lunes, 14 de junio de 2010

RETRATO DEL OTRO

Dibujo arriba, Aida Ida Morales. Abajo le siguen dos de Samuel Feijóo Tomado de la Revista Umbrales, Villa Clara, Cuba.
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Si la poesía se pareciera a la censura yo no fuera poeta. Tampoco debe explicarse el tema, o regalar esa gracia natural que la palabra acomoda. Es el logro lo que importa, con estilo o voz generacional. Para mí siempre que exista un contrapunto antipoético que impida que esa contención y ritmo del verso fluya, no solo porque las palabras menos poéticas no encajan, o porque las armoniosas no fueron colocadas con exactitud; es una licencia que no nos permite buscar otras lecturas y se queda uno como si fuera un bobo de pueblo apedreado por unos delincuentes. Si esto es así, no hay nada que salvar, existe el hombre pero no encontramos la pausa con la que el poeta respira.

En los últimos tiempos no solo me he reencontrado con amigos a través de sus libros, pero la mayoría de las veces son encuentros online, por facebook, o por el e-mail. Otras personas las voy guardando en mi corazón por esa razón virtual que no pondera espejismo, voz moral o juez de bando político, me acercan sus acciones, literatura y pensamiento de una identidad cultural que me incorpora. Entre esos amigos virtuales (no puedo por falta de espacio que no de memoria citar a todos) de los que escriben también, Ihosvany Hernández, Margarita García Alonso, Añel, Belkis Cuza Malé, Félix Anesio, y René Dayre Abella.

La libertad con la que los miro y recíproco sus ideas, tiene mucho de la pluralidad y el respeto -y sobre todas las cosas-, al no portarme como un extranjero que desconoce el terreno donde ofrecen su obra, ni un perfecto idiota que se atrinchera en una línea de fuego sin ver todos los matices que les acompañan.La libertad puede ser esa que pregonan en los toldos amarillos, en las esquinas del alma y otras toma de conciencia, pero la libertad siempre enarbola un sentido profundo de amor al prójimo; parecido a como idealizo una nación, un concepto, una amistad, aún cuando pueda ser peligrosa: debe contener ciertas leyes existenciales que si la rompemos, somos: o ignorantes o mal educados. El argumento de la libertad y la opinión propia es la elegancia de decirlo para que de ser replicado el oponente tenga que ilustrar mejor los suyos, y cuando ocurre, entonces el diálogo tiene sentido, si no logramos persuadir, o si no cambiamos algo, al menos. no es preciso mostrarnos desde ese lado animal como perros que ladran a su imagen en un cristal, sin darse cuenta, se ladran a si mismo.
Si uno no corre el riesgo de ser salpicado por las ideas de cada individuo, aún las que no nos representan, puede que funcione mal desde los extremos, pero la vida es siempre otra estancia, otra etapa que evoluciona muy rápido y la historia nunca es lo que quisiéramos que sea, sino lo que fatal o divinamente ocurrió, sin que pueda evitarse: como la muerte. Porque vamos a morir y porque la obra si está bien escrita nos puede superar, incluso puede ir a parar a casa de nuestro oponente, y hasta puede que le dé mejor uso que la de los aduladores, creo en eso como creo que la paz aunque sepa a sal, o a escarcha, es mejor que cualquier guerra. La gloria de vivir no es un tejado de vidrio, es lo que queda en uno, como uno de esos boleros que nos guardan sus letras para motivarnos, sin atemporalidad, y sin garantía de que lo veamos desde la inmediatez como algo sublime.

Uno de esos escritores Rene Dayre Abella, ha confiado su poesía para sentarla en el aire y encuentro que desde hace meses su presencia ha estado ahí, como una montaña a la que nos acercamos, que ofrece su rostro majestuoso y su alteza con esa armonía de la seguridad de quién sabe, uno encontrará, piedras, ríos y una forma de ver las cosas, como si siempre vinieran desde arriba, hasta nuestros pies; ver además, el camino que indica a donde él sube. En esta poética de René, lo curioso es que no se pierde en espesura o metáfora que pueble demasiado sus ideas, es clara y concisa, dice directo lo que piensa, con lirismo; no nos habla de el rostro detrás o de lo que imaginamos queda del otro lado de nuestro horizonte, ofrece su rostro, con la seguridad de que al leerlo nos podemos acercar a sus emociones, y lo hace suave, entrega siempre sin equivocación esos deseos, premoniciones o estados de ánimo, seguro que como la montaña en la ficción de ese carácter majestuoso, está toda su entrega, sin neblina, ruidos torpes o falta de rima interna que no apoye lo que comunica:

Juan C Recio.
NY/ Junio del 2010.

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RETRATO DEL OTRO

Ese hombre de la mirada adusta
que ensaya sin lograr una sonrisa
delante de un espejo.

Ese sujeto torpe que enreda sus pisadas
entre libros y juguetes al descuido
que revuelve las piedras arañando la tierra
y dialoga con árboles y ríos
desandando caminos.

Ese loco que increpa a la montaña,
al cielo, a las estrellas en la noche.
Que llama al sol su amigo.

Ese infeliz que sufre de delirio
puede ¿por qué dudarlo?
tratarse de mí mismo.

ENTRE CRÓTALOS


A Carmen Duconger, hermana.

Soñar serpientes en mi cama
o abrazarme entre sueños a una momia descarnada
no está bien.

El Hombre Que Saluda o Los Pájaros Sin Ojos,*
Carmencita,
se internarán junto a mí, nunca lo dudes,
en mi aventura onírica nocturna.

La delgada frontera que aún separa
la semántica de la lucidez y la locura
puede ser traspasada en un instante.

Sólo me salva la Poesía.
El coro de voces angélicas de Bacci.
Un par de nocturnos chopinianos
y unas amigas tan auténticas como tú
que me sostienen.

Notas al poema:
El Hombre Que Saluda y Los pájaros sin Ojos, son obras pictóricas de los pintores surrealistas cubanos ya fallecidos Miguel Barco y Carmina Danta Drigs, respectivamente.
El coro de voces angélicas de Bacci, alude a la famosa psicografía grabada en un primitivo y rústico magnetófono en
los años cincuenta por el reconocido transcomunicador y parapsicólogo italiano Marcelo Bacci.

El equilibrista


Camina despacio sobre las líneas del poema
evitando caer de bruces en la nada.


PAR DELICATESSE J´AI PERDU LA VIE *…

Muero cuando aún no termino mi máscara
y mi parteniere se cansó de bailar.

Muero de sorpresa cuando me invento viajes a lo ignoto
y el tiempo se alza ante mis ojos como una nube
ocultándome lo adorable.

Muero de rabia en el momento menos oportuno.

De todos modos termino mi poema
con una frase lapidaria:
“Por delicadeza he perdido la vida”.

* Arthur Rimbaud

PARA SOÑARTE

A San Cristóbal de La Habana

Antes que el tiempo borre las cosas
voy a devolverte a mi vida,
mágica ciudad de mi memoria.

Tú amparas al amante desgarrado
que oculta en una sombra de vergüenza
el nombre de su amor.

Abres tus puertas al posible suicida,
al poeta delirante, al bohemio empedernido.

Al atardecer junto al muro cantado por Varela *
ofreces un espectáculo único:
el desfile inigualable de las rosas carnales,
jóvenes priápicos, mulatas cálidas.

Eres la ciudad más frívola
asentada en los dominios de Yemayá,
eterna madre de las aguas y los espíritus.

*Carlos Varela “El Muro”
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René Dayre Abella. Poeta y narrador cubano. (Banes, 1945) Realizó sus primeros estudios en su localidad y luego los continuó en el antiguo Instituto Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, en Topes de Collantes, Sancti Spiritus, en el centro del país. Fue promotor cultural mientras ejercía la docencia. De joven integró la Columna Juvenil de Escritores y Artistas de Oriente, donde dio a conocer sus primeros intentos literarios. El Diccionario de Escritores Holguineros recoge su ficha biográfica. Una muestra de su poética aparece en la Muestra de la Poesía del Siglo Veintiuno de la Sociedad Prometeo de Poesía, de Madrid, España. Es miembro de la Red Mundial de Escritores en Español, REMES, de la Sociedad Peruana de Poetas y de la Sociedad Internacional de Poetas (W.P.S.) con sede en Atenas, Grecia, así como de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos (SELAE) con sede en Milán, Italia. Desde el año 2004 forma parte de la Redacción de Linden Lane Magazine, el tabloide literario fundado por los poetas Belkis Cuza Malé y Heberto Padilla en New Jersey, en el año 1982, y que se ha vuelto el decano de la prensa literaria cubana exiliada. Colabora con revistas literarias digitales e impresas de Cuba, República Dominicana, Argentina, Venezuela, Perú, España y los Estados Unidos. Mantiene inéditos los poemarios: Poesía Repartida, Poeta en la luna de Cuba, Alvenix, un ángel, y Golpes en la Pared. Su libro de relatos testimoniales Banes: La Piel de la Memoria, se encuentra en proceso de edición. Desde el año 1980 reside en California, Estados Unidos

sábado, 12 de junio de 2010

Presentarán novela

Presentación de la novela Erótica, de Armando Añel, en Delio Photo Studio (2399 Coral Way, Coral Gables, Florida 33145). Este domingo 13 de junio, a las 7:30 p.m. Brindis y entrada gratuita.

“Esta novela es, en esencia, placer en estado puro, y es en ello que significa una ruptura con el realismo banal de la literatura cubana”. Ignacio T. Granados.
“Creo que Erótica aborda muy certeramente los lastres que nos han impedido realizarnos como nación”. Joaquín Gálvez
“Cumberland es la revolución de Internet, y esta novela una metáfora del futuro”. Richard del Monte Jr.
“Recordaba alguien que patria es el lugar donde te sientes feliz, y eso está dado en Erótica”. Rodolfo Martínez Sotomayor.
“Erótica, libro de buen diseño con una ilustración que atrapa y sugiere, se diferencia, y para bien, de lo que ha hecho hasta ahora la literatura cubana contemporánea”. Denis Fortún.
“Nuestra propia razón de ser y existir expresando qué somos, o quiénes somos como cuerpo y deseo… una catarsis del individuo que apenas si aprende a vivir en libertad”. Juan Carlos Recio.
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Galería de próceres (III)

En Londres o Madrid, sobre todo en la primera mitad del siglo XX, Meneito no hubiera pasado desapercibida. Pero tampoco hubiera suscitado homenajes, seminarios, festivales y hasta una estatua en la principal plaza de la ciudad, como sucedió en Thamacun. Ni siquiera en Cuba la “mujer de goma”, como también se le conocía, hubiera generado tamaño despliegue popular.

A mediados de la década del treinta Meneito había alcanzado, anatómicamente, ese estado de la materia dispuesta, esa especie de arquitectura galopante sobre la que Idamanda llamara la atención en La isla desaparecida: Un epílogo al Lenguaje del Tercer Éxodo. De la contemplación de su trasero –alto, desconcertante, inigualable— extraía el Reducto su secreta fuerza, su vitalidad. De sus andares obtenía la futura Erótica el combustible del porvenir. Desde su cuerpo respiraba ansioso el islote, fascinado ante la perspectiva de trascender definitivamente la belleza (la ordinariez de la belleza). Porque su bamboleo –el bamboleo que justificaba no sólo los exquisitos desequilibrios de su estructura monumental, sino a todo Thamacun— era música, aroma, representación --y concreción— de lo divino. Era arte. Cultura asentada y trascendente. Un canto a la fecundidad.

Cuántas tardes robadas a la angustia, al tedio o la resignación, gracias a Meneito. Cuánta gente eternizada en un suspiro, inaugurando peñas en su nombre –establecimientos comerciales, clubes, incluso timbiriches—, renaciendo al compás de sus caderas. Cuántos ancianos floreciendo interminablemente, engendrados en la fotosíntesis de su esplendor. “Meneito podía haberse postulado a la presidencia de Thamacun si hubiera querido –escribe el periodista Sobrino Tadei—, y habría alcanzado el poder sin duda alguna. Claro, si en Thamacun hubiera existido un gobierno propiamente dicho, y si el poder le hubiera interesado, aunque fuera mínimamente, a los thamacuneses”.

“El poder idiotiza a los hombres”, afirmaría Nietzsche poco antes de que el concepto cuajara culturalmente en Thamacun. En el islote, en cambio, quien durante décadas idiotizó a los hombres –o “iluminó a los hombres”, para mejor decirlo— fue Meneito. Aun cuando su cuerpo, lastrado por los años y el sobrepeso, ya no fuera el que había sido. El que sería para la posteridad.

viernes, 11 de junio de 2010

NO SE PUEDEN DEVOLVER AQUELLOS HORIZONTES IMAGINADOS DESDE ABAJO.


En aquellos molinos donde las aspas
movían los horizontes de mi inocencia
sin saberlo
se mudaban también mis destinos.
El agua era la canal de un corazón silvestre
chirrido agónico de la voz de entonces
demorado ante esa vastedad
que bajo el cielo te convierte en Rey
sin saber tampoco que te ibas
como se van los hilos de un lienzo
hasta esas auroras donde uno llega a ser
su propio imperio.

Los rostros del destino que vendrá
en incontables ocasiones pasan ante el tuyo
pero la suerte no es un golpe seco en la nuca
ni un cubículo donde el sol penetra
los pensamientos mágicos
con el que un adolescente salva
su destierro.

Heme aquí sobre la mediana altura
carácter de apostar por los miedos
heme aquí sin aspas horizontes o canales
sumido contra todos los vientos posibles
en espera de que el portón se abra
y vea las huellas de los que pasaron
la noche anterior evitando el lozadal.

A veces sueño que el aire es mi destino
que desde arriba un corazón silvestre
me disfraza;
puede mover cualquier curva
parecido al humo que envuelve
una neblina en el campo desolado
una casa desvencijada y un breve jardín
casi un planeta magnifico
donde mis padres fundaron un imperio.

Eso es a veces cuando lloro
con esas inmensidades presas
de quien cambia de patria
como asume una provincia.
Es: imposibles que no vendrán
de los campos donde se tendieron
los sudores en un cordel.
Son imposibles que cierran sus aguas
sin enderezar los horizontes
y darle a la oscuridad de un precipicio
la paz con la que cuelgo mis pies
que sin perdonarse aún salpican
los territorios de esos rostros
que se quedaron para no volver
con los ojos al cielo implorando
qué destino podría adivinar
en medio de aquellos campos que aun pasan
veloces como potros al delirio.

No podremos ser los mismos y lo sabemos
es un río oculto, un callejón de almas trasparentes;
esa distancia del molino a la tierra pisada.

Ya nunca más se acordarán como éramos tan puros
ingenuos y dispuestos
a que las aspas rajaran nuestras venas
como una de esas banderas que se inmolan
al paso de todas las calamidades.

Nunca más seremos el cause de aquel acontecimiento
y desde esta lejanía
solo me atrevo a no borrar
la parte cursi de ese desvelo.


Juan Carlos Recio
NY/Viernes 11 del 2010.

jueves, 10 de junio de 2010

Poesía y humor


Gallería de dibujos de Ramón Carrillo.
Si tuviera que caracterizar la obra plástica de Carrillo me bastarían dos palabras: poesía y humor. No en ese orden, ni tampoco en el orden inverso, porque ambas cosas están presentes, simultáneas e inseparables, en el origen de su creación, en el impulso y la visión inicial que da lugar en todo artista a su obra, y que, cuando esta es lograda, florece y se impone luego del proceso de realización y su empeño técnico.
Florece y se impone gracias a ese proceso y a pesar de ese proceso, de tal modo que no parece haber proceso. La difícil facilidad que decía Velázquez. Así, los dibujos de Carrillo, en su minimalismo y frescura, y en la simplicidad de sus ideas, tienen el engañoso aire de lo infantil, y de una inspiración “sin trabajo” que nace sonriente y emocionada, pues parece provenir de un mundo donde hasta lo trágico —la naturaleza maltratada, por ejemplo— provoca una emoción poética y una sonrisa, porque hay una belleza, una ternura y un ingenio que, si vinieran de un niño, nos harían decir simplemente: “qué lindo”, “qué ocurrencia”.

Aramís Quintero. Poeta, escritor y humorista.
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Actuaciones estelares de Ramón Carrillo



http://vids.myspace.com/index.cfm?fuseaction=vids.individual&videoid=21300871

Eduardo Triana
Ojala puedas ser recompensado en vida por crear una obra tan genuina y artisticamente especial . No obstante, si por cuestiones del destino no logras el merecido exito, tal y como le ha sucedido a muchos creadores extraordinarios, entonces tus trabajos seran exhibidos por siempre en los salones mas prestigiosos de todos los rincones del mundo y tu nombre sera recordado eternamente.
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Del albúm de la buena memoria:Ramón Carrillo y sus amigos
En estos días del mes de mayo el humorista,escritor y cineasta cubano Eduardo del Llano estuvo de visita en Chile .En uno de esos días nos reunimos Pelayo y Aramis de La Seña del Humor de Matanzas,Robertico del grupo Avispas de Las Tunas y yo. (Tomado de Facebook)
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Para leer más sobre el humorista pulse aquí
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miércoles, 9 de junio de 2010

EL LIBRO DE TODAS LAS LUNAS

Demasiadas veces al día olvidamos al niño que todos llevamos dentro, puede que esto como lugar común no pase de ser una repetición, o tal vez una forma no espontánea, pero sí responsable, de pasar sobre la realidad inmediata como lo hacen los estrategas que organizan nuestras neuronas y vida de forma tan práctica, y donde el cerebro emula como parece, en una agenda a alta velocidad, y donde el tiempo para la magia y la fantasía, es una especie de rumbo no premeditado; rumbo de choque diría, de modo que si algo nos conmueve, si un rostro, una situación inesperada nos ilumina, aún si no es conciente esa propuesta, pasamos de inmediato a ese estado ilusorio, que solo en los niños por naturaleza y coherencia, es practicado sin conflictos o estados de ánimo especiales.
Lidia Meriño en la presentación de El libro de todas las lunas.
Lidia Meriño, es una autora que al parecer no ha dejado de fantasear e ilusionarse y mucho menos desde formas simples de estructura y lenguajes, comunicar esas emociones espontáneas que simbolizan un lenguaje inteligente y fluido, como los pequeños. Sus formas de tratar el tema tiene que ser una concatenación de hilos perfectos e invisibles, con los cuales comunican los protagonistas de esa voz, suave y fresca sus historias. Si los adultos pusieran sus manos veríamos datos preconcebidos de algunas de las poses que asumen ante esa inteligencia natural, -de los niños, como normalmente suele ocurrir, pose que disimule ante el desconcierto que nunca nos prepara cuando los niños tocan con mejor lucidez, esas realidades que siempre son para ellos formas imaginarias de acercarse a nosotros.
En el libro de todas las lunas, (editorial Capiro, 2007), la belleza estructural funciona como reparto visual de las ideas que el contenido vuelca con favor de un lenguaje muy coherente, que no repite fórmulas simplonas. El lenguaje es muy importante porque es el mundo de los niños no el nuestro, y cuando se logra tan espontáneo como lo hace la autora, no vemos la mano adulta dirigiendo las representaciones emocionales ni las interrogantes de esa propuesta ética. Como su poema Convivencia, ambos mundos, el del adulto y el de la infancia, no están desbalanceados en el cuerpo del libro; si no conociera a la autora: -por ejemplo_, si no imaginara su edad, ni tendría ante su texto la posibilidad de descubrir una edad aproximada, esa donde la conciencia de lo que nos conviene muchas veces impide lograr unos versos inspiradores, quizás dudaría que es adulta. En el caso de Lidia Meriño, donde ocurre lo contrario de “como piensan los adultos”, no hay idea cerebral visualizada como punta de lanza o retórica y la inspiración es consecuente, -lo digo sin equivocarme- con la magia que el libro provoca.

Desde el lector le agradezco este chapuzón de regreso a aquellos primeros pasos de mi niñez, cuando descubría ese mundo alegórico del cual preguntar y aprender, y donde muchas veces, los adultos con inusitada torpeza eran una especie de piedra inamovible que no mostraba en su rigidez, esas formas danzantes que los niños tocan con la lucidez, -repito- , que ninguna persona mayor puede entender si no es por pura coincidencia.
Juan Carlos Recio
NY/Junio 9 del 2010.
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CONVIVENCIA

Tiene el muro
para cubrir sus finas grietas
la inmensa, verde cabellera
del musgo.

Tiene el musgo
para aliviar sus húmedas penas
el inmenso, fuerte pecho
del muro.

SUEÑO



Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
F.G.Lorca


El niño en su cama, la luna en la rama, la luz se derrama. Si se interrumpe la siesta la noche se vuelve fiesta. De pronto todos despiertan, se forma la algarabía, la noche parece día. El día, que no soñaba todavía despertar, se enfada pues tiene sueño… pues qué digo, ¡pesadilla! Al País de Maravillas llega corriendo un conejo. ¿Y si cambiamos la historia? Es demasiado el enredo. Pues la luna es una novia que lleva el rostro cubierto por una capa de armiño. Aquí reaparece el niño que se ha subido a la rama y entona una serenata con mariachi y sombrerón, sus pistolones son ramos de gardenias y jazmines, jazmines de los jardines que perfuman la ventana por donde se ve la rama en la que cuelga, si sueña, su sueño el niño en la cama.

NACIMIENTO

De la maceta de barro
se escucha en la noche un llanto.
¿Será el dolor de una herida?
¿Sanará la vieja vasija?
Lilas y azucenas, desveladas
por toda la madrugada
en suspiros amanecen...
del tiesto, un retoño, crece.

frustraciÓn

El reloj de arena tenía un encuentro a escondidas con la espuma de mar. Rápido fue liberando los minutos grano a grano, desesperadamente. Entonces… una mano ayuda —aunque el reloj pierda su cita— a que el tiempo no se detenga ahora y comience a caer de nuevo desgranándose en arena.


HALLAZGO

¿Será la gardenia luz que se siembra
para que nazca una planta
de olorosas lunas llenas?

PAISAJE

Cuajada está la luna de noches blancas,
los perros tienen hondas gargantas,
y el viento serenata de ladridos canta
cuando un tendido de estrellas
sobre los techos cabalga.

DANZA

Esa hoja que ves bailar segura
lleva olor de fruta madura.
Esa hoja –del viento cabalgadura–
lleva y trae su danza de lujuria,
volcán, locura.

GALÁN Y DAMA


Un solo galán de noche
basta para perfumar
todas las nanas.

Excilia Saldaña


Galán va por un camino de profunda noche,
desde lo alto una dama de tez pálida le mira.
Juntos andan el mismo camino, la misma vereda.
Él, ramillete de fragancias
para untarle la piel blanca,
ella, manto de luz clara
para alumbrar su caminata.


ECLIPSE

La luna se quejaba de su noche negra, de sus mares sin agua, de tanto silencio. Estaba tan ansiosa por aquellas historias de verdes desayunos y rojos atardeceres y pájaros y delfines que le rogó una cita al sol.
Lentamente asoma, por fin, a mitad del día. Regresa veloz a su noche y a sus mares de arena, pues el día tiene numerosos insomnes, demasiado alboroto, excesivo color.

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La autora lee sus poemas a los niños. Foto cortesía Lidia Meriño Lidia Meriño (Pinar del Río, 1968). Licenciada en Español-Literatura. Miembro de la Uneac. Ha publicado los libros para niños Villa Lomita, (Editorial Cauce, 2002); En el estanque azul, (Editorial Cauce, 2003) y (Grupo Editorial La Hoguera, Bolivia, 2010); Lloviendo (Editorial El Mar y la Montaña, 2005); Cuando el tiempo salió a paseo (Editorial Capiro, 2005) y (Ediciones UNIÓN, 2008); El libro de todas las lunas (Editorial Capiro, 2007); El día de par en par (Ediciones SED DE BELLEZA, 2008), Leche con espejuelos (Editorial Cauce, 2009). Aparece en las antologías: El camarón encantado. La vuelta al cuento infantil cubano en ochenta autores. (Universidad Católica de Pelotas. Brasil, 2007); Otro elefante en otra cuerda floja. Antología de poesía cubana para niños (Ediciones UNIÓN, 2008); Un, dos, tres…te cuento. Selección de autores pinareños (Editorial Cauce, 2009); La mar de cuentos. Cuentos de la mar. Antología de cuentos (Editorial Gente Nueva, 2009); Tiempo de amar. Antología de cuentos de amor, (Ediciones ALDABÓN, 2009) y ¡Mucho más cuento...!, (Ediciones UNIÓN, 2009). Sus poemas “Papalote azul” y “La espuma”, aparecen musicalizados en los discos de la EGREM Raíces y Luceros Vol. II (Cantándole al sol, 1998) y Sonrisa azul Vol. I (Cantándole al sol, 1999), respectivamente.

lunes, 7 de junio de 2010

Amnios/ poemas/poetas/ poéticas

Una revista literaria no solo precisa (como sabemos) de un hermoso diseño, una estrategia o patrocinador, también se abre paso por la perfección en la menor incidencias de erratas posibles. Necesita además -y creo es lo principal-, un contenido atractivo, que sepa llegar a los interesados en una revista de estas características, que pueda ser identificada al reconocerla dentro de la multiplicidad de ofertas. El primer acierto de Amnios, (que dirige Alpidio Alonso, su Editor Jefe, Roberto Manzano, la Editora Alena Bastos, el Asesor de Arte Alex Fleites y su Diseño a cargo de Ricardo R Villares) viene de que la revista creada por ellos, es de poesía. Y el segundo es que ese contenido está muy bien distribuido y balanceado dentro de las 152 páginas en forma de libro. Otro de los logros es esa idea de no valerse de conceptos simplista que atiendan a un lector común, sino con un criterio selectivo de temas dentro del género. Su diseño es muy apropiado, bello, además de lo funcional en esa distribución con un concepto moderno, sin perder un estilo clásico, y sin que la revista aglomeré sus textos, muy bien colocados en los espacios y margen visual de la página que ayuda dentro de ese campo, a hacerla agradable, y por el hecho de la selección de fotos y dibujos que acompañan muchos de los textos aunque sin recargar las páginas.
Creo que se ha apostado bien con esta idea singular de que uno tenga en sus manos, una revista que es un producto hermosamente acabado, de tamaño manejable y un ajiaco de temas, poemas y autores que dan peso al trabajo y tienen por esa selección cuidadosa a la que me refería antes, donde no necesitamos explicación del por qué es un acercamiento culto a los códigos de los poetas y al arte poético en especifico. Todos los trabajos de crítica literaria, y los poemas tienen garantía de exclusividad, piezas que se valen independientes dentro del cuerpo de la revista sin romper con la estructura que la hace coherente en forma y contenido.
El que una revista logre el objetivo de disfrute y valoración de la poesía, y a la vez como campo de estudio y referencia, me parece curioso, y hasta el momento el número 1-2009, lo ha hecho con creces. Es singular además que uno reconozca la calidad de los argumentos y la revisión que se hace evidente en la totalidad de todos los textos presentados, hecho que evalúa la seriedad de este proyecto, que no asoma con prisa en el umbral literario de lo que dentro de Cuba, hoy se hace en un número alto con las tantas revistas culturales, lo mismo digitales como en imprenta; en algunas de ellas encontramos más reseñas a libros y libros, y desfile de autores que a veces crea una atmósfera saturada de información por cantidad de títulos impresos, y no se pone, al menos en la balanza, un análisis en las necesidades del lector que quiere tomarse su tiempo para profundizar en lecturas que puedan servirle mucho más de estudio y referencia, que de simple paso por la noticia.
Lo cierto que no son notas culturales, ni simples trabajos de compromiso. Desde el lector, me resulta muy curioso como fenómeno inusual, si observo que ese logro estético está en función como plano visual y como estrategia de ser atractivos sin recurrir desde las falsas expectativas que rotulen un grupo de nombres de intelectuales, y esto es una ganancia de estilo que se asienta más en la profundidad de los temas.
Por mi gusto de ese lector que se considera con talento, menciono algunos de los textos que pienso sobresalen en este número, digamos una selección de los trabajos que me provocaron segundas relecturas, y coloco al final, como muestra, uno de ellos.
Comenzamos con los tres textos antológicos de la poeta Fina García Marruz, página 5-7. Luego seguimos con Fina en la danza de Roberto Méndez, pagina 33. El otro trabajo que recomiendo es el de Josefina De Diego: Las fotos de Berestein, página 30. En la página 40 firmado por Alejo Carpentier: Saint-John Perse, urbi et orbi. Así como una selección preciosa de poemas de Saint-John Perse que le sigue en la página 44. Luego en la 56: El retorno de Cesaire, escrito por Alpidio Alonso sobre el poeta martiniqués Aimé Cesaire. Le sigue en la 65 Al llegar la poesía a su identidad de Virgilio López Lemus. De los poetas que siguen en la página 80 un poema descomunal de Aramís Quintero: Playa de Constanza. Más adelante en la página 103 Pedro Llanes escribe como un ángel por Roberto Manzano sobre el libro Diario del ángel de este poeta placeteño. Luego, página 105: Apoyado en la lanza, poema de Arquílocos De Paros. En la página 109, El Disc Jockey de todas las estrellas, escrito por Rogelio Riverón, usa un análisis diferente para hablarnos de La poesía completa de Ángel Escobar( ediciones Unión La Habana 2006). Y termino otra recomendación de excelente factura con Los bueyes de un tiempo enorme, enorme, enorme, escrito por Ricardo Riverón Rojas que próximamente publicaré en sentado en el aire, como una continuidad del homenaje a mi recién fallecido padre intelectual y gran amigo, René Batista Moreno.

Juan C RecioNY Junio 7 del 2010

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Pedro Llanes escribe como un ángel

Por Roberto Manzano
Diario del ángel (Letras Cubanas, 2007), de Pedro Llanes, es un extraordinario libro de poesía. En el prólogo que para esta edición ha escrito Rogelio Riverón, testigo de primera mano y analista singular, se nos informa que ya antes en 1989 la primera versión de Diario del ángel circulaba oralmente. Así que en el actual tomo poético que ahora nos ofrece Pedro Llanes disfrutamos su versión definitiva, completada con los Apólogos para la muerte de una nereida y los Sonetos de la estrella rota, sección que leí como libro independiente en 1999, como parte del jurado que le confirió el premio de las Ediciones Sed de Belleza. Mucho cuidado tienen que tener los críticos que acepten como válidos los marbetes de contemplativa, desasiva, sinflictiva, esteticista, para una poesía de alta elaboración, cuyos mecanismos de apropiación de la realidad no son periodísticos ni sociológicos. Sí nos parecerán justos, como ya lo arrima en el prólogo, desde Northrop Frye, nuestro amigo Riverón, los calificativos de enciclopédica y discontinua. El primero, porque sin vastedad de saber, buscando sólo transgresiones éticas o públicas, el lector no topará con sus médulas líricas; el segundo, porque desde la ironía o la ingeniosidad, que necesitan discursos lógicos que revertir, no se podrá jamás entender la soberana fluidez y rapidez de lectura que poseen como atributos los textos de Pedro Llanes, asentados sobre matrices henchidas de saltos verdaderamente ecuestres, sin una aparente trabadura lógica.
Resumo con prontitud, sólo como suscitaciones teóricas para demorarse más en ellas en algún momento, los ejes implícitos de su práctica poética: el primero, la capacidad de enriquecer el discurso lírico desde los predios instrumentales de lo épico y lo dramático del poema como una entidad que narra sin narradores, sin diálogos, sin descripciones, sin acciones enmarcadas, conteniendo todos estos recursos en la amalgama de la atmósfera lírica, y dentro de una dramaturgia secreta, que ya prescinde de los nombres con parlamentos, de las acotaciones, de las didascalias, pues el sujeto lírico es el korodidáscalo, que todo lo sujeta y funde en el hilo de la figuración emocional; el segundo, su maestría absoluta de los enunciados poéticos, que se suceden versal y oracionalmente, sin grandes períodos constructivos, con una fricción léxica y sintáctica entre enunciados yuxtapuestos, que generan en la cadena ese enigma fascinante de su mensaje; el tercero, su habilidad para el trabajo simbólico, pues si algún poeta cubano de hoy maneja con inobjetable pericia los símbolos –la magna puerta de la poesía– es el autor del Diario del ángel. Son raros entre nosotros los poetas cubanos que ahora mismo, lo que han demostrado saber ofrecer la apoteosis de la Poesía a través del Poema. Pedro Llanes no quiere construir textos desmedulados, o artefactos visuales o léxicos, o denuncias periodísticas de nuestros dilemas ciudadanos, sino Poemas, espacios de sensibilidad donde palpite con acendrada fuerza la Poesía. Sólo asumiendo la responsabilidad total del artista se pueden alzar los obeliscos de tal naturaleza. Pedro Llanes sabe que la poesía es el más alto obelisco simbólico de la especie humana.
Un lector de poesía que entra por un cuaderno de tal naturaleza y no ve los movimientos espirituales profundos del poeta, debe suspender la lectura, y sólo entrar en tal recinto cuando ya sus sintonías intelectivas y emocionales estén listas para el ofreciente. Diario del ángel espera por ti, amigo lector, si te encuentras ansioso de espiritualidad, misterio y belleza.

sábado, 5 de junio de 2010

Y AL VOLVER LA VISTA ATRÁS...

Cuando un libro de crónicas te parece una novela bien escrita con sus personajes y ese color de Buena tinta que inspira, yo no solo me tomo unas cuantas tasas de café cubano amargo, fuerte, sino que me voy por esos reencuentros, con historias que no necesito vivirlas para acomodármelas en ese lado claro de la conciencia, donde lo que emociona y fluye permanece.
Como una foto bien dibujada de su rica memoria cultural, de sus años de existencia por allá por Santa Clara, Ricardo Riverón ha tenido la cortesía y el gusto de enviarme su libro PASANDO SOBRE MIS HUELLAS, juzgue el lector, una de las crónicas de este libro que hoy siento en el aire, y lo hago con un reflector que alumbra directo a ese escenario donde Ricardo también ha trazado unas líneas bien claras de ese trillo que nos acerca a la mirada de el tiempo en el que le ha tocado vivir, como un gallo que nos avisa con su canto la llegada de uno de esos amaneceres que solo la memoria trae sin neblina y que nos ayuda a comprender mejor su existencia, desde donde supo inspirarse, con esos pasos que solo una huella como la suya deja:


Y AL VOLVER LA VISTA ATRÁS...



Sara Montiel en La violetera

A distinguir me paro las voces de los ecos
y escucho solamente, entre las voces, una

Antonio Machado

Yo sé que algún día pasará por mi calle, pregonando violetas, una lindísima joven llamada Sara Montiel, y que en sus ojos brillará una luz que ya no es la que brillaba entonces.
También sé que aquel poeta, que en tales circunstancias no nos parecerá trasnochado, al mirar las golondrinas que hacen nido en las columnas de la biblioteca, afirmará que no son las mismas que lo hicieron temblar bajo el temblor de un beso: aquellas no volverán —asegura— aunque vuelva el fervor por lo que ayer parecía irrepetible.
En la radio, con su voz de miel, Estela Rabal nos dejará convencidos de que es un suave terciopelo la medialuz de amor, en tanto Beny Moré unirá el hoy con el ayer en mítica superposición capaz de ignorar los designios de Cronos.
El gusto por lo retro, la devoción por el remake, la certeza de que el pasado, además de irrepetible, se reviste de calidades que ni las frutas más utópicas podrían destilar, parece haberse convertido en la piedra de toque de la sensibilidad del hombre actual, moderno o postmoderno, qué importan las categorías: nuestros padres sonríen en sus fotos con caras de niños, las corbatas de nuestros uniformes escolares son tan anchas como prados para que pasten ilusiones y quepan monogramas. Vuelve el corazón a desbordarse ante un espejo y nos pone frente el culto de lo que se fue. El pasado es azul. El pasado es sutil. El ayer es un vino más dulce cuanto más añejo.
Muchas veces me he preguntado, porque yo mismo soy de los que se estremecen cuando un recuerdo resucita, si tal veneración no parte de la certeza de que todo pasado nos dejó mucho jugo por extraerle cuando era hoy; si lo que amamos en lo ido no es precisamente lo que no fue pese a que pudo serlo. Por tal camino, entonces, sólo alcanzo a desmentir a César Portillo de la Luz en tanto afirmo que no son las horas de amor y de dicha las que vale la pena guardar, sino las horas que pudieron ser de amor y de dicha y se quedaron en el esbozo, en la maqueta, en el pespunte.
Si como afirma el poeta Félix Luis Viera, la historia de los hombres se hace también de las cosas que no fueron, aunque fueran sueños, ahora yo estuviera sentado en un portal, ante un paisaje de flamboyanes en flor y palmas en el fondo de un valle; con aquella muchacha llamada Ilka —a medialuz los dos— poniéndome un ramito en el ojal; mis hijos leerían toda la poesía que escribo y mis padres, orgullosos de mí, mostrarían a todos mi talento y mi soberbia: la imagen de un retoño que le dice al mundo verdades imprescindibles. Por supuesto que no tendría —¡por nada del mundo!— que explicarle a nadie por qué actúo de una forma u otra, por qué digo lo que pienso y no lo que quieren que grite, ni sería necesario cortarle las pezuñas al oportunista y al demagogo, porque los oportunistas y demagogos no existen: el ayer es blando y de cristal. Cobraría un salario digno, adecuado y suficiente, publicaría mis libros en menos de tres meses y viajaría con frecuencia a esos parajes que algún día estarán en las polícromas postales...¡Ah, que tú escapes!...
Todo hombre mira a su pasado con tal ingenuidad que olvida su presente: el hoy con sus cargas, su estrés, su gravedad terrestre, sus cefaleas. El pasado pasó y en él estamos ante las puertas de nosotros mismos —¡cuán claramente nos vemos con esas ganas de romperlo todo! Creemos en todo. Todo es posible y piensa suceder de pronto un día. Cuántos no quisiéramos vivir de nuevo en el pasado para hacerlo todo al revés de como estuvo. Yo, por ejemplo, tal vez fuera matemático o cartomántico, esgrimista o reparador de frenos. ¿Quién sabe? Pero sobre todo nunca sería el que tira la mano y esconde la piedra, el que da la espalda a la hora de encender la hoguera y se deja a sí mismo colgando hacia el futuro.
Claro que si me dieran a escoger viviría de nuevo, y de otra forma, aquellos años cincuenta de mi infancia y sesenta de mi adolescencia, con John, Paul, George y Ringo llorando, gentilmente, con sus guitarras, los Mustang vendiendo globos rojos y las noches con ese sabor inédito a paz que jamás he vuelto a percibir. Claro que este yo de los noventa volvería, con gusto, a vivir en los sesenta para arreglar las cosas que dejó inconclusas, las citas a donde no acudió, lo nunca concebido, lo que devino hoy por el camino muerto, ¡claro que volvería!, y llevaría conmigo cuanta sonrisa me ha sonreído, cuanta mujer me ha besado, cuanta vanidad me ha sido satisfecha o proscrita. Ese nuevo yo, hecho entonces de una síntesis del que soy —o quiero ser— en los noventa y del que fui —o dejé de ser— en los sesenta, con toda seguridad incluiría en su inventario de cosas insalvables aquellos aretes que le faltan a la luna, algunos volúmenes de poesía coloquial, un pantalón campana, un vaso de guachipupa de fresa, ciertas rosas en el mar y otro libro en ruinas que cada año me recomienda con pasmosa insistencia que ponga los pies sobre el asfalto, porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Publicado en Huella 5-93. Septiembre-octubre de 1993. Santa Clara. Cuba.
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Nació en Zulueta, provincia de Villa Clara, el 25 de octubre de 1949. En su familia no se conocen antecedentes relacionados con la literatura, pues la familia paterna era reconocida por su actividad en el comercio mientras la materna era de procedencia obrera.
Cursó estudios hasta graduarse de bachiller e inició los de ingeniería agronómica por la Universidad Central de Las Villas, los cuales abandonó para seguir los dictados de su vocación literaria., que debió emprender de manera autodidacta.
Desempeñó diversos empleos, entre ellos: obrero agrícola, planificador y contador, todos ellos en esferas de la economía no relacionadas con la literatura. Desde 1987 hasta 1990 ejerció como divulgador de la Universidad Central de Las Villas, y en ese año comenzó a laborar en el Centro Provincial del Libro y la Literatura de Villa Clara, donde fundó la Editorial Capiro, que dirigió entre 1990 y 2004. Actualmente es director de la revista Signos, dedicada a los estudios sobre la cultura popular tradicional.
Su obra ha recibido importantes premios en Cuba, entre ellos: el 26 de julio en 1986, el de la Unión de Escritores y Artistas en 2001 y el Premio Memoria en 2007. Ha viajado, en funciones culturales a: España, México, Venezuela y la antigua URSS. En 2002 le fue otorgada la Distinción por la Cultura Nacional, entregada por el Ministerio de Cultura, y en ese mismo año recibió la condecoración Colaboración Cultural con la Ciudad, entregada por el Gobierno Municipal de [[Santa Clara. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas Cuba. Sobre su obra se han publicado más de 40 trabajos críticos en publicaciones de Cuba y varios países.
Actualmente reside en Santa Clara, Villa Clara, Cuba.

viernes, 4 de junio de 2010

PARA MATARLOS A TODOS




PARA MATARLOS A TODOS



…elevemos los ojos al cielo, y a los años que están por venir.

José Maria Heredia

Me creo del árbol de la vida
y tengo en la nariz
la paja que le saqué del ojo a mi vecino.
Cómo Flaubert, he vivido la vida de otros
y en las madrugadas despierto a los desconocidos
para que me dibujen una oveja.

A veces, de caminos y atajos, mi piel se ahueca
y la huella de los que pasan me deja vacío;
otras, vuelvo al sitio nombrado a repetirme
y a oler la casualidad y el polvo de esta locura.

Los últimos ciclones pasan
para volar el techo de mi casa.
Asumo la bestia que soy y le canto al cielo
como Lucy
y bajo el agua sujeto el techo del cielo
que es, en fin, mi casa.
A veces, cuando mi columna es la de un pez,
podría amar a un desconocido como a mi propia hija.
Las espinas no me duelen, ni la espera
de este exilio donde invoco los mandamientos
y juego —a ocultas y con suerte— el número de la radio.

A veces tirito,
me dejo enamorar
y siempre vigilo al censor que hay en mí.

A veces escribo
cartas sepias que parecen diamantes
de algún loco o burócrata tras su cortina.

Este árbol que soy,
donde mi nariz posa de extranjero
y donde se cruzan carreteras, autos de alquiler y abismos.

¿No es el espacio del desocupado
y tampoco lo publico?

Estoy seco y sin hojas para el invierno,
me han cortado como la espiga del arroz
de los pantanos,
me violan en sueños que son la realidad,
esos Matías Pérez de la sed y el instinto.

El animal que está en mí no puedo domarlo,
a él de seguro le esperan
otros adioses, domadores y olvidos.

Nunca tengo planes en la vida,
ni arquitectura para un romance,
tampoco árboles o enigmas
y menos un papel de hombre raro entre mamparas.
No soy quien sabe lo que soy ni lo defino,
el alba y el ocaso se parecen,
no voy a ser de los que eligen para el Arca
y, de salvarme, ni de macho ni de hembra será el sello.

Nací de una mujer, pero bien puede ser esa mujer
para este hombre que soy en otra vida.

No improviso la magia ni el lamento de los muros,
soporto el vino y las ensoñaciones
y ese azar recurrente que siempre me convoca,
no soy nada ni nadie ni un es quién fue
ni un es quién será ni un es quién sabe.

No soy y eso me basta.
Me amparan el cambio de estación
y los amigos no oficiales en el fondo de otra historia.

En aliviar al prójimo me inspiro
aunque para ser un árbol no basten las enumeraciones
y sí la rama partida o la cicatriz,
el imperfecto que sin música se devora.

Para el extravío hace falta más que una soledad
el ancla y esas fotos
que en los cementerios abandonan
las familias en el cuerpo y el espíritu.

No soy es lo que sé
ni mi corazón es el ultimo lugar sobre una isla,
tampoco canto el rock por Janis Joplin,
vereda tropical
es menos lo extranjero.

Amigos, no soy el público
y por eso los entiendo:
la nulidad de mí
es la doble existencia sin espacio
;
no sabría decir
con la fe de las almas austeras
al combate corred
.

No soy de un país ni tengo patria
ni presidente
ni bandera,
no soy el traidor ni el embustero
ni el verde de las palmas,
y tengo un padre que ha burlado
la cárcel y el exilio.

No soy el padre ni el hijo ni la ley
ni el obedezco
ni el disfraz…
Soy lo que no soy,

Porque nunca predico.