueron en mí
su triste monumento
incendiado de algas y rescoldos;
merecido mis ojos al sediento
que hay en su cólera,
y la reunida
sal que inunda de náufragos mis gestos.

Yo era el mar,
y los barcos, y la línea
del horizonte;
atalayas y vientos,
pobres casas en la humanada orilla
eran míos,
y míos también los muertos.

Yo era una vez el mar y su balada.
Sí. Y el alba.
Hace tiempo.


VENEGAS

Un día habrá
en que baje del tren,
y no haya nadie esperándome.

La calle vacía hasta la estación,
las casas a ambos lados,
sin nadie parado en el poste de luz
donde, aunque no se vea –lo sé-
siempre está esperando mi madre.

Ningún niño
corriendo a saludarme,
gritando mi nombre,
mientras a mi espalda
el ruido del tren
se va
alejando.

Ese día habré empezado a envejecer.
Ese día
Que, entre mis cosas siempre,
Pareceré un extraño.
______________________

Poemas tomados de la antología de su obra, Tardos soles que miro.

Ilustraciones de Alberto Lescay.

Noel Castillo, (Perea,1968): Licenciado en letras por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas. Poeta, narrador y, crítico. La Editorial Sed de Belleza publicó en 2006 su poemario Skating.
______________________



Alpidio Alonso Grau
(Dalia, Venegas, Santi Spíritus, 1963).
Ingeniero eléctrico. Poeta, editor y crítico. Es miembro de la UNEAC. Ha publicado los poemarios: La casa es como un árbol (1995), Alucinaciones en el jardín de Ana (1995), El árbol en los ojos (1998) y Ciudades del viento (2000). Poemas suyos se incluyen en diversas antologías de poesía cubana. Ha colaborado en prestigiosas publicaciones de Cuba, España, México y Honduras. Ha dirigido proyectos de promoción cultural como la editorial Sed de Belleza y a revista Dédalo, además de fundar hojas literarias y espacios radiales dedicados a la literatura.
___________________________

Para leer más sobre el poeta aquí: