viernes, 11 de junio de 2010

NO SE PUEDEN DEVOLVER AQUELLOS HORIZONTES IMAGINADOS DESDE ABAJO.


En aquellos molinos donde las aspas
movían los horizontes de mi inocencia
sin saberlo
se mudaban también mis destinos.
El agua era la canal de un corazón silvestre
chirrido agónico de la voz de entonces
demorado ante esa vastedad
que bajo el cielo te convierte en Rey
sin saber tampoco que te ibas
como se van los hilos de un lienzo
hasta esas auroras donde uno llega a ser
su propio imperio.

Los rostros del destino que vendrá
en incontables ocasiones pasan ante el tuyo
pero la suerte no es un golpe seco en la nuca
ni un cubículo donde el sol penetra
los pensamientos mágicos
con el que un adolescente salva
su destierro.

Heme aquí sobre la mediana altura
carácter de apostar por los miedos
heme aquí sin aspas horizontes o canales
sumido contra todos los vientos posibles
en espera de que el portón se abra
y vea las huellas de los que pasaron
la noche anterior evitando el lozadal.

A veces sueño que el aire es mi destino
que desde arriba un corazón silvestre
me disfraza;
puede mover cualquier curva
parecido al humo que envuelve
una neblina en el campo desolado
una casa desvencijada y un breve jardín
casi un planeta magnifico
donde mis padres fundaron un imperio.

Eso es a veces cuando lloro
con esas inmensidades presas
de quien cambia de patria
como asume una provincia.
Es: imposibles que no vendrán
de los campos donde se tendieron
los sudores en un cordel.
Son imposibles que cierran sus aguas
sin enderezar los horizontes
y darle a la oscuridad de un precipicio
la paz con la que cuelgo mis pies
que sin perdonarse aún salpican
los territorios de esos rostros
que se quedaron para no volver
con los ojos al cielo implorando
qué destino podría adivinar
en medio de aquellos campos que aun pasan
veloces como potros al delirio.

No podremos ser los mismos y lo sabemos
es un río oculto, un callejón de almas trasparentes;
esa distancia del molino a la tierra pisada.

Ya nunca más se acordarán como éramos tan puros
ingenuos y dispuestos
a que las aspas rajaran nuestras venas
como una de esas banderas que se inmolan
al paso de todas las calamidades.

Nunca más seremos el cause de aquel acontecimiento
y desde esta lejanía
solo me atrevo a no borrar
la parte cursi de ese desvelo.


Juan Carlos Recio
NY/Viernes 11 del 2010.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

La luz de tu música enciende e inspira, llena de deseos ese aire que respiramos y que es tu destino. Siempre he dicho que la poesía es la autocrítica del alma de quien la escribe. Un abrazo y un gran quiero por esos versos.

Gélico

Anónimo dijo...

Ada AugierEl 11 de junio de 2010 a las 17:50
Resp.: En aquellos campos que no volverán
gracias por ese ¨No se puede devolver aquellos horizontes imaginados desde abajo¨
ESE MIRAR ATENTO AL AIRE PARECE SER UNA ORIENTACIÓN UNA CONECCIÓN CON TU PARTE ILIMITADA SIEMPRE NUEVA.

Anónimo dijo...

Alicia Virginia Fernandez BalboaEl 11 de junio de 2010 a las 20:20
Resp.: Un poema de lo que no regresa
Lo he leído y me sumí en un extraño desvelo por algo que había sido mío, por mi misma, que había sido, era y se mostraba rebelde ante el olvido.Me gustan tus metáforas que en cuanto me parecen cripticas se abren claras y cercanas porque yo soy tu, la del poema, o por lo menos me dejas acompañarte y me cuidas.
no quiero agradecerte, porque me merezco poder lerte.Solo te pido que no dejes de hacerlo.Un abrazo enorme.

I. Hernández dijo...

El poeta eres tú... Qué bien, no te detienes ni un instante.... La máquina del verbo siga en marcha.

Anónimo dijo...

Prendan a Juan Carlos Recio!
prendan al hombre que intenta ennoblecer el oficio de los desventurados
y prendan los molinos y las aguas y el aire.....la soledad y el recuerdo......
porque su humanidad es contagiosa
y su poesía, La Poesía.

jinny