martes, 1 de noviembre de 2011

Mangos que no son guayabas



En octubre es muy raro que nieve, y menos en abundancia. Esa frase de romper el hielo, de alguna manera no me llegaba, al menos como pretexto. Esta nevada otoñal lo logró. Es uno de esos estados de ánimo, donde uno necesita reconocer algo de lo que si lo miramos desde la nueva cultura felizmente adquirida con beneplácito y naturalidad, es casi igual a darse el empujón emocional. Hoy me siento después de una caminata bajo la nieve como un guajiro espacial que ha recorrido esos potreros llenos de escarcha y con caminos entre los arboles rescatados a la tormenta, con sal incluida, pero con sabia también.  Y esto es lo que pensaba y cuento de ese viaje reciente para no perder la magia de ese aire de altura del que puede sin temor deslumbrarse por algunos sucesos que definen tal vez, mejor,  nuestra condición  humana.
De mis frutas preferidas, el mango, pero muchas veces a falta de un buen mango, guayaba. En 12 años de exilio uno aprende contra el desarraigo, los olores, colores y aunque mantenga el contacto con amigos y familia, por alguna razón no es lo mismo de la cosecha del patio que nos ha visto nacer, a lo sumo caprichos. Este septiembre del 2011, después de dos largos años de espera, me avisa el editor del libro Sentado en el aire, Edelmis Anoceto y el director de la editora Capiro de Santa Clara, Irán Cabrera que el libro está listo para su lanzamiento.



Lo primero fue llegarme a casa de María López, la viuda de René Batista Moreno  el culpable y cómplice de que el libro llegara a manos de Capiro y sus evaluadores. En el 2008, después de largos años sin visitar Cuba, hice una visita familiar y ni siquiera me llegué por Santa Clara, los únicos escritores que me vieron en esa ocasión fueron, Eduardo Bonachea,  Yoel Sequeda, Joaquín Cabezas, y René Batista. Este último me explicaba sobre la posibilidad de entregar un libro y de el por qué no debía tener prejuicio al respecto. Para ser preciso, tenía pena hacerlo, incluso si hasta ese momento, nadie me había ofrecido tal posibilidad. Dos años después, en otro viaje familiar René me preguntaba por la copia del libro y me dijo: “siéntate  en mi computadora y escríbele a tu hija y por favor que te envíe por correo electrónico una copia” Unas horas después ya René tenía el libro y le hizo las primeras observaciones, entre ellas, me recordaba como  la lejanía me acercaba a los míos, los amigos, la tierra y todas las circunstancias posibles y me citaba: “Me fui sin dejar nada, sin estar vaciándome de alguna miseria, y me llevé todas las memorias en un saco de harina y por las noches las veo, y me las guardo en el corazón, para que nadie diga que estuve ausente y que regreso en una lengua absurda, a mirar, donde las voces callan”. De modo que antes que se involucrara, las evaluaciones, -que finalmente fueron tres positivas sin rechazo-,  el Editor Edelmis Anoceto, y la correctora Rebeca Murga Vicens, mucho antes, el amigo que desde siempre estuvo desde la amistad y la poesía pudo hacerme entender que no existen prejuicios que justifiquen al menos volver a probar qué pasa con los posibles lectores después de veinte años sin publicar en mi país, y de alguna manera estos fueron sus argumentos. El libro no tuvo a pesar de las tres evaluaciones positivas una aceptación unánime ni mucho, y más tarde debido a la demora según un plan de publicaciones, otros escritores entre ellos Arístides Vega, se involucraron y de alguna forma cada opinión sobre el por qué ver finalmente el libro publicado era importante, se hizo realidad.


Mi primera presentación fue en la librería Pepe Medina del parque Leoncio Vidal, en Santa Clara. Mi padre y parte de mi familia me acompañaron, y estuvo lleno total, amigos de muchos años, y  poetas jóvenes que no conocía. Por primera vez pude agradecerle a mi padre en público,  el darme entre sus valores humanos, uno principal para estar allí, el concepto de la fidelidad a los amigos, como René Batista, que desprejuició siempre la idea de que publicara, llevado al concepto literatura cubana, sin otros matices. Pude agradecerle a mi padre porque además de ser un hijo de campesino, él, siempre me dijo que ser amigo de mis amigos sin importar del lado de la cama que durmieran, pensaran como pensaran y vivieran donde vivieran, algo que con los años he moldeado a ser amigo de mis amigos y de algunos enemigos de mis amigos. En esa presentación donde leí textos  de Sentado en el aire, luego firmé unos casi 40 libros y finalmente, los del grupo tv Guamo de Santa Clara, me entrevistaron sobre este libro y mi blog, otro momento que pude disfrutar, porque conversaba de la importancia de un blog sin ataduras ideológicas que se salpicaba de las aguas de las dos orillas y del interés de publicar a cubanos de dentro y fuera, por la calidad de su obra y nunca por una elección atrincherada sobre su forma de pensar u otros cuestionamientos extraliterarios, y dije a modo de ejemplo de varios de los nombres a mi juicio importantes, publicados en este blog que viven allí y de otros muchos radicados fuera de Cuba.


Luego vino la lectura en La piedra Lunar, donde Rebeca y Lorenzo y un grupo bastante grande de talleristas literarios de varias generaciones se reunieron, en esta librería muy cerca del boulevard Santa Clareño y del parque de Las Arcadas. Me reencontré con Ricardo Riveron ese día, uno de los fundadores de Capiro, hubo lectura y recuerdos al club del poste, a William Calero, y a que El Buscaluz Colgado, mi primer libro, fue uno de las primeras publicaciones de dicha editora.

 Luego hubo presentaciones en Manicaragua, donde en la casa del escritor, pude conocer a Jorge Luis, un joven narrador que muchas veces me ha enviado correos sobre sucesos culturales y libros de aquella región, y el reencuentro con Mario Brito. Edelmis Anoceto, de nuevo, hacia la presentación. En Manicaragua conversamos de literatura, de escritores y amigos de dentro y fuera, recordamos al Gume, a Sonia Díaz Corrales, entre otros,  y Mario me hizo lectura del fragmento de una novela inédita. 




Finalmente tuve la presentación en Camajuani, y pude agradecerle a mi madre que estuvo entre los presentes, su concepto de perdonarse a uno mismo, de compartir y no perder la naturaleza de lo que uno es, dicho sin acento raro y sin mentir de quienes somos, y digamos que mi lectura, al igual que las demás presentaciones tuvo el agradecimiento a quien dedicara el libro René Batista, a mi hija, y entre otros textos pude leer uno que toca desde el intimismo el tema social: Fragmento de las tentaciones, que pongo al final de este post.
Santa Clara, por insistencia y calidez de mis amigos, me regaló en La piedra Lunar,  a las 3pm, junto al excelente poeta Yunier Riquenes, una lectura de ambos, en mi caso poemas del Libro La pasión del ignorante, por Ediciones Hoy no he visto el paraíso, con el trabajo de Edición de Margarita García Alonso, quien dirige este empeño de rescatar a libros y autores y que ya tiene un grupo importante de escritores cubanos sacados a la luz gracias a esto.






Lectura de nuevo junto a Riquenes del mismo libro y una conversación en La hora de La verdad donde el poeta estaba invitado, y  Aristides Vega, quien conduce la peña quiso que lo acompañara,  y para decirlo con la emoción de ese momento, linda tarde a lleno total, reencuentro con escritores y amigos de muchas generaciones, entre ellos con Berta Caluff, Carmen Sotolongo, Jorge Ángel Hernández, Noel Castillo, René Coyra, Isayli Pérez, Marvelis Marrero, Yamil Díaz Gómez, Norge Espinosa, Eduardo Bonachea,  y una lista bastante extensa de conocidos y jóvenes poetas.

De regreso hasta mi pueblo, por esa persistencia de reencontrar rostros nunca idos, y como recurrencia no por azar de nacer en un sitio, por mucho que vivo feliz en las torres de humo de esta ciudad, New York, donde me ordeño de campesino que aún tiene cuero y lana, y bebe su propia leche, de regreso conversaba con el chofer de un Chevrolet del 50, por el parecido con Daniel Alemán,  un poeta y amigo, -y el hombre después de confirmar su parentesco-, me hablaba de los versos que Daniel le leía, y como para aceptar el reto, de que hay cosas que se entienden desde el corazón , -como me explicaba el chofer-, le hice una breve lectura de algunos textos y con una sencillez casi sublime, el chofer me dijo, “le voy a contar a Daniel, y le voy a decir, estos, los entendí”, y nos reímos como adelanto de recordar a un poeta como Daniel, a quien admiro mucho y si no recuerdo mal, le hice llegar un ejemplar, para que de alguna manera, sentarse en el aire, nunca sea un olvido.


Juan Carlos Recio
                                         NY, Octubre  29 del 2011.
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EN UN TREN A CALIFORNIA.

A Carmen Sotolongo


Miro de lejos lo que puede mi claridad

y doy con mis ojos al resplandor,

otra dimensión de los patios traseros

y de mi cabeza, que nunca ha estado fuera

del país donde mis padres abonan su elegancia.

Todos estos años estuve dentro

aun cuando he visitado ciudades muy frías y torres muy altas.

Me fui sin dejar nada, sin estar vaciándome de alguna miseria,

y me llevé todas las memorias en un saco de harina

y por las noches las veo,

y me las guardo en el corazón ,

para que nadie diga que estuve ausente

y que regreso en una lengua absurda, a mirar

donde las voces callan.

Es muy fuerte instalarse lejos,

es muy común olvidar la gloria

y esa luz que choca en los rieles

atravesada para guiarnos los caminos.

Nunca he estado lejos,

aunque viva feliz en las torres de humo,

donde al igual que un tren

uno lleva dentro a las personas que necesita,

y mira con fraternidad desde su precio

a las almas austeras que pasan y se instalan.



EL PASADO

Dentro de una boca siempre hay quien espera

hecho fuego,

luego está con luz hasta que nos abandona.

Se guarda el pasado,

se oculta como un cofre con alhajas,

pero alguien o algo se encargan del descubrimiento.

Nunca guardes ni el rencor ni el pasado,

esos cofres no se pudren

y cuando salen flotando, aunque parezcan luz,

solo son rostros que se perderán como las ceremonias.


FRAGMENTOS DE LAS TENTACIONES.

          Todos los hombres tienen un laúd y unos sueños.
Pero, yo con la historia de mí País  a cuestas, tropiezo.
Sigo lleno de polvo,  desgreñado  por todos los caminos
                                                                                Abú Salma


En mi país siempre se tiene un hijo preso

que no sabe vivir donde lo instalaron.

Alquilamos a la familia como a una guerra

y a todos los sueños por vender

las casas que jamás crecieron.

Los sueños son una pedrada y pueden dividirnos

los deseos locos de viajar a la semilla.

Imaginamos que somos un país,

un lucero en el polvo de una sola cabeza.

Y el cristianismo es para la intimidad,

el ver pasar la bandada temerosa de los animales que al atardecer

dialogan con los veteranos de la ciénaga;

así de quietos pasan los días

y las tentaciones divididas según sus colores.

Se juega al tren que parte,

sacamos la lengua de la baraja

y en cada coche se puede viajar con un espíritu.

!Maten los pájaros que se incendian!

¿Por qué vuelan al crepúsculo, si él no los mira?

los pájaros vuelan por la música que ostentan,

solo el cazador los bendice,

los pájaros que pasan por mi país y por el crepúsculo

son las vitrolas de un bar

y la exquisita cerveza de los dolientes.

En mi país soy la penumbra,

y al próximo hechicero le pido su boleto.

Varado estoy,

entre alfonsinas de cuarzo,

y en fiestas que se beben sus sombras públicas.

Varado, indispuesto por las limitaciones y otras penas,

soñando en buscar la fórmula de no ser el próximo;

nadie sabe a dónde navegaría con su correo.

Sacamos la lengua de la baraja

y cada apostador hace de su canoa una mudanza.

En mi país siempre se tiene un hijo preso;

escuchamos el número en la radio,

a lo lejos canta un reo.

Los troncos flotan en los techos del atardecer.
______________________fin_____________________

6 comentarios:

Escombros Hablaneros dijo...

Gracias por compartir las emociones de tu reencuetro con el suelo patrio y los amigos.

mayrandn dijo...

Juan Carlos, me ha emocionado mucho esta reseña, será porque, al menos como lo veo yo, para los escritores que vivimos fuera de nuestro país, debe ser algo especial que nuestras obras vean la luz en la tierra que nos vio nacer. Enhorabuena por la experiencia y también por los excelentes poemas que has incluido en el post. Abrazos!

Aristides Vega dijo...

Estimado amigo, he disfrutado mucho de tu crónica sobre tu libro y tu actividad literaria aquí en Santa Clara. Me alegro mucho que disfrutaras de algo que es tan importante para un escritor y es saberse acompañado por los amigos y los lectores.
Aristides Vega

Rebeca Vicens, Lorenzo Lunar dijo...

El viernes 30 fue la premiación de nuestro concurso mensual de poesía. Fue una tarde de visitas ilustres, pues nuestro amigo el poeta cubano residente en Nueva York, Juan Carlos Recio, que ya nos había acompañado el viernes anterior, ofreció una lectura de poemas. Juan Carlos, el amigo de siempre, el hombre maduro, el cubano sencillo, el poeta total, leyó textos de su libro La pasión del ignorante, recientemente publicado en España.

IHOSVANY HERNÁNDEZ dijo...

Felicitaciones por ese poemario, Juan Carlos. Un autor es también promotor de su propia obra. Y bien lo estás haciedo.

Abrazos,

jinny dijo...

Una geometría singular nos conduce en tu crónica, y convida a deshacernos de la gravedad. Mis felicitaciones por "Sentado en el aire".

Saludos

JZ