Un espacio para la promoción de libros y autores cubanos.Sin prejuicio de preferencia política. El criterio de selección no incluye voz de juez moral,ni otra extraliteraria.
Desde la remota antigüedad hasta los posmodernos Viernes de la Buena Suerte del Mejunje santaclareño, Ernesto Peña despliega en Vestigios de Síbaris (Sed de Belleza, 2005) un sendero poético que se hace colindar con dos campos fundamentales: la libertad imaginativa que construye resistencias contra el tiempo y el espacio, y un inagotable caudal de concreciones del ser en su relación con el medio. Quizás es que soy libre y me aterre saberlo, es un verso revelador de lo anterior.
El más alto estado poético debería ser la libertad; sin embargo sus negaciones (exilio, esclavitud, desamor y toda suerte de desdichas) son grandes fuentes de creación poética. Esto ha de ser, sin dudas, porque esa inalcanzable plenitud que significa la libertad —no aquella suscrita a lo sociopolítico únicamente sino, y sobre todo, aquella individual— ha sido hasta hoy el único y máximo canto de los hombres, no importa si es vertido en metrada o “libertina” frase. Pero ese estado de libertad trae consigo un culmen, y este la no necesidad de otra búsqueda para el ser, ¿fin de la poesía? Lo sería si asumiéramos la creencia común de que existen en la realidad determinados aspectos particularmente poéticos, los cuales lo son en sí mismos independientemente de la captación del hombre poeta, como si fuesen yacimientos de un depósito natural, dígase la noche, el mar o la amada. Cabría aquí hablar de una suerte de “afectividad” de la conciencia y la experiencia humanas para con ciertos entes motivadores. Pareciera que la supuesta significación poética de la cosa o aspecto reside totalmente en su naturaleza. Otro asunto es la existencia de las llamadas ideas universales: motivos, o mejor esquemas, que recurren en varios poetas y en ellos coinciden a pesar de pertenecer a épocas, escuelas o lenguas diferentes.
De manera ingenua los poetas falsos, dependientes podríamos llamarles, vuelven una y otra vez a estos aspectos ya gastados, como si estos garantizaran la calidad de sus composiciones. El resultado de sus obras no es, en el fondo, más que un universal lugar común; cuando más sus meritos radican en el nivel de distanciamiento que logran con respecto a obras que utilizaron la misma “materia prima”, para que no “suenen” igual. Es el tema de la imitación inconciente. Los poetas auténticos, libres, toman caminos más imprevisibles y desprejuiciados, como si para ellos la realidad toda fuera fuente de inspiración poética —lo que nos devuelve a la idea de que nada hay en la realidad que sea especialmente poético—. Es el tema de la audacia y el riesgo.
A todas luces es en esa independencia creadora de nuestro premio Alejo Carpentier de novela 2010, despojada de cánones y deudas, donde se hace posible el vigor de las imágenes y se descubre el orden de una propuesta: un acercamiento marcadamente sensible al lector. Parece que la intención es no dejar que este se sobreponga de una vorágine en la que el movimiento circular conduce siempre a un edén alucinante. Para esto el poeta se sirve sobre todo de un tono melancólico y de sus tragicómicas palabras. El oficio, para compartir una idea de Rafael Grillo en su nota “Ernesto Peña descubre El Caribe”7 le sirve como alusión tangencial al poeta que ya se reconoce a sí mismo como tal, puesto que en un final algo externo e inexorable ha venido a envilecer en el presente la gloria pasada.
En el poema “Cualquier sitio es aquí mismo”, se advierte, ya desde el propio título, una especie de queja ante la imposibilidad de hallar sosiego ante la belleza natural: No queda la mirada / en la flor amarilla / desprendida del cactus. El sentido de la vista no tiene recompensa. Nótese la connotación de sequía, aridez, desolación, desierto, en la voz cactus.
Luego la palabra, el verbo, tampoco parece ser prometedor: Ya no excita el furor / de coplas prohibidas, y es preciso gozar las baladas / de esos mudos juglares que habitan la otra orilla. El sujeto del poema, que a todas luces es también su objeto, no se deja tentar y emprende, como única vía de salvación, la búsqueda de lo verdadero fuera de toda cercanía conocida, el más allá, lo otro, la otra orilla.
Más adelante, en un poema que llama la atención por lo enigmático que encierra su brevedad, la propuesta ha de ser mucho más directa, aunque aún simbólica: Traigo la dalia única, irrefleja en los espejos / y ella la coloca en un museo / para que gente gris le inflija sus miradas. Sorprende esta pieza por lo abarcadora que resulta en su síntesis. Aquel misterio que antes se perseguía es materializado (dalia única) y ofrecido ahora para salvar la miseria del prójimo (gente gris). En cuanto a ella, acaso la amada, resulta el vehículo del cual se sirve la voz protagonista para realizar su propósito. Este minúsculo poema de tono narrativo se hace ayudar por la acción que emana de tres verbos poderosos en sus connotaciones, traigo, coloca e inflija, pero este último en su relación con el sustantivo miradas otorga al pasaje un significado inesperado, una especie de ruptura del pensamiento lógico.
Aunque en el soneto “Otra muerte de la fruta exquisita” el comienzo versa: Al ciego abismo caigo que soy ciego, en términos generales nada hay más ajeno a esta poesía que una noción como la de abismo. La simbología de carácter brumoso u oscuro aparece en muy pocos momentos, mas cuando aflora lo hace siempre de forma inconclusa e inquietante, parece cerrar un mundo enigmático y abrir otro claro e impregnado de un frescor que colinda con el universo infantil. El poeta no se malgasta en planteamientos aleccionadores, deja abiertas sugerencias para inducir así a una especie de rejuego entre todos los sentidos, con especial énfasis en el de la vista. Es un discurso que en otras palabras se vale de las conquistas del universo pictórico. Véase “Historia de la pintura” y “Complacencia de Cristóforo”, poema construido netamente con imágenes que hacen alusiones directas al paisaje de la isla, y en el que aparecen diseminadas voces como sombra, oscuro, oscuridad, silueta, pájaros, flores, céfiros, playas, olas, océano, cielo…; universo cuyo efecto se antoja semejante al provocado por algunos cuadros de Pável Lominchar, en los que las figuras de mujeres delicadas adoptan poses contemplativas o gestos con lo cuales quieren comunicarse con el entorno lleno de luz.
En la primera entrega en versos de Ernesto Peña, el subjetivismo se sustenta de la mirada hacia lo exterior, de una objetividad proveniente de una minuciosa atención al ámbito circunvivencial. En cincuenta poemas agrupados en tres capítulos se reúnen divagaciones líricas sobre el ser, apoyadas en gran medida en disímiles ficcionalizaciones del yo, sobre el amor como predio desde el cual se logra irradiar y anunciar el universo todo. Son las manifestaciones del amor, defragmentado este como a través de un prisma, las que hallan en el poemario una progresión hacia lo introspectivo. Introspección inscrita en lo más valedero del intimismo que medra en nuestra más reciente poesía.
Es muy positivo que nuestro narrador se haya enfrascado en un proyecto lírico con verdadera convicción, incursionando en el exotismo como legítimo asidero del lenguaje y sin dejar por ello de cuidar la naturalidad y la limpieza. Nos basta la convivencia con el género lírico para aplaudir la posibilidad, explícita o implícita, de que en Vestigios de Síbaris se relacione la isla patria con esa otra lejana y sublime que solo puede yacer en la imaginación, en la poesía. Es necesario que aplaudan.8
7Rafael Grillo: “Ernesto Peña descubre El Caribe” Bitácoras de poetas, Revista electrónica Esquife, No. 56, abril-mayo, 2007.
8Verso del poema “Telón” en Ernesto Peña González: Vestigios de Síbaris, Sed de Belleza, Santa Clara, 2005, p. 15. ****************************fin**************** Tomado de Hacerse el cuerdo.
Caridad Gónzalez Sánchez (Santa Clara, 1945)es una escritora villaclareña que posee múltiples lauros, entre decimarios y canciones infantiles. Pero es en especial con el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2007 que La Abuela- como sele conoce en el <<mundo>> de las letras- ha rendido homenaje semántico a tan expresivo sobrenombre.Postales desde Egipto(Capiro,2008) es el resultado de su afán por la escritura, de su sensibilidad ante el universo de la infancia desde una visión deliciosamente femenina.
La sabísima Abuela - Madre de Madre- ha tenido la intención de conducirnos por la encrucijada textual que nos remite hasta algunos de los problemas más agudos de una institución clave de la sociedad: familia.Conflictos intergeneracionales, interpersonales, de género, se encuentran en el transfondo de una bella historia sobre las relaciones afectivas entre tres mujeres, (abuela-madre-hija).Sin embargo, esta problemática psicosocial que suele ser tratada en gran parte de la literatura infantil desde enfoques lacrimosos y esteriotipados, sucede aquí con gran naturalidad en medio de una compleja red de lecturas posibles a las cuales nos estimula constantemente el discurso en su dinámica interna.La tragicidad que puediera sustentar el drama de la pequeña protagonista forma parte de ese complejosimbólico de multicasualidades y multiefectos con que se construye la individualidad femenina en un mundo regido por la violencia adrocéntrica, en este caso enfatizado por la hiperestesia de la adolescencia temprana.He leído y editado el libro llena de gozo, disfrutando que pueda existir en estos tiempos una niña llamada Rosy, mucho más liberada y auténtica,que tienesu inspiración en vivencias reales de la propia escritora, pues también por otra parte se me va pareciendo a lo que experimento a la crianza de mi Lidamalia.Asi me place alejarme (para variar) - como lectora - demodelos traumáticos que tanto me impresionaron en la infancia, la NietochkaNezvanova de Dostoievsky, por ejemplo... La heroina de Postales... es alegre, audaz, nos muestra con su actuación optimista que se encuentra acta para enfrentar y dar solución a muchos de los retos culturales delos retos de hoy, por muy terrible que les parezca a la féminas de la vieja generación.
Postales desde Egipto es una noveleta que cuenta con veinte relatos breves de agradabilísima lectura por esa dinámica interna que refiero antes, es un texto donde se fusionan sugestivamente elementos muy atractivos para cualquiere tipo de lector (yasea niño, adolescente o adulto): elementos como el lirismo, la aventura, el suspenso, el melodrama.
Con una larga trayectoria en la construcción de estrofas tradicionales, Caridad González Sánchez, La Abuela, nos ha entregado una obra donde se combinan talento y oficio, donde cualquier ser humano puede sentir cierto relajamiento interior al corroborar la eficacia que tiene aún conservar los más preciados valores de siempre: el amor, la sinceridad, la fantasía,... Estamos en presencia de un discurso que refleja cuánto se ha empoderado socioculturalmente la mujer a través del desarrollo de sus potencialidades en un camino no exento de angustias y equivocaciones, pero donde se define una cosmovisión armonizadora, una conciliación con la naturaleza que se nos revela a cada paso.
La postal de Egipto
Cada vez que abuela me manda a barrer la casa lo hago con gusto,aunque cuando está muy sucia, quisiera salir volando en una escoba, cruzar el cielo y no volver nunca más. Claro, a veces todo tiene sus ventajas, en más de una ocasión me encontré cosas por el suelo que no imaginé puedieran aparecer.
Hallé una peineta que había desaparecido haceunos cuantos años. Tambien, detrás de la cama había una corona llenita de piedras azules que - según mi abuela - había sido un regalo de su madrina, pero lo que más me asombró fue la postal de Egipto, medio escondida debajo del escaparate.
Quedé maravillada con la vista a color de la pirámide de Keops, y muy sorprendida cuando al darle la vuelta vi que había sido destinada a mi mamá.
Sin embargo, si lo anterior me había dejado así, quedé atónita cuando me percato de la firma de quien la enviaba, nada menos que: Tutankamen.
¿Cómo es posible que el famoso faraón le haya escrito a mi mamá?
Eso no me cabía en la cabeza. ¿ Y el texto? Incomprensible, escrito con caracteres muy extraños, parecían jeroglíficos.
Con la carta en las manos no sabía que hacer.
¿Sería que en su tumba encontraron esta postal y ahora se la enviaron?
¿Y mamá?¿Qué tiene que ver mamá con esto?
De verdad que no entendía nada de nada.
Boquiabierta observomi rostro en el espejo del escaparate. Y allí me vi, con la postal de Egipto fuertemente apretada contra mi pecho. Me acerqué con el semblante demudado, y de repente, como si un aroma desconocido me hubiera despertado, despacio, muy despacio, mis ojos leyeron, reflejadas en el cristal, una a una, todas las palabras que estaban escritas en el dorso del cuadradito de cartón.
(Advertencia de la autora de este libro: Si tú también deseas leer lo que aparece escrito en la postal, deberás poner está página frente a un espejo.
Para Any Recio, otra vez. Mi hija se traga el corazón del gato y sale a luz Del libro El Buscaluz Colgado.
Querida hija, Tu padre siempre ha sido aquel que jugaba con una bailarina en el cuarto donde no cabía la luz y tu entrabas a ella bajo las patas del gato y aún tragas su corazón y sales. Porque nada hay mas parecido a un espejismo escribo las vueltas de esos días marcadas para siempre en lo que nombres. Eres de reina a diosa aún sin corona de espinas esa niña de ojos de agua que se lava el rostro y me pregunta: si las vidas del gato acontecen en mi y por qué en los agujeros de arriba en vez de luz se filtraba la intemperie. Querida aunque nunca tengo las respuestas imaginadas todavia invento sobre aquella magia de sobrevivir contra los locos que miran como gatos cuando cruzan sobre tu corazón y me sonríen y se tragan la poca luz que queda y pueda pertenecernos. No hay temor a la oscuridad si los espíritus bajan en cuerpos celestes y derraman sobre el cuarto la plenitud y el deseo, el salir en puntas como una bailarina: alquien que nos impulse ante los cuerpos y salta y vuela y se estremece; Hay luces que no pueden verse sino es con fe. Querida, Hemos pasado desde “un banco en una acera gris hasta un disparo de nieve”, otras secuencias de aquel ritual donde el corazón del gato, y tú cuelgan los locos caídos desde los agujeros; algunos son astros, extraños que vinieron a poblar esos inventos para que juguemos a sobrevivir. Si no eres elegida para El Arca y la dicha no te espera en el cruce de los cuatro caminos, debes ponerte de cabeza sobre los otros y juntar las mitades de cada gloria que no has tenido; existir como si fueras un cisne todo el tiempo la bailarina de tus pasos sin que alimentes por ello las consecuencias de ir con el destino como si nunca le conocieras.
Querida, asume tambien que donde quiera que vayas siempre oscurece y si no te dan luz para verlo, bÚscala y busca al final como si la vida te diera de estas circunstancias
y de otros deslumbramientos; aunque, de lo que llevas por silencio no se escapa: todo lo que pueda maravillarte y se esconde por el temor que digan si las ridicules tienen un poco de lo mucho que haces en esas noches cuando de verte sola eres el odio tuyo en la sombra de cientos de cisnes que vuelan en una mano que despide con añoranza el reflejo de los corazones ante la humedad donde no entra sino la intemperie y con la luz que existe te tragas el corazón del gato y sales.