miércoles, 23 de marzo de 2011

LA PIEDRA LUNAR




















Alicia, Erne, Veleta y Dopico.jpg


La librería "La piedra lunar", ubicada en Luis Estévez entre Martí y Julio Jover, abrió su metálica puerta el pasado lunes 14 de marzo, bajo la tutela del librero Lorenzo Lunar.
A partir de las diez de la mañana las voces del sexteto "Vocal Esencia", la lectura del poeta Jorge Luis Mederos, Veleta y las palabras escritas para la ocasión por Geovannys Manso, provocaron que más de un caminante detuviera su paso por la céntrica calle santaclareña para conocer sobre este nuevo espacio.
Caracterizada por la venta de libros de uso y artesanía literaria, así como del bien recibido club de lectores, la librería inauguró además con las muestras expositivas Parques, ilustraciones del artista de la plástica Ricardo Reyes (Richar) y Sin Ausencia, libros de la editorial colombiana San Librario.




















Asistentes a la inauguración
Esa tarde del lunes 14 de marzo se escucharon nuestras desafinadas voces al cantar Longina, tras la presentación del título El trovador Manuel Corona y las seducciones de sus Longinas de José Teófilo Gorrín Castellanos; un acercamiento al tema de la trova tradicional y al autor de los conocidos temas Santa Cecilia, Aurora, Las flores del Edén, Doble inconsciencia…
Como un buen primer capítulo fue pasando la semana, entre lecturas, tertulias y buenas conversaciones que ya comienzan a archivarse en la memoria de los libreros de "La piedra lunar".
Para el próximo lunes 21, Día Mundial de la Poesía, la librería convoca a todos los poetas de la ciudad para, de tres a cinco de la tarde unir sus voces para celebrar la llegada de la primavera y brindar por la poesía.




















en esta foto: Consuelo, Nely, Loren e Iliana con Lorenzo Lunar

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La consagración de "La piedra lunar"



"De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación".
Estas esplendentes palabras de Jorge Luis Borges; esta reverencia inaudita -como toda la obra de Borges-, al significado inabarcable de un libro, nos conduce, inevitablemente, a este día, a esta hora, a esta ciudad; para asistir a la fundación de un espacio signado por la memoria y la imaginación.
Mientras otros fundan centenares de sitios para estimular el paladar, sitios pletóricos de olores y sabores, como si la ciudad solo estuviese habitada por seres hambrientos y sedientos; otra sed y otra hambre seducen a Lorenzo Lunar, a Rebeca Murga y a sus amigos. Ellos fundan "La piedra lunar" para saciar el espíritu, para mitigar el hambre más antigua entre los hombres: el conocimiento. Ellos fundan un sitio para el encuentro interminable, para la amistad creciente, para enriquecer nuestra tradición donde las librerías fueron verdaderos centros de actividad cultural, umbral para gestar proyectos, sueños, libros futuros, para encontrar amigos, maestros, alumnos, y también para encontrar amores. ¿Cuántas cosas tremendas, trascendentes, abiertamente poéticas, no han ocurrido en una librería? ¿Cuántas cosas tremendas, trascendentes, abiertamente poéticas, no ocurrirán aquí, a partir de hoy?
Por ello, no es difícil imaginar la importancia que irá cobrando este recinto para nuestra Literatura, para nuestra Cultura; la sensibilidad y el cariño que irán poblando sus paredes, para mitigar toda frialdad posible.
Solo el espíritu aventurero y profundamente humano de Lorenzo Lunar y de Rebeca Murga, puede engendrar semejante territorio, semejante empresa tan llena de ilusiones, tan plena de inquietud, de alianzas, de significados. Solo ellos pueden abocarnos a esta utopía que sigue y seguirá siendo, la lectura, que como decía Borges, es una forma de la felicidad.




















El poeta Edelmis Anoceto Vega, y Agustín Rojas entre otros
de los asistentes al evento


Quiero creer, que no solo fundamos, o refundamos, pues ya "La piedra lunar" existió entre nosotros alguna vez, un sitio tan solo habitado por libros y palabras; quiero creer que también fundamos una catedral, un templo, una parroquia, pues aquí vendrán sus fieles a encontrar consuelo y a dictar sus oraciones o a compartirlas; quiero creer que fundamos un reino: el reino de la imagen, el reino de la amistad vivificante, y como todo reino, ya sabemos, tendremos que defenderlo y custodiarlo de aquellos que ven en él, una amenaza o un extraño sortilegio.
Solo nos queda bendecir este espacio. Consagrarlo a través de la palabra, y solo a través de la palabra.
Consagramos y bendecimos "La piedra lunar" con la palabra "ficción", con la palabra "poema", con la palabra "novela".
Consagramos y bendecimos "La piedra lunar" con la palabra "ilusión", con la palabra "utopía", con la palabra "sueño".
La consagramos con la palabra "memoria", con la palabra "imaginación", con la palabra "esperanza".
La consagro en nombre de aquellos que aquí se han congregado para asistir a esta festividad de las letras.
La consagro en nombre de los infinitos amigos que han confiado en Lorenzo y en Rebeca; y de los que aplauden, desde lejos, este nacimiento de expectante belleza.
La consagro con todas las palabras que cupieron en mis bolsillos: palabras que son, que serán, el más furtivo gesto de nuestra memoria…


Geovannys Manso Sedán

















Mi ilusión de navegante
(transgresor, faro, inconstancia)
puso, no sé qué distancia
en la piel de Rocinante.
Tuvo la mejor amante
en cada puerto. Y con ella
en cada puerto la huella
promisoria de lo eterno.
Y cuando llegó el invierno
quiso pescar una estrella.
Pasó la noche tras ella,
pasó el invierno… y la vida
pasó. La amante suicida
en cada puerto se estrella.
Era una ilusión: botella
al mar. Pero lo distante
fue la más hermosa amante
que nunca tuve. Mi fe
la defendió, no se fue,
y se le acercó bastante.
Soltó la pita gigante
de un sueño, soltó la muerte,
soltó el anzuelo a la suerte
propicia del debutante.
Pero la vida, distante
cual puta de lupanar
puso el sueño en su lugar,
en su lugar la agonía
y puso la lejanía
de la mirada a pescar.
Y cuando pudo atrapar
apenas un espejismo
ya casi daba lo mismo:
no tuve ilusión que dar.
Sin puerto donde atracar.
Sin otoño ni estadía.
Sin luz, sin avemaría.
Sin amor, patria ni suelo:
¿para qué arrancar del cielo
la estrella que más quería?
Llegó el anzuelo del día
de cuyo nombre no quiero
acordarme. Y llegó el fiero
contraluz de mi osadía.
Supe que no la quería.
Supe que para pescar
hace falta naufragar
para salvarse los dos.
Entonces la entregué a Dios
y se la llevó del mar.






Jorge Luis Mederos, Veleta
Santa Clara 14 de marzo de 2011