sábado, 26 de abril de 2014

Arreciados por el éxodo.

Arreciados por  el éxodo.
 
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Por Mireya Robles.



Se inicia el poemario con una Profecía: "Y alguna vez vendrán a remontarme / lavados con el brillo de sus pies, / aquellos hijos de estos pies enormes / colgados al sillón que mecerá sus casas". Pudiera indicar que ya en espíritu, meciéndose en un sillón de la que fue su casa, los que aún están encarnados en el mundo de los vivos, vendrán a ella, estableciendo así que no hay una ruptura definitiva entre el plano de la muerte y éste que tenemos por nuestra realidad. Dedica el poemario no solamente a su familia, sino también a sus muertos, en niveles en los que no hay separación porque son parte de un todo indivisible. En uno de los poemas de María Eugenia Caseiro titulado "Que en casa de Yewá me esperen siempre", no incluido en Arreciados por el éxodo, el
leitmotiv que aparece cada tres versos --¡Hija del viento soy!podría indicar un atisbo de inmortalidad: que, en la casa de Yewá el cementerio--, se quedarán esperándola eternamente porque allí su alma libre nunca podrá ser encerrada. Pero mi interpretación inmediata fue la de su voluntad manifiesta de que la esperen esos seres queridos que ya han pasado a otro plano, para acogerla en el momento en que a ella le toque habitar la casa de Yewá. Tratar de interpretar un poema creacionista es un reto y tal vez, una audacia desmedida porque el verso sale directamente desde el origen, desde la fuente donde fue creado, y llega al lector por una corriente interior, profunda, sin pasar por un proceso de razonamiento. Nos encontramos constantemente con un elemento de sorpresa, porque el poeta creacionista tiene una visión omnisciente que le permite seleccionar fragmentos de distintas realidades que él recibe a la vez, y sintetizar esos fragmentos para formar una nueva realidad. Como sugiere Vicente Huidobro, no se trata de describir la rosa, sino de verla crecer, de crearla en el poema. Y en su "Arte poética" llega a afirmar que el poeta es un pequeño dios. Este pequeño dios está presente en todo el poemario de María Eugenia Caseiro: "tus dedos, mis dedos, nuestros / funden lingotes de animales / cautivos de ti." A veces nos parece que estamos ante un éxodo real cuando nos dice: "Como cobos arreciados por el éxodo, / no hubo sacapuntas escarmentador / ni bigornias vigías, / ni las propias tijeras extenuadas / de cortar en tiras cada noche, / que no se enrolara en nuestro arca."
 

Lanzados al éxodo, desfilaron todos los elementos que fueron parte de su entorno, para ser guardados en el recuerdo. Sólo así se mantendrá ese pasado del que somos parte y que si desapareciera, desapareceríamos también: "Así logramos sobre nosotros mismos / ser invulnerables." En "Naufragio" vemos viajeros llenos de la alegría de la esperanza que son, a la vez, seres desvalidos, expuestos a peligros de muerte: "Y se hicieron a la mar con sus disfraces / prendidos al envés de la baraja / que los llevaría al fracaso, / risueños argonautas de papel / a quienes la borrasca / o un dedo del azar / interpuso el naufragio." Pero también está presente un velo fino, transparente, que marca un éxodo vivencial dirigido hacia la nada, hacia el reconocimiento del vacío que nos deja la muerte física de un ser querido, el vacío que nos queda cuando languidece el amor, la premonición de nuestra propia muerte. Hay pautas que aparecen en el poema "Saltar": "Acaso el polvo en sus cuatro estaciones / nos sepulte". En "Esperar", vaticina: "Las ventanas se apagarán un día". Enfatiza: "polvo polvo el polvo". Habla de "blancos palacios de hueso", "esperándote, esperándome". En los cuatro segmentos de "Nadas" la pérdida se presenta visualmente en versos que se van acortando como se acorta una vida: Lo que no emplea siquiera costumbre lo que guarda tibio reposo dentro dentro dentro adentro la noche dentro, todo ese camino cerrado padecido, mustio último. El poema titulado "Lienzo" es una bella elegía en la que la pureza de la juventud de su hijo está representada en la blancura de la tela: "Como un ángel que entibió la perfección / antes de partir y su tierno cadáver / es un sorbo de luz entre los árboles, / un tapete de blancura / se derrama en las planicies de la hora." En "Residuos" describe el momento de la muerte de su padre: "Eran tus manos de azahar / dormidas sobre mí, / besé llorada la pintura / que rompió la noche / -dos mitades como dos fantasmas / aplazaron el mar- / nosotros sombra tumbada / en el instante en que te pierdo."


tercera parte de "Yo, tú, los árboles", comienza la repetición de palabras que utiliza en varios poemas para intensificar una condición, reafirmar un propósito, acelerar el movimiento. Se sitúa en una época, acompañada de ese otro ser que tantas veces aparece a su lado, viviendo momentos felices en los que talmente parece que estuvieran estrenando la vida en todo su esplendor, arropados en el frenesí de crear: "No desentrañamos / aquellas vertientes que trajeron la sal / cuando pensabas, cuando pensaba, /sembrar sembrar sembrar/ eternamente/ pasajeros felices, trenes novísimos / caminos, tildes, radios, señales; / dibujos olorosos a jabón, paisajes / sin límites…" Pero de momento asoma, a modo de presentimiento tal vez, un instante ensombrecedor, bellamente expresado: "y la espina en el naranjo de tu piel / doliéndole a la lluvia." "Morder lo breve" consta de cuatro partes encabezadas por flechas que señalan diferentes direcciones: hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia arriba, hacia abajo, para marcar el giro vivencial, en cuatro instantes, de dos seres creados, tal vez, por la imaginación de la autora. En la primera trata de explicarse las razones por las que se ha perdido la vitalidad del amor: "A causa de mis vestidos rotos, / de mis estrellas fracturadas, / de mis paisajes eternamente cosidos al recuerdo, / alunizan tus avispas de seda buscadas en el aire / lo que no nace dentro". Pero a pesar del deterioro del amor, la unión continúa, quizás porque las circunstancias así lo determinan. Y, a pesar de lo que ya se ha convertido en un "rodante cielo aburrido", siguen, "tomados de la mano". En la segunda parte la convivencia se lleva como si el amor pudiera ser la realidad que ya no es: "Que no se diga nunca / que mi boca, que tu boca / sin palabra mentida / elige tarde un algo, un beso / muerde." En la tercera parte trata de retener lo que queda del amor, aunque sea en el pequeño nivel de lo cotidiano: "Morder lo breve / lo nuestro mordible, querible / en cremalleras, en bastillas, / en los botones estampados en las blusas, / en la seda silenciosa del bostezo." En la última visualiza el momento "Cuando nadie, cuando nada quede". En los momentos de vacío en los que ya no tiene "estrellas que contar", se refugia en el seno materno, donde identifica "el vaivén de sus pulmones / sus arterias calientes", donde sabe que para la madre ella es un tierno ser –"blanda gota concebida"-, hasta el momento de su nacimiento, cuando sale a ese pasar del tiempo que es la vida: "travesía vertical / hasta el mar de toda hora". Como lo hiciera César Vallejo con la palabra "trilce" --posible combinación de triste y dulce--, aparecen en el poemario palabras que se unen para formar una nueva: lunijunto, velasombra, vuelapétalo… Contrariamente a la cosificación que vemos en algunas de las pinturas metafísicas de Giorgio de Chirico como Le Muse Inquietanti, Etore e Andromaca, Il guadagno--, en la poesía de María Eugenia Caseiro se personifica lo inanimado, lo abstracto, lo vegetal: "la lluvia con zapatos de cristal"; "Yo, tú, los árboles de lágrima torcida / como lenguas sedientas, / navegamos la lluvia sin timón"; "Después todos los bancos / lánguidamente recostados a mi espalda / fueron tibio hospedaje del adiós". Son versos que se mueven en la bruma, tan etéreos que son como una música en la que el significado de las palabras se diluye para formar mundos nuevos.

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NAUFRAGIO
 

Y se hicieron a la mar con sus disfraces

prendidos a la envés de la baraja
 
que los llevaría al fracaso,
 
risueños argonautas de papel
 
a quienes la borrasca o un dedo del azar
 
interpuso el naufragio.



 

VI
 

La obediencia de los parques nos convoca

a conservarnos en la tenacidad

sin olvidar el hilo que conduce al mar

ni el tiempo indomable

que nos lleve a perderlo.

 


VIII

 
Tal vez esta pobreza para hablar
 
para besar la vida,
 
esa que nunca ha podido guardarse
 
en un baúl,
 
atada en algún margen de sabernos
 
cuelga desde el sueño

 


 
Vacío
 
 
Sus manos que ya no son sus manos

 
adornan el cuadro de la nada

 
sin que tanta sencillez explique

 
el sendero de un viaje sin fortuna.





 
Secreto
 
 
Y es siempre tan pesado
 
el silencio de los barcos
 
moviéndose en los sueños ,
 
que el juego nos devuelve
 
su sombra agigantada
 
mientras la visión se pierde
 
en el reflejo del agua.
 
Sólo la ruptura tiene don de abrigo.

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Sobre la autora:
 

 
MARÍA EUGENIA CASEIRO
(Colaboradora, Miami)

La Habana, Cuba. Reside en USA. Narradora, poeta, ensayista. Integra la Muestra Permanente de Poesía siglo XXI de la Asociación Prometeo de Poesía, el equipo de redacción de La Peregrina Magazine y el Consejo Asesor y de Redacción de Analecta Literaria, revista de Artes y Ciencias. Es Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en USA; es Miembro de la Asociación Caribeña de de Estudios del Caribe, de la Unión de Escritores y Artistas del Caribe y de la Unión Hispanoamericana de Escritores. Colabora con la Asociación Canadiese de Hispanistas. Galardonada con la Orden José María Heredia 2007, Primer Premio Narrativa Artesanías Literarias (Israel, 2007); Hollywood Diamond Hommer Trophy, 1998. Primer Premio Poesía Carta Lírica 2011. Ha publicado Nueve cuentos para recrear el café -edición bilingüe francés español- Editorial Equi-librio (Lyon, Francia, 2009); Pedazos de Paisaje -edición bilingüe rumano español- Literra (Rumania, 2005). ESCAPARATE, el caos ordenado del poeta (2011). Arreciados por el éxodo, Imagine Cloud editions, 2013. Poesía Femenina Hispanoamericana El Rastro de las Mariposas (Madrid, 2006). Poesía Iberoamericana Siglo XXI, (Madrid 2007 y 2008). Nueva Poesía Hispanoamericana (Lima, Perú, 2004, 2005 y 2006). Antología Paseo en Verso (México, 2005), entre otros. En reseña crítica, Ese hombre, al poemario de Maribel Sánchez Pagán (Mayagüez, Puerto Rico, 2008); Viaje a la Ceniza, reseña critica y prólogo del poemario de André Cruchaga (San Salvador, 2008); Dos tonos para una cordillera, al poemario de Luis Concha Henríquez y Elisabet Cincotta (Rancagua, Chile, 2007); El árbol de las casas vacías, prólogo y reseña crítica al poemario de Luis Gilberto Caraballo (Caracas, Venezuela, 2008), entre otros. Ha sido traducida a diversidad de idiomas, incluyendo euskera, japonés y árabe.
httphttp://www.youtube.com/watch?

v=Bisi0R13XB0://www.laperegrinamagazine.org/mireya_robles_hagiografia_maria_eugenia_caseiro.html
http://www.tower.com/arreciados-por-el-xodo-mar-a-eugenia-caseiro-paperback/wapi/124311122

http://laperegrinamag.blogspot.com/2013/10/iceblog-arreciados-por-el-exodo.html


http://www.escritores.org/recursos-para-escritores/colaboraciones/9419-resena-critica-de-arreciados-por-el-exodo-poemario-de-maria-eugenia-caseiro-

sábado, 22 de marzo de 2014

¿Cómo se llama el show?


Un cuento de julio Benitez.


¿Cómo se llama el show?
 


Señoras y señores. Queridos invitados. En el día de hoy se inicia el espectáculo de la alegría. No más titubejos poéticos ni aburridos relatos de nunca acabar. Payasín ocupará el espacio que antes tenían los cuentistas interminables. Oye chico, si no te gusta ahí está la puerta y ve con tu ruido a otra parte, gritón. No queremos piezas aburridas. Basta de vejestorios y repeticiones. Listo, Juan José. ¿Preparado? Recuerde que a partir de de este momento se prohíben las narraciones pesimistas de Long Beach: Si quieres cooperar invita a las artistas más famosas del palo y dedícate a hacer reír. Y tú Pancho, no te creas que porque ya no se escuchen las letanías de WiIllow Boulevard vas a sacar ventaja con tus historias de Jaimito. A partir de ahora tendremos el pre-show en el que se apuntan los valiosos y recién llegados. Sólo quienes aporten algo nuevo pasarán a ser estrellas. En ese momento se practicará el baile de moda, la canción emblema y las carcajadas. Si tenemos tango hay que prepararse para cargar las rellenitas y no sólo al ama de casa que se mantiene bien escuálida porque ni modo que ese que fuera narrador de tiempos pasados. No es justo, protesta una voz. ¡Ah! ¡ Y no queremos patones!. Al que no le guste que se largue. Basta de discusiones. Alegrías necesitamos. Y mucho talento. ¡Viva el espectáculo! Somos muchos hispanos y Payasín ha tenido la amabilidad de invitar a numerosos malabaristas y otros artistas refinados. Que vengan las guitarras de concierto, que suene el bandoléon, que salga de la tumba el violinista y que lleguen los declamadores a hacernos sentir muy románticos. El desfile de modas se incluirá porque en estos tiempos las vanidades son muy importantes. A los salvadoreños, ¡ Mauricio!, seguí con su poesía pero se les ruega contactar la Chanchona porque sin cumbia como que todo está aburrido. Alejandro, vamos a incluir el indito pero busca nuevas cosas, vuelve a la picardía urbana, mano. Incluso, ¿qué tal, si se prueban todos los disfraces? Los de siempre, olvídense. Váyanse con su música a otra parte que necesitamos espacio para los novísimos poetas y músicos y también para los histriones del Valle y sobre todo para los malabares de la palabra y los objetos con un aire claro y nuevo.
 

 
Para que la cosa se transforme, hay que preparar cohetes y llenar de colorido la casa. ¿Qué tal unas luces tornasol refractarias? Si no nos sentimos parte del show, no entraremos en las transformaciones. ¿Alguien conoce un profesor destacado? ¿Un periodista chicano? ¿Por qué no Jorge Ramos? ¡Cállense, los de siempre, protestones! Ahora todo se cambia. El Editor se viste de gala y con smóking. ¡Ah! por cierto, nada de vinos ni empanadas argentinas y mucho menos croquetas cubanas. Esta ni es casa de borrachos ni apoyamos los golosos. La peña que no es más peña ni cocuyo ni coleóptero alumbrado necesita nombre. Ya lo sugirió la poeta de los encantos rusos y los versos del camino. Su esposo contento no canta más. Así le sobra tiempo en Tijuana y compone llaneras con el cuatro y como Norma que se va a Argentina se nos puede desaparecer sin recordarlo. ¿Qué importa?


¿Payasín? ¿Cuál es el nombre del show?
Queridos amigos. Espero sean comprensibles y los de siempre escuchen. ¿Qué tal Le Moulin Rouge?
¡¡Imposible!! ¿Qué broma es esta?
Entonces¿ qué propones? Pregunta Payasín.
Que decida Editor.
¡No jodas chico!, grita ya saben quién y no está solo.
Alberto el de provincias y no es gaucho, todo enojado, dice que sus canciones folklóricas no se mezclan con nombres de prostitutas.
¡Silencio! Editor, escarlata la catadura mira a todos. Me tienen hasta las pelotas. Tenemos los convidados. Gabriel necesita pronto su artículo. Nadie se esconda en el patio. ¡Prohibido fumar! ¿Ángela? Hay que estar callados y escuchar. Si me voy a la Argentina esto se jode.
¿Entonces, cómo se llama el show?
Payasín se esfuma, las damas del palo vuelven a Long Beach. La Chanchona ya no toca cumbia, los juglares a su casa. Pancho se apresta a la picardía mexicana, Juan José saca su panfleto bogotano de veinte páginas. Cada uno a su sitio.
Nuestra anfitriona viste ropas más discretas y holgadas. La calma vuelve y sale a Editor mucho pelo. Ya no hay quien ponga orden. ¡Qué reiterativo!, dice frustrado.
¡Basta Buenafé!. Vos sí que sos atorrante, callate y terminá tu cuento.

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Sobre el autor.
Benítez Julio. Guantánamo, Cuba, 1951. Profesor y escritor. En 1990 su libro de cuentos La Reunión de los dioses, gana el premio del Concurso nacional Regino Boti y l. Su obra se encuentra dispersa en varias publicaciones. Ha sido antologado en Cuba, Argentina y Estados Unidos. Entre sus publicaciones se destacan los libros de cuentos La reunión de los dioses, Guantánamo 1991 y en Glendale no hay ladrones. Publicó las novelas la Reunión de los dioses, Las Tres Muertes de Gurrumina Robinson y recientemente Operación Serpiente (2013) En poesía ha publicado El rey mago , EL libro de Islenira y El Cancionero de Amael, así como. Ha ofrecido conferencias y recitales de poesía en español e inglés en el área de Los Ángeles y Miami. Pertenece a diferentes grupos de escritores entre ellos La Luciérnaga del que es miembro de su consejo de redacción y ha sido jurado de varios concursos. Fue delegado de la organización POESIA en el XXIV Simposio de Literatura de Buenos Aires, Argentina. Es Crítico Literario de la Revista Cultural Hispanoamericana y ha publicado en sitios como Neo club Press y La Peregrina Magazine entre otros. Publicó en el 2011 el grupo de ensayos titulados. El Libro Mágico (a propósito de La Edad de Oro). Ha sido incluido en las selección de La Poesía Festival 2012 y 2013 con los mejores y más activos poetas angelinos.
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sábado, 25 de enero de 2014

MONÓLOGO SOBRE LA MARCHA


                          ‘Un pie en lo alto y otras encerronas’

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                                                      Imagen de portada "Adiós"
Publicado por La Pereza Ediciones. 



    Los caídos eran cada vez más numerosos entorpeciendo el desarrollo normal de la avanzada. Mi voz se unió al coro que interpretaba el himno 2005, cuyas estrofas, referidas al mérito de lograr la ansiada meta, habían sido compuestas cuando la Gran Obra apenas andaba en sus inicios.
   En los ratos de mayor agotamiento, cuando creíamos perder el ritmo del entorno, bastaba con dejarse conducir entre la multitud para recuperar el impulso o la armonía.
   Pero aquella tarde empecé a renegar por vez primera.
   El bichito de la duda, ese insecto suspicaz, amenazaba corroer mi voluntad con su presencia ineludible. La marcha no iba a terminar, repetía la voz en mí con una secuencia de latido intermitente, y aquella idea inacabable, de infinitud en la tarea, de ausencia de la luz, parecía acomodarse con más fuerza en las zonas claves de mi menguada condición. Recordé que al principio, cuando la empresa era apenas una novedad, un reto voluntario y tentador, había quienes hablaban con nostalgia de los tiempos anteriores, cuando todo bullía en el más libre de los albedríos. Generalmente eran mayores, que habían quedado en el trayecto, pisados, aplastados, adheridos como tenues manchas al eterno gris de la alameda, y con ellos se fue yendo una parte esencial de la memoria, que entonces no supimos valorar. Todavía amábamos la marcha, y más que amarla sabíamos que era necesaria. Lo único realmente cuestionable —si es que hubiera algo en tal sentido— era que nuestras familias habían sido colocadas de forma individual en el inmenso tumulto para evitar distracciones de la mente o quizás del corazón, y para interiorizar en cada uno de nosotros que la familia verdadera éramos los fieles: la gran familia mayor que conformaba aquella empresa.



  Hubo un tiempo —vanidad del individuo— en que añoraba llegar hasta la meta, tan sólo por regalarme esa gloria del espíritu; pero luego comprendí que la verdadera meta era el camino, ese andar codo con codo, sudor contra sudor, y me di a disfrutar cada pisada, cada himno, cada flaqueza, y cada recuperación.

  Los momentos más felices era cuando la masa recibía el Premio Colectivo y se adentraba en los Túneles Heroicos, cuyas pantallas laterales nos mostraban imágenes de otros momentos del desfile, cuando éste, así como sus miembros, exhibían diferencias notables con nuestra actualidad. Era una forma hermosa de sumergirnos en las variaciones de la historia. Sin dejar de caminar, veíamos aquellos seres de la pantalla, como si desfilaran con nosotros o nosotros en ellos, lo cual le confería al pasado notables visos de realidad, y cuya entereza nos comprometía a buscar un adelante que nunca estaba en el ahora.

   También en la pantalla había caídos, ancianos y mujeres, que tal como ocurría de este lado, no podían resistir más allá del tercer tiempo; y otros que, inexplicablemente, preferían negar su condición traicionando El Ideal. Entonces sus compañeros esgrimían su bastón —símbolo cimero de La Obra—, y lo golpeaban con impúdica justicia. La voz de alarma se corría masa alante y masa atrás hasta que los familiares del traidor, cuyos rostros no fueran convincentes, eran localizados y ejemplarmente reducidos para extirpar el mal más allá de sus raíces.
  Vimos derribar a muchos, convencidos de su culpa, y a otros que no podían esconder el estupor. Sin embargo, los nombres de quienes fueron fieles al Ideal —la inmensa mayoría—, eran grabados con caracteres de oro en las pantallas para satisfacción de los marchantes por venir.
 


 Cuando salíamos de aquellos conductos, teníamos más firmes las ideas, alimentada por tantas millas de incesante sacrificio, y soñábamos la gloria ineludible de la meta. Las enseñanzas se fijaban en nuestras mentes con suma claridad, para que nada pudiera desviar el Objetivo; pero la sombra de la duda, siempre esquiva de la luz, me vinculaba aquel final con el comienzo, como un gran suplicio circular.

   Quizás fuera esa la razón que me hizo disentir, pretender que la cabeza de la marcha se unía con la cola en un aro infinito, tal ves circulaba la Tierra en su extensa redondez, como un meridiano giratorio, por lo que cada uno de nosotros éramos cabeza, y luego cuerpo, y luego cola, y de nuevo cabeza en una metamorfosis marcada apenas por la influencia del clima o los caprichos ambientales. Ya casi nadie hablaba del final ni de la gloria, sino del acto inmortal del sacrificio. En los ojos de mis compañeros creí descubrir un sentido de resignación ante las leyes de lo ineludible.

  Cuando la pierna izquierda comenzó a darme latidos cada vez más apremiantes, desviando la línea imaginaria de mi yo, me fui escurriendo con la ayuda de mi báculo hacia la parte derecha, entre la apretada muchedumbre, con el objetivo de conseguir examinarme. Pero el largo muro que nos contenía, tan alto como el cóncavo celeste, se movía y avanzaba al ritmo de la masa, como si fuera parte de la misma, y no encontré el más ínfimo recodo donde ofrecerme alguna tregua.



  A partir de ese momento me propuse desertar. Algo tenía que haber fuera de aquella caminata, algo terrible, pero estaba dispuesto a correr los sinsabores. Los himnos empezaron a salir con torpeza de mi pecho. El aire se me escapaba con cada melodía y parecía no volver a mis pulmones.

   Durante un tiempo incalculable, salvo por los períodos de lluvia o de sol o de lejanas estrellas, mientras caminaba o me dejaba arrastrar con indolencia, intenté conformar un plan para encontrar una salida. Los muros laterales eran prácticamente inabordables, a no ser que existiera alguna abertura disponible. Si me dejaba caer al pavimento, no podría sobrevivir a los miles y miles de colegas que cruzarían sobre mí, con todo el peso de la historia retumbando sobre mis partes más endebles.
   Una de aquellas tardes vi el rostro de mi padre doblado sobre el asfalto, entre las piernas que lo pisaban. Vi su rostro ensangrentado, comprimido bajo las huellas de sus compañeros. Temí que cayera sobre mí el peso de la justicia, pero en el semblante de mi padre se advertía, tras una pobre sonrisa, un esbozo de lealtad insoslayable, que lo dignificaba ante la historia.
   Lloré en silencio, cuidándome de no mostrar mis lágrimas, mientras seguía entonando el himno 13, que hablaba de los muertos buenos y del buen arte del morir. Me maldije por vil e inconsistente, traté de corregirme; pero la idea de escapar era un gigante que me aplastaba con cruel ferocidad. Pensaba en algún hoyo sobre el pavimento, alguna tapa camuflada tras la cual podía hallarse la cavidad donde pudiera, si no dejar la marcha, por lo menos negociar unos minutos de descanso, como una subterránea lombriz que escapa de la luz, pero el suelo se mostraba cada vez más uniforme como un desierto de metal, inconmovible.

   Preferí dejarme conducir por el tumulto hasta recuperar algún aliento. Pero algo debió ocurrir. Alguna mirada amenazante o inconforme. Quizás mi voz sonó desafinada en algún épico pasaje, o en los escasos silencios mi rostro no mostró la expresión que exige lo solemne, aquella que refleja todo espíritu leal y conmovido. Tal vez una lágrima indiscreta y acusadora corrió por mi semblante —pecado imperdonable en un sitio donde no hay espacio para el llanto—. No sé. El primer golpe me arrojó violentamente al pavimento. El segundo apenas lo sentí dentro de la andanada que siguió, entre las botas que pateaban mi figura. Tardíamente intenté incorporarme y buscar un acomodo. Nada en mí fue capaz de responder. Me hice un ovillo, escupí la sangre, y aguardé resignado mi destino: derretirme, integrarme al gris como una mancha más sobre las otras manchas que conforman esta vía interminable. Doble mancha la mía, porque no espero que la justicia final me conceda un desagravio y mi nombre aparezca en los Túneles Heroicos, ni siquiera por consideración a esa mancha pura que es la mancha de mi padre.
 


_____________________________FIN

Para comprar el libro:


 

 
Sindo Pacheco (Cabaiguán, Cuba, 1956) Premio El Caimán Barbudo (1990). Ha publicado Oficio de Hormigas (cuentos, 1990) Premio Abril; y las novelas Esos Muchachos y María Virginia está de Vacaciones. Esta última recibió el Premio latinoamericano Casa de las Américas, el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994.
En 1995 recibió el premio Bustar Viejo, de Madrid, España
, por su cuento Legalidad Post Mortem.Cuentos suyos han aparecido en las antologías “Cuentos de la Remota Novedad”, “Los muchachos se divierten”, “Diana”, “Fábulas de ángeles”, “Antología del cuento espirituano”, “Punto de partida”, y en diferentes revistas como Bohemia, El Caimán Bardudo, Letras Cubanas, Casa de las Américas, entre otras. Textos suyos han sido publicados en México, Rusia, Venezuela, Argentina y España. En 1998 la Editorial Norma, Colombia, publicó su novela juvenil María Virginia, mi amor (finalista del Premio Norma-Fundalectura); y en el 2001, su novela Las raíces del tamarindo, fue finalista del Premio EDEBÉ, y publicada por dicha editorial en Barcelona. En el 2003 la Editorial Plaza Mayor, de Puerto Rico reeditó María Virginia está de vacaciones. En el 2009 salió Mañana es Navidad por la editorial Iduna de Miami, y María Virginia mi amor por Gente Nueva, La Habana.Actualmente reside en Miami, Estados Unidos.
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jueves, 14 de noviembre de 2013

Dimensión y alcance. Tres poemas de Joaquín Badajoz.






   Todo horizonte mas allá de las manos, no significa que es invisible ante los ojos, o desapercibido como punto de una lejanía geográfica que limite un alcance. Al menos en la poesía de Joaquín  Badajoz, es un horizonte donde reencontrar no solo atribuciones específicas y muy originales del poeta, se invierte aquello de retroalimentación y búsqueda, el hombre, el poeta, vive como es sobre su mundo circular, lo acomoda en esas zonas del alma donde el ente devuelve no tanto el trasiego o la conquista, es como diría, quien descubre tesoros en poeta inédito, un fino lirismo que versa y juega, sin pretensiones a filosofar con un discurso educativo, lo hace en esa mezcla de metáfora y canto,  y  se atreve como hace el viviente que no puede contenerse, regresa de vivir plenamente en la conciencia que no necesita ser pura, aquella que no se produce por vanidad o enojo. Tal es así, que su poesía   se expande, algo que Walt Whitman padeció desde el carácter hasta convertirlo en su universo poético. Y Badajoz, si lo vemos desde el mismo resultado, viene de la influencia de caracterizar, su hecho poético, validando no tanto la forma de decir, ni de redimensionar el contenido, es en esencia, la naturaleza del viaje que propone como pretexto para mostrar esos horizontes ya conquistados.  

  
 
 
 
   Pero el indidividuo que sabe ser lector de lo que escribe, como talento y como base de su propuesta, viene, ( lo logra con muy buen acierto Badajoz) viene de ese estatus del regreso de quien ha tenido el lujo de partir y volver y volver a partir, no para que juzguemos de su aprendizaje, mejor para que sus cicatrices puedan verse en la diversidad de formas donde su poética, lejos de cualquier misterio o cálculo, se sostiene en predecir muchas de las preguntas y respuestas que asume, a conocimiento, y por inspiracion, con una originalidad que calca -también por acierto-   de la transparencia de una belleza fisica, dada de la belleza del sentimiento, algo que necesita luz y que no puede ocultarse. Creo, además, raro en estos dias encontrar tal coherencia, porque a lo sumo, muchos que dicen miran desde el corazón, a veces llegan a ofrecer unos versos tejidos sin el goce y el encanto propio de quienes por contradiccion padecen el verso como padecen sus vidas. Siempre o casi siempre, como bordes de un espejo, sin que por ello reflejen el cómo mirarse. Y por añadidura, se ocupan de una voz generacional que no los distingue alejándose del resto.
 
 
 

   A enderezar esa contradiccion de mirada que sabe ser profunda y de transparencia, llega el poeta Badajoz, y no creo viene con un escudo, ni a tono de descarga o metralla, mucho menos a decantar vicisitudes, ni tampoco por ser el héroe que agoniza,  cuando cuece sus versos con la organicidad del hombre ilustre que si ha de padecer, no es a falta de instalarse con conocimiento sobre la palabra, es tambien la constancia de ver pasar un día y otro, mortal y simple, capacitado para que esa costumbre lleve la suficiente dosis de levedad, algo asi como vivir despierto y asumirlo.

  Este regalo que ahora comparto en Sentado en el aire, es el aviso, de que toda atemporalidad lleva, mejor que el juicio común de las buenas lecturas, el soporte donde hace que pensemos en ser las actuantes del disfrute de la cosecha de un poeta, que ya tiene, -lo repito-,  la dimensión de ese horizonte, más allá de sus manos.

                                                                                                                 Juan Carlos Recio.
 NYC- 11-14-2013

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                                    Del libro: Passar Páxaros











En el sueño de Rrose Sélavy...



…hay un enano salido de un pozo


que viene a comer su pan en la noche.


Robert Desnos

 

Estos criaderos de cuervos,

se apergaminan Apolonio tras los huesos,

son cuchilladas, agazapadas sombras,

saltos montaraces que encallan en lo blando.

Un tórax, la pupila,

echarse a descansar violentamente sobre el lodo,

la soledad su depravado asombro.

Estos saltos Apolonio del estómago,

desovillan los años vuelven trémulos

a sus ejércitos de hormigas,

sus canales cerrados a cuajarones bajo el labio,

donde los seres resguardan sus marcas impolutas.

 

Navegaste Apolonio los mares de piedra,

las oleadas angostas de la tierra arada,

implosionando vientos con tus pulmones raquíticos,

donde el humo asentó su nacarada escoria

y el junípero y las colitas deformes en sus canteros

impulsan la aguja suspendida en la bitácora

con sus ventiscas de arena murmurante.

En estos años decrépitos que el agón no bifurca,

arrastrados por el peso de los cuerpos,

caemos en la muerte súbita, sus círculos concéntricos.

Sobre los árboles se desvirgan los pájaros,

y es la desfloración un goce perenne y estrujado

que se olvida con el hastío.

Apolonio tiende su red,

su escritura de sombras y peces refractarios,

cuentas del sonajero de ónix cosidas

por las puntas del salitre.

En el sueño de Rrose Sélavy

hay un enano podrido que revienta los odres,

sajando las vejigas con un cuchillo endeble

que se vuelve de hueso con los golpes de gaitas.

Salido de un pozo,

en cuclillas frenéticas

de puro goce crece.

En el sueño de Rrose Sélavy

viene a comer su pan de por las noches,

hurgando con un gran dedo,

embistiendo con su proa cuerpo adentro

hasta humedecer las sábanas.

Es la pesadilla apolonio de las mujeres solas,

que en las noches son asediadas por las sombras,

y sienten sobre el pubis doce muchachas vírgenes

que saltan macerando los frutos del almendro,

y sienten que amamantan criaturas voraces

y que la leche y la miel alambicadas

destilan su escozor, su ráfaga de frialdad.

 

Estos criaderos de cuervos

son restos de lo que la marea,

al destapar su sello,

regresa a los comederos periféricos

mientras aramos sobre el mar.




El trópico visto desde el amanecer


En estas largas tardes estivales

Maurinne, Goulard, Arthur,

el próximo modisto,

apre(he)ndieron el arte de componer

versos fabrilmente

yingyangeando sobre la cuerda floja,

yingyangeando hasta caer de bruces,

la pasta alada estucando los brazos.

Nadie que haya mirado al sol de frente,

ha podido evitar

que cueza las habas la máscara el antifaz de golpe,

abrasivo rayando el pómulo,

la obscuridad sucesiva, la muerte.

Y es que el trópico seca y ciega tenazmente.

Un poeta, una muchacha sentada

mirando hacia el ocaso de lo que fue su vida,

verá al asomo las mieses coaguladas,

abulia de las tardes en las que maceró la almendra

con su cuerpo el cascanueces de entraña abigarrada.

(Cuando en la feria un anciano de barbas de floresta

gritaba por el altavoz: Venid hijos míos,

sentémonos a la sombra del tinglado de sangre,

el amamantará como la cabra, la loba, la ubre capitolina,

la leche enjundiosa que conquisté en otras guerras.

En la paz me lavaré las manos para oficiar en los altares

y seré benevolente como una ramera)

Nihil Ostant: desde (Cuando... hasta ramera)

censurado por el censor yo mismo.

La mascarada arrollando el trastrueque,

el advenedizo que posa y se agazapa,

la nueva antigua fauna en el retablo vuelve

se contrae y emerge contrahecha,

marcando los golpes de parada en la llama.

La urna. Bajorrelieves donde se esconde

un cuerpo para ser observado,

agita el embolo que dispara el fuselaje

y echa a andar, a fin de cuentas,

el verso nunca fue original

y la primera flauta

se hizo de una rama robada.





El Graznido. El Gran Nido.


Seremos nosotros, los animales moldeados a la intemperie,

cuando canto a la raíz y estoy cantando al árbol,

salterio de lo que se me escurre entre los labios;

lo que escribí en la casa obscura,

la que se levanta tétrica sobre el acantilado,

donde se rompen las olas y los pájaros.

Pasan premoniciones, rastros que revelan.

Soy el hacedor, el de la brizna en el pico.

Mi nido es heredado, escamoteado, no es mío.

He dejado que los demás hagan de mi un escudo,

sigo paseante bajo los flamboyanes,

las sombras que talaron en días aciagos.

No pienso en lo que fue ni vivo en el presente,

el presente será siempre lo que vamos perdiendo,

un gesto y un gesto es el signo que antecede.

El primer acto del hombre fue nombrar,

luego destruir lo nombrado.

Por eso la palabra fue siempre un encierro,

una construcción para echar a rodar las tauromaquias

con sus caminos pielagosos y los convidados de piedra.

La palabra creó mundos que habrían de venir,

roturando estos mundos, partiendo, resanando,

dejó de ser espíritu convirtiéndose en ritual,

para incinerar los caballos agrestes,

las tierras meridianas, los mares,

las heladas regiones donde las bestias lívidas

esconden bajo sus ojos el verano;

creó trampas y encierros y súbditos.

Sigo andando por estas calles.

Cuando entré deslumbrado a la vagina serpentaria,

herido de hormigón y vidrio todo estaba.

Mis manos no han parido ni una mueca

algo que en el gran nido muestre que he pasado.

Estoy puede ser otro tatuaje,

un canto del hacedor a las moliendas;

estoy es la razón de no haber sido

mas que algo impersonal e imaginario.
 
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Joaquín Badajoz. Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), de la American Comparative Literature Association (ACLA) y de la American Association of Teachers of Spanish and Portuguese (AATSP). Miembro de los consejos editoriales de Glosas (ANLE), RANLE (Revista de la ANLE) y OtroLunes (Madrid/Berlín). Ha publicado ensayos, reseñas, crítica de arte, poesía y narrativa en revistas y antologías de EE.UU., España, Francia, México, Panamá, Polonia y Cuba. Coautor de Enciclopedia del Español en Estados Unidos (2008), Hablando bien se entiende la gente (2010) y Diccionario de Americanismos (2010). Es columnista de El Nuevo Herald (EE.UU.), editor de portada y noticias de Yahoo y director editorial de Editorial Hypermedia (Madrid).
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Para leer sobre el autor pulse:

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________________________Fin_______________________

sábado, 2 de noviembre de 2013

La ruta del pájaro sobre mi cabeza.



fragmentos del prólogo por Odette Alonso.


A vuelo de pajaros, estos versos.


La ubicación geográfica y todas las implicaciones, que pudieran parecer secundarias o relativas con respecto al acto de la creación, cobran significado especial porque este poemario, como la ruta que anuncia su título, es la bitácora de un retorno sobre sí misma.<< Es un viaje que cae sobre mis manos desde el viento. Es la historia en verso de cuándo empecé a soñar>>.

El trayecto en cuestión tiene cinco estaciones, correspondientes a cada una de las divisiones del cuaderno. La primera parada,<<El viajero y su péndulo>>, habla de los orígenes, del paraíso abandonado, de las sencias: la tierra, la familia, la sangre como una cruz.
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  En la segunda sección, tres golpes da la muerte sobre la puerta invisible de la madrugada. Trae un nombre escrito en la piel. Es el silencio quien le franquea el paso.
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  La tercera estación, <<Sobre la dualidad y su leve fuego>>, centra la mirada en el amor. ahí están la pareja, el balance, la correspondencia. Y también la desnudez, el éxtasis, la savia, la flor, la noche y sus secretos.

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  En <<Lo que sé de las sombras>>, cuarta jornada del itinerario, encontramos la interpretación poética de lo ignoto, lo oculto, lo hermético y ese juego de equilibrios que suelen establecer vida y muerte en su complementaria forma de manifestarse.
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  En la sección final, <<El tiempo es un joven que habita>>, se cierra el círculo trazado por el vuelo del pájaro: lo irrenunciable se ha perdido definitivamente con el paso inexorable del tiempo.
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  Una serie de versos marcados en cursiva recorren el conjunto. <<Es la ruta del pájaro>>, me ha dicho la poeta. Así, lo primero que hallamos es una guerra declarada. Y después, cargas, culpas, demonios, senderos que no llevan a parte alguna, secretos perdidos en la oscuridad del tiempo.
 
  La mención de figuras paradigmáticas como Bécquer, Darío, Lorca, Whitman, Poe, Vallejo, Eliot, Pound, Sylvia Plath y también Gioconda Belli o Carlos Pintado, hablan de las lecturas y adscripciones poéticas de Yosie Crespo. Con ese aliento, entre lo humano y lo divino, la poeta explora su trayectoria vital. La memoria, en forma de pájaro al vuelo, hace trazos arriesgados, redescubre lo vivido.
 
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Epílogo de nadie

 
Me trago una bala

como quien puede esconder

con su rabia

el mundo que muere.

 

No culpo a nadie.

 

La ciudad es una hora fatal

que devora mi alma.

 

Se acuesta en mis brazos

Cierra la puerta y se va.

 

Ahora yo no sé de otros sufrimientos

ahora el cíclope se ha vuelto pájaro.

 

Veo la noche que cae

y como un peine misterioso

burla mi voz y grito.

 

Nadie me escucha

nadie me ve

no soy un verbo.

 

Perdóname o ámame

tú elijes

yo quiero silencio.
 


El primer hombre fue mujer.
 



y Dios me hizo mujer, de pelo largo, ojos, nariz y boca de mujer


Gioconda Belli
Y me tallaron con ternura y calma

en las horas que adormece

el ave con su canto.

 

Fuera de la noche

y la negrura más grave

nacieron así mis largos muslos

mis trenzas largas.

 

Y consigo,

insinuó el reflejo de la tarde

en mi rostro

y en la algarabía del tiempo

enterró sin darse cuenta la duda.


Que nadie sepa las veces que durmió
sobre mí el demonio
cincelando mi nombre penetrado
de siglos.

 

Y Dios intacto sobre su luz amarga

decide dotarme de nuevos labios

para entonces vivir contra las aguas.

 

El primer hombre sostuvo la tierra

con sus manos de mujer

y advirtió una batalla perdida

de antemano.
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En memoria de la rosa
 
Yo nunca vi la rosa.

 

Caminé por senderos

y olvidé que mi destino era libre.

 

Como los nombres estirpados de mi cuerpo,

me rendí a la vida.

 

Yo no hice un pacto con su vientre,

no dejé mi sombrero de alas al borde del silencio

no caí muerto de cansancio

al pie de su belleza.

 

Yo nunca vi la rosa.

 

Crecí desde una piedra

con una antorcha viva

desde adentro,

no prometí portar su nombre

ahogaba así todas las puertas.

 

Ella me dejó escrito

en su canto rodado de pájaros

vagando sobre mi cabeza, el amor.

 

El susurro de su más débil recuerdo

selló con un suspiro toda mi soledad.

 

Ahora soy aquella mujer

que abraza su sangre

como si fuera una cruz.
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Elipsis de un lunar


 
Voy a decirlo todo


Soy una mujer desnuda

mirando con los mismos ojos

que me miran.

 

Emerjo desde el éxtasis

y abandono la noche

para encontrarlo.

 

Ser su lunar

la savia que me envuelve

sujeto de mi cráneo.

 

La flor es un Dios

que atribuye secretos

y no me falta.

 

Hice una casa en su lunar.

 

Como un poema antiguo

cuenta historias que nadie sabe.

 

Delicado animal invisible

conspira contra mí

como el ánima de otro nombre.

 

Voy a decirlo todo.

 

Soy una mujer desnuda

perdiendo la cabeza

entre lo humano y lo divino.


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Profecía

 
Toma mis ojos.

No los dejes entrar.

 

Tómalos desde este golpe de Dios que es real

pero simula

una lejana venganza.

 

Alguien devorará mi furia

para salvarlos de nosotros,

de esta ciudad triste

que es como el sol

y amenaza.

 

Alguien invocará mi nombre

Alguien nacerá sobre mi caos.
 

Toma mis ojos o esta lámpara encendida

que arde por las cosas que tocamos

y no vuelven.

 

Ha sido su nombre grabado

en algún hueco de este verso.

 

Su nombre ha sido siempre

la larga pausa, el otro lado

mi autodefensa.

 

Alguien regresará de tu abrazo

como los hombres que devuelven soledades.

 

Alguien hará de mi ojos

un extraño poema clásico.



Como la mano que obedece cada palabra

seguirá cada mañana el corazón

rompiéndose en pedazos.

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Ahora que vuelves

 
Un pájaro traza un cielo largo

desde la luna blanca

y surges.

 

Te miras en mí

como si fuera tu triteza

o su mismo dolor fermentado de siglos.

 

La llama viene y deja su huella.

 

Mis pasos perdidos se abren como un libro.


Un pájaro traza su corazón,
apenas,
en una palabra y desaparece.


 

Ahora te amo hasta que vuelves

toda la inmensa noche

te amo hasta que vuelves.

 

No respiro tu aliento

para que no se apague con mi furia.

 

No me aferro al espacio

para que resbale tu memoria.

 

Ahora te amo hasta que vuelvas

veinte años más tarde

te amo hasta que vuelvas.

 

Y vuelves.

 

Ahora que somos todo esto,

¿Qué será de la luz si nos acerca?
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_______________Yosie Crespo._________________




         


 


Para leer sobre la poeta pulse:



La ruta del pájaro sobre mi cabeza


 http://yosiecrespo.blogspot.com/

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