domingo, 17 de marzo de 2013

UNA RAZÓN PARA REENCONTRARNOS

BOJEO A LA ISLA INFINITA, UNA RAZÓN PARA REENCONTRARNOS
L
a poesía siempre nos impone un nuevo comienzo, una necesidad de reconstruir espacios, de buscar senderos posibles; quizás esta fue la razón que motivara a Arístides Vega Chapú (Santa Clara, 1962) para asumir la antología Bojeo a la isla infinita que publicara la Editorial Betania.
Con una bella ilustración de Zaida del Río en la cubierta, se configura un texto que nos resulta grato en la lectura y que no desentona en sus propuestas escriturales. El bojeo a la isla…, que bien nos recuerda el que hicieran los españoles en 1500, es aquí una razón para (re)encontrarnos con poetas que no residen en el país. De allí que la madurez de esta selección corrobora cuánto de lo finisecular se afianza en los escritores cubanos que radican fuera y dentro de la Isla. Quizás, en ese intento de llegar a las costas sobreviven paisajes muchos más plenos y hedónicos, donde las distancias son aparentes. Sergio García Zamora, Ihosvany Hernández González, Sonia Díaz Corrales, Juan Carlos Recio, Félix Anesio y el propio Arístides Vega Chapú nos proponen un mapa de interacciones, una necesidad de afianzar desde las raíces la verdadera cosmogonía de estos tiempos: La isla.
Pequeña y breve pudiera ser la selección que nos entrega Betania, pero intensa y plural pudiera ser la bandera de esta pequeña embarcación que nos disemina con su canto. La angustia es un leit motiv que aparece a nivel de subtexto, como si la salvación fuera la ruta deseada y no el final de la travesía. Hay otras razones que se articulan en esta muestra y que denotan depurados estilos.
Sergio García Zamora, nos inquieta con una poética de lo aparente, es como un trazo breve y fugaz que va quedando en cada territorio del poema, pero nos singulariza una voz que no necesita altisonantes para ocupar un espacio. Sus versos se adentran con una mirada casi críptica, en esas pequeñas realidades, donde tal parece navega hasta llegar a puerto.
Ihosvany Hernández González, nos dice: regresas / al punto de partida / después de asumir la nieve y el sahumerio de una ciudad / y a partir de allí nos impone su viaje órfico que nos hace enmudecer, intentando desde su imaginería recordar una y otra vez lo que fue suyo o prefiera recordar. Pretexto este que nos advierte de un escritor que bien se ha tomado en serio el asunto de la creación.
Sonia Díaz Corrales, nos inquieta cuando intenta escribir todo el silencio, en este bojeo donde ella ha preferido recordar al abuelo, o recapitular la noche donde fuera feliz, o el instante en que no lo fuera y se inquieta por un rey, la poética aquí es un divertimento para golpear otras paredes más reales. Grato ha sido leer su poema Respuesta a los mensajes de Spam de Mr. John Patterson, donde la sabía con que se asume lo coetáneo nos afianza un universo muy autentico y casi inexplorado en el tractus de la poesía cubana.
En Juan Carlos Recio, el verso se asume desde una atmósfera del diluvio, que nos recuera la poética de Rimbaud. El poeta es un navegante incontinente, y su creación es su nave, un / otro “barco ebrio”, donde se articula un discurso ante lo desconocido y ante el dolor. El poeta reconoce sus verdades, anda por los trillos más reconocidos y dice: “si voy a reconstruir algo / no puede ser el olvido”. La poesía como un modo de escapar es aquí la necesidad de estas palabras dichas con el aliento del que no puede decir otra cosa; estos poemas de Juan Carlos Recio nos imponen siempre volver a sus poemas, como bitácora de un viaje, alrededor de sí mismo, para anunciar otras cosas que bien sabemos cómo se definirían.
En Félix Anesio, la poesía se sustenta en una filosofía donde los vórtices son necesarios. La muerte pudiera figurar sobre su mano pero no en su corazón. La palabra que asume es un mapa donde los territorios son tan precisos como la felicidad. Su poética, para mí hasta hoy desconocida, nos sumerge en un imaginario lleno de redefiniciones que bien aplaudo por lo versátil del encuentro.
Arístides Vega Chapú, aquí incluye sus poemas, como propuesta noble para seguir el trayecto, en ese bojeo que no es tan lineal como la isla, ni tan periférico por las costas, por muy aparente que nos parezca. Aquí el antologador busca tierra adentro, y también tierra afuera, para devolvernos con intensidad lo que ha descubierto ante sus ojos. En ese empeño debemos agradecer por la muestra que se ofrece a la Editorial Betania, para que en este volumen de alrededor de 90 páginas, el lector pueda seguir reconociendo algo de lo que el Almirante había dibujado como aquella isla, “ la más hermosa que ojos hayas visto, llena de muy buenos puertos y ríos hondos, y la mar que parecía que nunca se debía de alzar…”
Luis Manuel Pérez Boitel
Poeta cubano
Para hacer pedidos, escriban directamente a la Editorial a Pedro Pablo a: revistaentrelineas@live.com
También el libro esta a la venta al público, a precio promocional en la página web de la editorial, aqui les dejo el enlace, para si quieren hacer alguna promoción:

 
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domingo, 3 de marzo de 2013

Los cabezones de Camajuaní


Los cabezones de Camajuaní: un libro que ni se alquila ni se vende

 
Por: Edelmis Anoceto Vega

 
Cuando en la introducción a Fieras broncas entre Chivos y Sapos René Batista escribió que había podido atrapar la memoria histórica de esas fiestas durante más de un siglo,[1] no estaba dando por concluida su aproximación a este suceso cultural que le era tan caro y que, de hecho, constituyó elemento esencial en su vida y en su obra. Si bien aquel volumen de 2006 es uno de los textos más importantes que se hayan dedicado a esas festividades —el propio René Batista había publicado con anterioridad libros y artículos periodísticos sobre el tema—, existen dos razones para que este autor continuara incursionando en las mismas con la vehemencia y la pasión que lo caracterizaban. Una es la riqueza indiscutible y el caudal de elementos artísticos que se imbrican en las parrandas, los cuales ofrecen mucha tela por donde cortar, gracias a que, con mayor o menor calidad y apego a sus esencias, el evento se sigue celebrando cada año; la otra es la vocación y la voluntad de este investigador, cuya capacidad de trabajo mantuvo hasta los días finales de su existencia. A esto último se debe precisamente que aún hoy podamos seguir disfrutando de libros póstumos como La fiesta del Tocororo o El vuelo de Andrés La Batúa. Este disfrute solo se ve manchado por la imposibilidad de contar con la presencia del autor para compartir con él la satisfacción de ver sus investigaciones plasmadas en blanco y negro.

Esa es exactamente la situación en que me encuentro hoy ante su Los cabezones de Camajuaní. Una tradición canaria, publicado por la Editorial Idea de Tenerife, Islas Canarias, 2012, libro que desarrolla en toda su magnitud el fenómeno que René esbozara en el tercer capítulo del mencionado Fieras broncas… En el presente, como en aquel, se aprecia la intención del autor de respetar la expresión coloquial de los relatores en virtud de la naturalidad y de una comunicación con el lector que apela más a la oralidad que a la literatura. Así visto desde su aspecto formal, el volumen tiene como primera virtud algo ya recurrente y distintivo en la obra de René: la gentileza con que se dirige al lector para exponer más que teorizar. Se trata de una urdimbre articulada en una gracia estilística que se apropia de la especificidad oral como vehículo de expresiones artísticas que hallan referentes en al cultura universal.

De inmediato estamos en presencia del cabezón como figura prácticamente reducida a la invención particular de los habitantes de una localidad, pero que alcanza dimensiones extraterritoriales al encarnar personajes como Liborio, Harold Lloyd, el Tío Sam, Popeye el Marino y Romeo y Julieta, por ejemplo. La historia y la tipología de los cabezones, su especificidad como creación artesanal y en complementación con otras manifestaciones artísticas como la música y la poesía popular son el hilo conductor del volumen, pero durante la lectura no podemos evitar que mediante la palabra viva se nos bosquejen los rostros de los testimoniantes y experimentemos, de alguna manera como coprotagonistas, los sucesos narrados. Así se equilibran magistralmente divertimento y profundidad conceptual, pues en la exposición ingenua se esconde lo verdaderamente enjundioso del mensaje de estos hombres de pueblo, quienes sienten su participación en la parranda no como un acto de repercusión cultural sino como un simple hecho de su más natural cotidianidad pueblerina.

Es la parranda camajuanense un fenómeno de la cultura popular que cuenta entre sus particularidades identitarias al cabezón, de hecho su evolución en el siglo xx está atravesada por la presencia de este elemento bailable, aunque también por el profundo vacío que ha marcado su no aparición en las últimas décadas de esa centuria y hasta nuestros días. Debe considerarse que una expresión de tal espontaneidad como el cabezón de parranda, como cualquier otra, parte de una necesidad y halla su justificación en las interioridades socioculturales que rigen el pulso de la creación popular; los pueblos le abren sus puertas, la acogen y la protegen como algo valioso para su propia existencia, aun sin caer en la cuenta de esa realidad. Propiciar su continuidad sin violentar con fórceps esa acogida es, por lo tanto, una forma directa de proteger las comunidades de agentes externos nocivos como los medios masivos de vulgarización y banalización, siempre al acecho para llenar vacíos espirituales; por otro lado, el soslayarla o minimizarla mediante una filistea devaluación puede abrir profundas heridas en la psiquis colectiva y en la calidad de vida social. Es por ello que esta compilación de testimonios nos convoca, más que a evocar, a tocar sensibilidades y a remover conciencias acerca de la pérdida de este elemento competitivo de los barrios parranderos. Nada mejor en ese empeño que pasar por alto estudios científicamente prejuiciados que desde las distancias burocráticas y laptopcráticas ven desvanecerse lo que las comunidades han forjado durante tantos años y que muchas veces constituye parte esencial de sus vidas.

Urge ir directamente a presentar, por ejemplo, a la familia de cabezones que se topa con un funeral a las tres de la mañana, o al hombre que estuvo cinco días con el cabezón puesto, o a los cabezones autodefensivos, o la posible intervención norteamericana en la Isla por el secuestro de un cabezón, o la boda de dos cabezones que luego tuvieron tres cabezoncitos, al parrandero que al rescatar el suyo sentenció machete en mano: «¡Arriba, bola ’e cojones, echen el cabezón pa’ arriba del camión o los hago picadillo!», y luego colocó un cartel en la fachada de su casa que decía: «No moleste que no presto el cabesón no lo alquilo no lo vendo y lo bailo cuando me de la gana gracias».[2]

Atrapar la memoria histórica de las parrandas no era para René Batista otra cosa que tocarla con la mano, posibilidad que tuvo, por supuesto, al ser protagonista y espectador excepcional de las mismas. Era acopiar cuanta foto existía y cuanto impreso se publicaba; era preocuparse en detalle por el procedimiento artesanal en la fabricación del cabezón, los materiales, el vestuario, la forma de bailarlo, su relación con manifestaciones como la música, la danza, la décima y las artes plásticas, su iconografía, el impacto que producía en los pobladores según fueran estos menores o adultos; pero sobre todo era, mediante sus propias palabras, por más sencillas y campechanas que fueran, salvar del olvido a los hombres y mujeres que hicieron posible este hecho cultural y otorgarles con ello un lugar de trascendencia que difícilmente tenga cabida en otro tipo de investigación folclórica.

Con este libro se reafirma además la validez de un género que en los últimos años viene ganando plazas en el movimiento autoral villaclareño, y que marca una diferencia con respecto a otras provincias —revísese en este sentido los premios Memoria del Centro Pablo—. Mucho ha tenido que ver en ello que sea el nuestro uno de los pocos territorios, si no el único, desde donde se convoca un premio de testimonio. En el devenir de esa práctica en predios villaclareños, con antecedentes emblemáticos en José Seoane Gallo y Samuel Feijóo, la figura de René Batista se suma como ejemplo impulsor de una labor literaria muchas veces preterida y subvalorada por instituciones reduccionistas, exclusivistas y «belloletristas», tanto editoriales como de promoción.

Se hace preciso aclarar que si bien en el título se especifica que se trata de una tradición canaria, la indicación sirve solo como punto de partida para desarrollar el proceso de arraigamiento en Camajuaní, por ello bien se lee en la introducción, donde el autor hace una reseña histórica desde la aparición del cabezón en Cuba y luego en su pueblo natal, que «lo demás es historia que va a ser contada por los testimoniantes».[3]

El hombre y el investigador René Batista sabía, quizás de manera intuitiva, que una tradición tiene nacimiento y muerte naturales, pero también, por experiencia de vida, que esta puede romperse de manera forzada, quedando solo rutinas que no refieren a ninguna verdad esencial del contexto donde tuvo surgimiento, dando lugar a fetiches y reproducciones esteriotipadas que no se ajustan a los marcos establecidos por la misma tradición. El escritor René Batista sabía a todas luces que la creación popular era el indicador más elocuente de la riqueza espiritual de sus conciudadanos, mostrarla al mundo fue un hecho de puro altruismo, pero también uno de sentido de pertenencia y de amor a su pueblo. Camajuaní debe tener ese gesto en gran estima. En este sentido se impone llamar la atención a los implicados en las parrandas camajuanenses, instituciones, instancias de gobierno y pueblo, sobre el hecho de que paradójicamente es en esta publicación foránea, que por derecho propio merecería un sitio en cada biblioteca particular del poblado, donde queda perpetuada una zona de su identidad que a nadie incumbe más que a ellos.

 



[1] Cfr. René Batista Moreno: Fieras broncas entre Chivos y Sapos, Editorial Capiro, 2006, p. 11.
[2] Se respetó la ortografía.
[3]

viernes, 15 de febrero de 2013

"Bojeo a la isla infinita"


 

La 2da edición de "Bojeo a la isla infinita" en formato impreso bajo demanda ya esta disponible en la Editorial Voces de Hoy de Miami, con un excelente trabajo de edición de Pedro Pablo Pérez Santiesteban. La 2da edición tiene nueva portada, con el mismo dibujo de Zaida que es exclusivo para este libro y un nuevo numero de ISBN.

Para hacer pedidos, escriban directamente a la Editorial a Pedro Pablo a: revistaentrelineas@live.com

También el libro esta a la venta al público, a precio promocional en la página web de la editorial, aqui les dejo el enlace, para si quieren hacer alguna promoción:


 
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Video promocional: "Bojeo a la isla infinita":
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domingo, 2 de diciembre de 2012

Génesis: Idamanda en la Trinidad

 
Fragmentos del Génesis en Libro de la Salvación.
Video basado en el capítulo “La Trinidad”, de la novela de Armando Añel “Apocalipsis: La resurrección”, que se presentará en Miami el próximo viernes 7 de diciembre, a las siete de la noche, en la tertulia La Otra Esquina de las Palabras (Café Demetrio: 300 Alhambra Circle, Coral Gables).

No se lo pierda:
http://www.youtube.com/embed/RUb4nbIn174

Neoclub Press.

Para comprar el libro, pulse:

https://www.createspace.com/4076616

                           Authored by Armando Añel Tiene lugar el Apocalipsis y renace la humanidad frente al mar, con la espuma coronando los pies de Idamanda. Apocalipsis: La resurrección propone un salto espiritual renacentista tras la caída del mundo tal y como lo conocemos, rehén del miedo, el deseo y la soberbia. Como puede leerse en la introducción del libro, en la inocencia está la salvación: Sólo el niño puede crecer y divertirse en el proceso.

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CONVERSACIONSES


 

La voz del otro lado asume con gravedad

la idea de verse a su deteriorio

algo de una frase hiriente:

sobre el amor que no le dice si es odio

y repite, antes de que cierre ese acto

porque no sabe amar sin que se lo digan

algunas personas asumen la idea de mentir

como si todo fuese un discurso conocido

ante un espejo.


La voz dijo que pudiera entender las etapas

donde salen de los sentimientos

algunas bocanadas hechas con prisa

supongo eran de humo o niebla

es muy duro entender la vida que otros

quieren  para ti, casi igual a una apuesta.

Al final, quienes se procuran lastimar

no lucen de arrepentimientos

ni lucen con exactitud lo que padecen.

Si uno cierra esa voz a tiempo

puede irse a otro fondo de claridad

donde los cuerpos no necesitan esconderse

y  vistos sin premura

dicen mucho de amar sin necesidad que te responda

el otro falso contenido del espejo.

Una sola cosa pude decirle:

ama lo que eres antes que desaparezca

la gente suele irse a alguna parte sin saber

y en realidad uno debe ese conocimiento

cuando no tiene el vidrio donde instruir

la pena de otros en lo que de verdad das pena.

 

He amado siempre mis verguenzas

sin que importe tanto lo que me castigan.

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martes, 13 de noviembre de 2012

Adios a «Cascarita»


Por Alexis Castañeda Pérez de Alejo

 
En la tarde de ayer lunes, 12 de noviembre, falleció Martín Chávez, el célebre «Cascarita», conocido en los últimos años como el emblemático cantante de la agrupación Los Fakires

Comienza su vida artística siendo todavía niño. Integró como vocalistas diversas agrupaciones con la cuales realizó un sinnúmero de giras nacionales alternando con artistas de renombre nacional e internacional, como Beny Moré y Pedro Vargas.
 Felo Valdés y Casacarita ( foto archivo) Tomado de CentroArte Web, Santa Clara.)

En el año 1956 integró la Orquesta de Beny García, luego la Orquesta Hatuey, la Venecia, con esta última se mantuvo 25 años, después pasó al Conjunto Moderno, más tarde La Sonora Cubana y por último el conjunto Los Fakires, en el cual se mantuvo hasta hace muy pocos años, alcanzado gran éxito nacional e internacional. Entre 201 y 1005 realizó giras por España, Inglaterra, Polonia, Bélgica, Alemania, EE,UU, Japón, Malta y Venezuela. Desde 1994 mantuvo con esta agrupación el espacio mundialmente conocido comoViernes de a Buena Suerte en El Mejunje de Santa Clara

Es considerado una rareza o uno de los últimos representante de una escuela tradicional de canto popular cubano.

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viernes, 12 de octubre de 2012

Sagradas Pasiones















Prólogo Sagradas Pasiones


García Lorca, hacia 1918, a todas luces deslumbrado por las Poesías completas de Antonio Machado escribió, encima del libro, un poema que hoy es considerado su primer manifiesto poético y que luego devendría en prólogo con el título de Sobre un libro de versos. El entonces bisoño poeta granadino escribe al final del hermoso poema:

Como en el horizonte

Descanso las miradas.

Dejaría en el libro

Este, ¡toda mi alma!

Y es que la literatura, especialmente la poesía, puede provocar el éxtasis y despertar las más fuertes emociones. Doy fe de ello… He sido siempre un ferviente enamorado de las palabras; desde pequeño me dí a la tarea de leer apasionadamente, pocas cosas me producían tanto placer como un buen libro; así comencé, guiado por solícitas manos entre libros de ordenadas bibliotecas ajenas. Con el paso de los años, ya en plena adultez, he llegado, en gesto de soberanía y de madurez intelectual, a escoger mis propias lecturas, las que decido según mi gusto personal. Leo, siempre que puedo, todo lo que me gusta, todo lo que me da placer leer, así como lo hiciera también Dylan Thomas; sólo el Tiempo es mi única preocupación: ese gran enemigo de toda obra humana; el mínimo tiempo indispensable que la vida pueda concedernos para emprender nuevas lecturas, nuevas aventuras estéticas y nuevos proyectos.

Hoy llega a mis manos (¡Deo gratias!) un nuevo poemario cuyo solo título presupone la entrega absoluta de su creador Arístides Vega Chapú. Lo hojeo al azar (no puedo evitar esa vieja costumbre) y me tropiezo con esta lancinante idea poética:
Escribo a merced de morir,

cuánto miedo me produce la belleza.
Impresionado por estos versos—y otros tantos— y ante el presentimiento de una sinceridad que no trafica con gratuidades, facilismos, o con la mera muestra del oficio de escritor experimentado, hecho y laureado —si es que acaso ese oficio pueda aplicarse a la poesía— leo cada poema, los releo, vuelvo al título que en sí mismo constituye todo un manifiesto poético, una confesión muy íntima, una profesión de fe: Sagradas Pasiones.

Nombrar así un poemario presupone un acto de valentía rayana con el heroísmo; una profunda urgencia del espíritu que aflora como un grito de fe y libertad de su autor, quien nos confiesa antes, haber escrito con heroicidad sus versos, entregándose al abismo tan solo para disfrutar de la caída.
Ya conocía algunos libros de Vega Chapú; también, de su encomiable labor como promotor cultural en la Isla más distante; del respeto que goza allá, así como en otras latitudes. Más debo decir que hay algo curioso en este prólogo, y es que lo he escrito sin haberlo conocido aún personalmente, sin haber sostenido siquiera un breve diálogo —género literario tan válido cuando se trata de investigar las más hondas motivaciones de la entrega. No obstante, obviando esas nimias barreras de la (in)comunicación, me sumerjo en las profundas aguas del poemario en el que muchos lectores podrán verse identificados según sus propias experiencias de vida, atreviéndome a asegurar que se conmoverán ante las pasiones develadas como una estampida de los Cristos del alma vallejianos, con un alto lirismo.
No sería hiperbólico, ni desmedido, declarar que Sagradas Pasiones es, hasta la fecha, el poemario más hermoso de Vega Chapú, criterio que compartirán muchos lectores y que el propio autor no desdeñaría, aunque sea ajeno al encomio, ya que lo sabe sincero, honesto y poéticamente emocionado. Los invito, pues, a disfrutar verso a verso, de esta inspirada obra que cautiva por su esplendor, quedándose impregnada nuestra alma, como por ósmosis, en cada una de sus páginas y descansando en el horizonte la mirada…

Félix Anesio

Miami. Agosto, 2012.

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PASIÓN POR FRIDA KAHLO.


a Agustín Labrada.



Aferrada a tu hombre,

como si pudiera salvarte de escuchar el persistente sonido

de las campanas abiertas a la mitad.

Sonido semejante al de dos piedras friccionadas

hasta evidenciar la amarga luz de su mineral anunciar la muerte.

Admiro la paciencia de entornar ojos tan hermosos,

como si la luz capaz de adueñarse del estático cielo mexicano

alcanzara un peso irresistible.

Estás obligada a disfrutar a solas de ese instante irrepetible

en que se traspasa el límite sin miedo,

pues todo es renuncia.

Con la liviandad de quien anda de mano de su creador

tus ojos observan la figura oculta del otro lado de la luz,

desconociendo cuál de las dos es real.

Adviertes que estás en el mismo paisaje de tu sueño

en el que la Virgen de Guadalupe

se presenta con el rostro de tu madre.

A pesar de mi temblor sostengo las flores

que imaginé para ti,

colores tan reales como el amarillo, lila, rojo.

Las quise dibujar pero no se me concedió el don

que arrebataste

creída de que sería un alivio a tu dolor.

Olores antiquísimos que conservas en un cofre,

regalo de Diego,

como manera de estar en paz

y reconocer el cielo que aprenderás a atravesar,

quiera Dios delante de mí.

Hubieras preferido conservarlo en tu vientre

y no en un cofre,

pero tantas apariciones perturbaron tu endeble equilibrio

en una cuerda no prevista para una mujer.

No dejes que el dolor se apodere de ti,

te paralice como si le pertenecieras.

No dejes que el dolor ocupe tu cabeza

y las aves no puedan arrancarla

como parte del espectáculo de la noche

en la que todo está por reconocer.

Al menos esa sería una imagen para venerar siempre,

pero tú no necesitas alas,

ni dolor,

ni andar cabizbaja

como si desconocieras que tus días tienen la fragilidad

que lo mortal imprime a lo verdadero.


PASIÓN POR MI OFICIO.



Heme dispuesto a revelar con el silencio de las palabras

todo cuanto de frívolo acoge mi corazón impuro

como los ojos

que han subastado más de un áspero paisaje.

Con tanta exactitud lo dibujo

que nadie rehusaría escuchar sus latidos.

También he escrito con heroicidad mis versos

en cortezas húmedas y distantes

como el abismo al que me entrego

tan sólo para disfrutar de la caída.

Admito que no me pertenece la sabiduría,

sólo presto mis manos

para que Dios escriba

cuanto considere justo y necesario.

Gastón Baquero

CONVERSACION CON GASTON EN SAN JOSE



“Volverás de nuevo a decirme adiós”,

dice Gastón Baquero, y no le creo.

Bajo el intacto cielo que desconoce la noche,

no será posible.

El destino trazará el mapa

del país que he imaginado.

Podré despertar,

solo y nostálgico en Madrid

o en un accidental paisaje

al que me aferro

por no encontrar nada

en derredor que sienta como mío.

En el lento cielo las estrellas se reflejan

sin ofrecer descanso.

Quiero dejarlas caer sobre el papel

cuando el cielo en su extensa región

se nos vuelva a mostrar amaneciendo en Madrid,

en la isla,

o en cualquier otro paisaje

de los que navegan

el profundo océano del deseo.

Aspiro una bocanada del habano

y sigo las efímeras rutas del humo,

hasta regresar a la bodega de mi pueblo

donde todos se conocen,

y continuar una conversación familiar.

Lo que recuerdo no podrá ser relatado,

aunque caigan todas las estrellas

sólo para satisfacerme un deseo.

Si alguien pudiera recordar el pasado por mí

me agotaría menos,

pero estoy solo con la foto del joven Maceo,

sin machete a la cintura,

la almidonada banderita y una flor de majagua.

Me apropiaría de todos los recuerdos

como si fuesen los míos,

y así los ojos enrojecidos no se desesperarían

al no ver el país que he imaginado

dormir, como un ángel, en mi hombro.

_____________________________________________   El libro se puede comprar online en el portal de la editorial: http://www.vocesdehoy.net/aristides_vega_chapu.html


Para leer sobre el autor pulse:

http://www.sentadoenelaire.com/2010/04/donde-no-quise-volver.html
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domingo, 29 de julio de 2012

EN LA SOMBRA DEL SILENCIO


Apuntas a todo silencio


y no sabes, no quieres


ver en la sombra de las palabras que fueron


cuando el cuerpo tibio


era en el discurso de los cómplices


todo el esplendor de un cielo


puesto debajo de tus pasos


como si caminar de espaldas


te iría a salvar de cada abismo.

Hace tiempo tus senos no dan leche



y no aparecen con frecuencia


aquellos peregrinos que tomaban de tu sexo


hasta dejarlo seco


_o, en sus_


gargantas irritadas se desvanecía.


Nunca



puedes imaginar la sombra


que puedan tener


los días del futuro


lejos de tu país


conforme con la cuota de libertad


que te llevan hasta un atardecer


a ver de fuera lo rojizo


y la vida consume


aquellos suspiros que comparabas


con el sudor mezclado en los sacos de azúcar


de esos estibadores de la nada


que suponías iban a sacarte lejos


del plomo de aquellos presentes


donde querías toda la libertad sin miramiento.

Dibujo Gélico



Hace mucho no has visto



ni de lejos arder cañaverales


hace un silencio que deja fuera


el recuerdo sobre el color de la ceniza.





Luego, escuchas las voces


de uno y otro lado quemándose


y no puedes aclarar y no deseas


una mierda de convencimiento;


los sordos tejen ese ruido:


a ellos la patria les pertenece,


a ti te lleva a la sombra del silencio.

viernes, 8 de junio de 2012

DE LECTURAS QUE POR ADELANTO NOS ROBAN.

Algunas razones o cuestionamientos no tienen una respuesta inmediata o clara en nuestra mente. Cuando hace algunos días, en un viaje en bus hasta mi trabajo, conversaba por teléfono con Sindo Pacheco, sentí uno de esos estados de ánimo donde sin motivos aparentes, algo me preparaba para una lectura que ha llegado ahora vía online. El beso de Susana Bustamante.  En dicha conversación telefónica, el Sindo y yo, tocamos el tema de La Presa Zaza, de los días lluviosos en Santi spíritus, incluso de que sus nietos bien parecidos -que además posan en las fotografías-  como personajes de cine, los gatos y cuanto  ser respira en su casa, de alguna manera se me parecen a muchos de sus personajes por venir. Como no soy un adivino, mejor un papagayo, aquel fragmento de conversación al concluir, me dejó con la idea de que dos campesinos tuvieron una charla sobre cosechas y cosas por el estilo y con ese augurio de sabios que se adelantan y leen en la naturaleza y estado de las cosas, me bajé del ómnibus con aire de conquistador sin todas las respuestas, claro; pero uno de esos conquistadores de tiempo que suelen aprovechar los más simple de los diálogos para entrarle a el trabajo como si no fuera nada tedioso, y sin la clásica pregunta: ¿Quién inventó tal artefacto de mortificaciones anímicas? 
Sobre esto de imaginar lo que otros escriben sobre lo que imaginan o crean, soy más que espiritista, un médium; además, supongo porque conozco de ese mundo infinito que este narrador siempre lleva en su cabeza, no solo de lecturas a libros suyos, sospecho que no siempre las personas hacen corresponder lo que hablan con lo que piensan, de modo que mucha gente a veces me suena a personajes de sus historietas, pero al Sindo que conozco, nunca lo veo en otro personaje que no sea el mismo. No quiero regalar una crítica o tratado para sostener nada, lo que descubro desde el lector lo promuevo desde el gusto y el disfrute y lo sueno al aire, donde suelo sentarme como si fuera aquel personaje: Hucckcleberry Fiin, metido en un barril con su pipa y sus palabrotas, desde donde el mundo era muy pequeño en comparación con su fantasía. Sea, este fragmento un regalo para quienes la buena lectura les suele provocar motivos suficientes de que buenos augurios y buenas cosechas, son como hermanos gemelos vistos desde un lente muy nítido o un buen espejo.




Juan Carlos Recio

NY Junio 7, 10.39 am, del 2012.

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CAPÍTULO II


UNA VISITA TENEBROSA





Ya era casi de noche cuando nos reunimos en la esquina. Un viento misterioso movía las hojas de los árboles.

—¿A qué hora es la cosa? —preguntó El Abuelo.

José miró su reloj.

—Todavía es temprano.

Dimos una vuelta por el barrio en busca de enemigos: Camacho o los jimaguas, o de Carburo en persona, pero las calles estaban desiertas. Algunos borrachos cantaban junto al traga-níkel de la cafetería de Graña, y un perro sin rabo bajó a toda velocidad por Masó en dirección a la cañada.

El cementerio queda por la carretera de Santa Lucía, por lo que hay que hacer un recorrido grandísimo, cruzando el centro del pueblo hasta llegar al otro lado.



El centro son cuatro o cinco cuadras de tiendas de ropa, con vidrieras y espejos; y de cafeterías y bares, donde los hombres beben ron a cualquier hora del día o de la noche. Hay una heladería, cuya máquina hace girar unas paletas y el helado va naciendo a la vista de todos. Además, hay un parque de sentarse los viejos, y otro parque infantil, un cine, y una terminal de ómnibus con guaguas para ir a Sancta Clara, Sancti Spiritus y hasta a La Habana si uno quiere.

para ir a Sancta Clara, Sancti Spiritus y hasta a La Habana si uno quiere.


Pasamos junto a la heladería.

—¿Y por qué no nos comemos un helado? Yo tengo treinta quilos —le pregunté a José. Cada vez que yo paso frente a la heladería me dan deseos de comer helados. La heladería huele a coco, a mangos, a naranja-piña y a mermelada de guayaba.

José tendió la mano.

—Dame acá esa plata.

Le entregué las monedas.

—¿Alguien más tiene dinero?

Chencho sacó seis quilos, Cuatrojos, un peso, y El Abuelo y Rafa, dos monedas de a veinte cada uno. José juntó todo y lo metió en su bolsillo.

—De ahora en adelante, la plata que tengamos no será de nadie, sino de todos. En una buena pandilla, las cosas son de todos.

En el bar de Antonio, José compró una caja de cigarros y una de fósforos, y el resto del dinero lo desapareció en su bolsillo para formar un Fondo Colectivo de Emergencias.

—¿Qué es un Fondo Colectivo de Emergencias?

—Sirve para comprar armas, pólvora, municiones, y todo lo que haga falta. Cuando asaltemos algún banco, ya no pondremos más dinero en el Fondo Colectivo.

Nos sentamos en el parque del Paradero. José prendió un cigarro y lo fue pasando a los demás. Todavía yo no había dado mi fumada, ni tosido, cuando se puso de pie.

—Vamos, mis valientes —dijo, alzando el puño derecho.

Sus valientes éramos nosotros y lo seguimos a través de la calle, que más adelante se convertía en carretera antes de llegar al cementerio.

Cuando íbamos dejando atrás la parte más alumbrada, Cuatrojos se volvió y empezó a caminar de espaldas.

—¿Por qué no lo dejamos para otro día?

—El que tenga miedo que se quede.

—No es miedo, pero ya es bastante tarde.

José hizo un ademán y echó a correr.

Detrás de él iba Rafa, y El Abuelo, y después Chencho, Cuatrojos y yo.


El cementerio tenía un alto muro en toda su parte de alante, con un portón grandísimo al centro. A través de la verja vimos la entrada principal que se perdía en la oscuridad. Había muchas tumbas, con cruces de cemento, y otras enormes como casitas de verdad a ambos lados de la calle principal. Más atrás se veían menos construcciones, y luego una negrura casi total. Pero lo más impresionante era el silencio que allí había. Únicamente el viento hacía fiuuuuuuuu, sobre las tumbas de los muertos.

Cuatrojos silbaba aquello de Marcelino pan y vino, todo pan y todo vino.

—Cállate, imbécil —le soltó José.

Cuatrojos se calló, pero El Abuelo empezó a toser bajito.

—La muerte es del carajo —dijo Chencho.

—¿Por qué?

—Porque sí. Esos muertos estaban vivos, y ya no. Ya no pueden hablar ni pensar ni nada.

—Ni sentir — dijo Rafa.

—Ni comerse un helado —dije yo, que seguía con las paletas girando en mi cabeza.

—¿Qué tú sabes, Chencho? —dijo El Abuelo—. José habla con los muertos.



José no le tiene miedo a nada. Pasó para quinto y nosotros para cuarto, a no ser Chencho, que repitió tercero. Todas las noches salen muertos en su cuarto, y él como si nada. Apaga la luz, les suelta cuatro carajos, y los tipos se asustan y se van. Yo no sé si cuando llegue a quinto, podré dormir con un grupo de muertos en mi casa.

José encendió otro cigarro, soltó el humo por la nariz, y se quedó pensativo mirando las volutas que subían, pero con la mente en otra parte igual que en las películas.

De pronto dijo:

—Adelante.

Ya Rafa estaba trepando la pared, cuando se asomó una figura en la puerta. Cuatrojos echó a correr de sólo verla. Yo me quedé medio indeciso.

—¿Qué pasa? —dijo la figura.

—Queremos ver al enterrador.

—¿Para qué quieren verlo? El sepulturero no está aquí. ¿No ven que el cementerio está cerrado?

—Sí, pero nos hace falta saber…, es decir, ¿usted sabe si hay alguna fosa abierta? Necesitamos enterrar a un bastardo.

—¿Cuándo murió?

—No ha muerto todavía, pero mañana cantará el manisero de un flechazo.

El hombre se quitó el sombrero y se rascó la cabeza.

—Mejor se largan ahora mismo. Los cementerios no son lugares para andar mataperreando.

—No nos vamos nada. El cementerio es del pueblo. En el socialismo todo es del pueblo —lo desafió José.

—Vamos, vamos, piérdanse ya, antes que llame a la policía.

—Somos Los Halcones.

—¿Qué halcones?

—La pandilla más temible. Podemos cortarle la cabeza.



—¡Ah, carajo! —el viejo corrió hacia el interior, seguramente a buscar una escopeta.

Del cementerio hasta el barrio son como dos kilómetros. Llegamos jadeantes, con la lengua afuera, y nos reunimos bajo la luz del poste de la esquina.

—Al enterrador hay que verlo por el día. Hablaremos con él para que nos abra unas cuantas fosas; pero todavía nos falta el juramento si queremos ser la pandilla más temible del mundo.

                       _____________FIN______________

Para leer sobre otros libros del autor, pulse:
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Sindo Pacheco (Cabaiguán, Cuba, 1956) Premio El Caimán Barbudo (1990). Ha publicado Oficio de Hormigas (cuentos, 1990) Premio Abril; y las novelas Esos Muchachos y María Virginia está de Vacaciones. Esta última recibió el Premio latinoamericano Casa de las Américas, el premio anual La Rosa Blanca que concede la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y el Premio de la Crítica a las mejores obras publicadas en Cuba durante 1994.


En 1995 recibió el premio Bustar Viejo, de Madrid, España, por su cuento Legalidad Post Mortem.

Cuentos suyos han aparecido en las antologías “Cuentos de la Remota Novedad”, “Los muchachos se divierten”, “Diana”, “Fábulas de ángeles”, “Antología del cuento espirituano”, “Punto de partida”, y en diferentes revistas como Bohemia, El Caimán Bardudo, Letras Cubanas, Casa de las Américas, entre otras. Textos suyos han sido publicados en México, Rusia, Venezuela, Argentina y España. En 1998 la Editorial Norma, Colombia, publicó su novela juvenil María Virginia, mi amor (finalista del Premio Norma-Fundalectura); y en el 2001, su novela Las raíces del tamarindo, fue finalista del Premio EDEBÉ, y publicada por dicha editorial en Barcelona. En el 2003 la Editorial Plaza Mayor, de Puerto Rico reeditó María Virginia está de vacaciones. En el 2009 salió Mañana es Navidad por la editorial Iduna de Miami, y María Virginia mi amor por Gente Nueva, La Habana.

Actualmente reside en Miami, Estados Unidos.

viernes, 1 de junio de 2012

¿Hacia dónde miras...?

¿Hacia dónde miras, Dylan?

¡Dime tarde!, ¿su reflejo

transparenta en el espejo

la luz? ¿Y con él germinan

estos ojos que caminan

lentos, a la medianoche?

¿Existe, dime, un reproche

para el niño que trasciende

su soledad, y no entiende

de mañanas, o de noches?

Dylan, ¿hacia dónde miras?

qué buscas, ¿un horizonte,

un canto leve del monte,

aguaceros, llantos, iras,

ayeres, páginas, piras?

Qué buscas, dime, y lo encuentro

con mis manos viajo al centro

de tu planeta celeste,

viajo al norte, al sur, al este

en toda selva me adentro...

¿Miras Dylan?, ¿hacia dónde?

¿Quién sujeta, allí, tu mano,

quién robustece el arcano,

quién de tu rostro se esconde?

No soy marqués, no soy conde

no profetizo el futuro

pero te miro y auguro

que serás el capitán

de la nave donde irán

derribándose los muros...



Geovannys Manso

Caracas, mayo 30 de 2012
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